Esta era una de las asignaturas pendientes de la historia del Rock español. La larga trayectoria de Asfalto estaba coja sin un disco en directo, algo reclamado por sus fans pasados y presentes, y que por unas cosas u otras nunca se había llevado a cabo. Las diferentes etapas por las que ha pasado el grupo siempre se han visto truncadas de forma brusca, de modo que nunca se habían dado las circunstancias adecuadas para ello. Además, la creatividad de Julio Castejón nunca le hizo decidirse a publicar un disco en directo, prefiriendo siempre la edición de un disco de estudio con temas nuevos.
Tras la última reconstrucción del grupo, y la edición del excelente “Utopía” (2008), por fin había llegado el momento para dejar registrada la fuerza de Asfalto en directo, con la grabación de un DVD que llevará por nombre “Al fin vivos”.
Sabedores de la profesionalidad y el cuidado con el que Julio Castejón trata las cosas, no me sorprendió que cuidara hasta el último detalle para que la grabación contara con las mejores condiciones posibles. El marco elegido fue el teatro Pilar Bardem, en la localidad madrileña de Rivas-Vaciamadrid, a pocos kilómetros de la capital. Yo no conocía el teatro, pero de entrada la idea me pareció excelente.
Llegué a las inmediaciones del teatro con bastante antelación, ya que había quedado por allí con algunos amigos que venían de fuera de Madrid, y en seguida me encontré con gente conocida, tanto músicos de otros grupos como rockeros de a pie. Los chicos de Casablanca, con quienes compartí agradablemente buena parte de la espera, Javier Mira, Óscar Sancho, Juan Olmos… Por allí andaban también Patricia Tapia, Jorge Salán, Kiko Hagall y muchos otros músicos de la escena madrileña deseosos de participar en el histórico evento.
Los fans del Rock español en general y de Asfalto en particular también entendimos así que este 3 de julio era un día histórico, de los que no hay que perderse, y la venta anticipada cubrió rápidamente la mayoría del aforo, que se completó con las entradas vendidas en taquilla. El teatro tiene una capacidad de 1.000 personas, algo mermada por la necesidad de reservar algunos lugares para las cámaras de vídeo que iban a inmortalizar el concierto. Este lleno, a un precio de 22 € (más 1,5 € de los consabidos gastos) sorprendió a más de uno. No a mi, que estaba seguro del éxito de convocatoria desde el día en que se hizo pública la noticia.
Nada más entrar me llevé una grata impresión del teatro. Un amplio escenario para el grupo y unas espléndidas gradas colocadas en posición ascendente con un gran ángulo de inclinación garantizaban la perfecta visión desde todos los ángulos. Como comprobaríamos después, la excelente calidad de sonido del teatro hacía del recinto uno de los lugares más idóneos para hacer un concierto.
Tras la presentación a cargo de Mariano Muniesa, los componentes del grupo entraron en el escenario, y en el borde del mismo saludaron a todos los presentes. Todos los detalles estaban cuidados al máximo, desde el vestuario hasta las luces. Ahí estaban Julio Castejón, Raúl Santana, Carlos Parra, Viti Ilarraza y Alejandro Ollero “el pollo”, dando vida a la actual formación de Asfalto, dándonos la bienvenida a todos los presentes.
Tras los saludos de rigor, los músicos ocuparon sus puestos y comenzaron con “Utopía”, la extensa suite que abre el último disco. Si hay algún sitio donde se puede apreciar en toda su valía esta composición, desde luego estábamos en el sitio adecuado. Una excelente acústica, un juego de luces precioso y una perfecta interpretación de los músicos que componen Asfalto más un violín y una flauta travesera, unida a la atención prestada por el público, cada uno en su butaca numerada, hacía que nos sintiéramos ante algo realmente especial. Precisamente el hecho de estar en un teatro de estas características, unida a esta suite progresiva, provocaba que el público estuviera expectante, sin pestañear. Tiempo habría para dar rienda suelta a la expresión rockera que siempre ha acompañado a los temas de Asfalto.
Fueron 15 minutos increíbles para los que apreciamos esta vertiente progresiva de Asfalto. A su término también finalizó la “tranquilidad”. Asfalto metió el turbo, y “La paz es verde” nos recordó que aquello era un concierto de Rock. Los biorritmos de todos los presentes se aceleraron y nos levantamos de nuestros asientos para bailar y cantar uno de los temas más míticos de la historia del Rock español. El tema fue cantado por Raúl Santana, quien hizo gala una vez más de una voz excepcional, un pilar fundamental para acometer con solvencia los temas que vieran la luz con la potente voz de Miguel Oñate. El público ya se había sacado el corsé del entorno y el tranquilo inicio de concierto, y se volcaba en los míticos temas de la historia de Asfalto. Le siguió “Más que una intención”, y los pocos que aún permanecían sentados se levantaron, coreando a pleno pulmón cada verso de lo que es uno de los mayores himnos de nuestra generación.
Siempre habrá quienes echen en falta a miembros históricos de Asfalto. Es comprensible, pero ello no debe impedir valorar el gran nivel de estos músicos que a día de hoy acompañan a Julio Castejón en esta concepción actual de Asfalto. Puede que no tengan impregnada la historia del grupo pero, uno por uno, son al menos tan buenos músicos como cualquiera de los anteriores. Raúl Santana es un pilar básico en estos Asfalto. Su potente voz y su maestría a la guitarra le hacen ser pieza clave en el éxito del grupo. A Carlos Parra le seguimos desde la época de los Trípodes. Un músico como la copa de un pino que no sólo aporta el soporte vital a los teclados que siempre ha tenido la banda, sino que últimamente nos ha sorprendido con una buena voz que complementa a Julio y Raúl. Viti Ilarraza es el otro gran descubrimiento, un gran batería que tras años de curtirse en grupos alcalaínos como Gradhen (y rondar “La Bodega” y el “Bar Tráfico” en su cabra particular…) ha encontrado por fin el reconocimiento merecido en una banda de renombre. Alejandro Ollero “el pollo” es el último fichaje. Un gran bajista que, a pesar de pasar más desapercibido en escena y ser el único miembro del grupo que no hace coros, es un elemento imprescindible en la solvencia actual de la banda.
“Vidas paralelas” fue la única concesión del concierto a la época de “Julio Castejón y los Trípodes”. Perteneciente al maravilloso “El Corazón de la manzana”, este bonito tema contiene uno de los mejores textos que haya escrito Julio Castejón en su carrera. La banda lo acometió con la seriedad necesaria, destacando el gran solo de guitarra de Raúl Santana. Aún así, el escaso calado social de la carrera en solitario de Julio Castejón hizo que el tema se disfrutara en bastante calma, algo que se rompió súbitamente con “Desaparecido”, cantada de nuevo por Raúl.
Julio Castejón alternaba teclados con guitarra, según el tema, impregnando de su personalidad cada canción, cada nota. Suya fue la pequeña intro al piano que dio paso a la deliciosa “El hijo de Lindberg”, un monumento a la sensibilidad que a mi me pone especialmente tierno.
El concierto se había preparado a conciencia para ser algo especial, y pronto comprobaríamos hasta qué punto iba a ser así. En un lado del escenario apareció una sección de viento que iba a enriquecer aún más el sonido del grupo. Por el otro lado, aparecieron los primeros invitados. En este caso invitadas, ya que ataviadas en unos espectaculares trajes blancos, aparecieron Viky, Luisi y Susi, más conocidas como “Las Supremas de Móstoles”, cuya vida tanto personal como artística siempre ha estado ligada al Rock. En el plano personal, Julio se congratuló de conocerlas desde muy temprana edad, y a nivel artístico, Viky y Luisi pertenecieron al grupo Jerusalem y, sobre todo, las recordamos por su colaboración con Ñu en el disco “El mensaje del mago” de Ñu y su gira posterior. Sus coros en “Amor en el cielo” y “Una copa por un viejo amigo” quedaron para la historia. A día de hoy, colaboran con multitud de artistas y participan asiduamente en un magazine radiofónico. Desde las horas previas al concierto fueron la sensación de los aledaños, derrochando simpatía y buen humor por donde pasaban. Ya en el concierto, a su impactante puesta en escena, bailando y bromeando sin parar, hay que sumar las privilegiadas voces que aún conservan. En “Nunca está de más” se limitaron a hacer coros, pero en “Nada, nadie, nunca” se desmelenaron, ocupando todo el escenario y encargándose de la voz solista en partes del tema. Realmente impresionantes, sin duda se metieron al público en el bolsillo.
Tras la despedida entre vítores de Viky, Luisi y Susi, llegaron momentos más suaves con la emotiva “Espera en el cielo”, acompañada de un bonito juego de luces, que fue dedicado por Julio Castejón a las víctimas del Sida.
A todos nos hubiera gustado que los antiguos componentes de Asfalto hubieran subido al escenario para la ocasión. Lamentablemente casi todos declinaron la invitación. Enrique Cajide estaba en el recinto, pero no pasó de ser espectador, y sólo el gran teclista uruguayo Jorge García Banegas subió al escenario, acompañado de una gran ovación. Se sentó al piano y, bajo la atenta mirada de Julio Castejón, interpretó un medley de antiguos temas de Asfalto, con su mismo feeling de siempre. Todo un lujo que acabó con “El viejo”, ya con el resto de la banda acompañándole. Los gestos de cariño del público hacia él fueron constantes, no en vano fue miembro muy importante de Asfalto en la mayoría de su carrera.
Para que no faltara nada, el grupo quiso ofrecer un tema nuevo, demostrando que el espíritu creativo de Asfalto no está agotado. “La luz del atardecer” fue su nombre, la cual esperamos escuchar próximamente en un nuevo disco de estudio.
Unos problemas con el teclado de Carlos Parra nos retuvieron un poco, hasta que fueron solucionados y llegó el momento de “Gente como tú”, para el cual apareció un coro de 12 integrantes de una asociación por la paz, todos vestidos de blanco. En mitad del tema, Julio pidió a todo el público que se levantara y que se diera la mano en un gesto por la paz y la no violencia, en un momento de total comunión del público con el grupo.
Uno de los temas de la noche fue “Prisionera enmarcada”, una emotiva canción perteneciente a aquel gran disco que se llamó “Corredor de fondo”, rescatada últimamente para el set de Asfalto. El tema es muy exigente a nivel vocal, y Raúl Santana realmente lo borda en directo, consiguiendo un efecto memorable. Todo un acierto haber recuperado este gran tema.
Tras él, la Historia hecha canción: “Días de escuela” constituye un himno para una generación, y una referencia para aquellos que no vivieron aquellos tiempos, pero que gracias a este tema se sienten partícipes de un tiempo pasado. El teatro casi se viene abajo, con todo el público volcado en cada estrofa, dejando Julio que el final fuera cantado exclusivamente para aquellos que estábamos al otro lado del escenario. Emocionante.
La fiesta siguió con “Buffalo Vil”, que estuvo enriquecida de nuevo con la sección de metales y cantada con acierto por Raúl Santana, y junto a una extendida “Es nuestro momento” nos llevaron hasta el final de la primera parte del concierto, a la espera de los bises. A pesar de las dos horas de concierto que ya llevábamos, se nos hizo muy corto, por lo que los bises fueron solicitados con sinceridad, algo que no suele ocurrir.
Tras unos minutos haciéndose rogar, la banda volvió al escenario con un pequeño medley instrumental en el que pudimos escuchar fragmentos de “Todos los días”, hasta que desembocó en una emocionante “Rocinante”, para la cual el trío de metales fue sustituido por una flauta travesera y un violín. Carlos Parra se unió al lujo que representa este acompañamiento inhabitual en el mundo del Rock, y con una viola (instrumento que también domina) ayudó a dar un sentimiento aún más acusado a la historia del caballo de Don Quijote y su cambio por un tractor.
Y llegó el momento de la noche. Julio agradeció a todos los presentes su apoyo a Asfalto, llenando el teatro y dando un calor humano al tremendo calor ambiental existente (el único pero de la noche, sudamos la gota gorda…) y, recuperando la letra de “Ya está bien” recordó que hay muchos músicos en este país que llevan “años y años luchando y lo que queda por luchar, siempre mendigando sitios donde tocar, mil putadas nos han hecho ¿decidme cuantas más nos harán?…”. Algunos de esos músicos quisieron acompañar a Asfalto en este histórico día, y la inesperada “Lo que el viento no se llevó“ sirvió como nexo de unión para que el escenario se llenara de caras conocidas, cantando a coro junto con Asfalto y todo el público, y turnándose para ir cantando el estribillo. Entre ellos podíamos ver a Javier Mira, Juan Olmos, Óscar Sancho, Juanjo Temiño, Nacho Ruiz, Mar Cabello, Nano Hervás (con una histórica camiseta conmemorativa del homenaje a Terry Barrios), Kiko Hagall, Patricia Tapia, Natalia (Casa de Fieras), Peri (Mago de Oz), Jorge Salán, las Supremas… en una maravillosa sensación de unión del Rock español. Si bien es cierto que todos echamos de menos a alguien, en especial a los antiguos componentes de Asfalto, la realidad es que estuvo quien quiso estar, y quien no quiso sus razones tendrá.
Tras la despedida multitudinaria, y quizás por la insistencia con la que todos pedíamos más, el grupo volvió para recuperar dos temas que han acompañado a Asfalto desde sus inicios: “Capitán Trueno” fue cantado con el espíritu infantil que todos llevamos dentro,con esa añoranza a los tiempos del TBO, y “Ser Urbano” fue el fin de fiesta definitivo, con todo el público en pie, cantando y bailando, que cerraron dos horas y media que pasarán a la historia del Rock español.
Asfalto nos debía un disco en directo, y 30 años de historia merecían hacerlo a lo grande. Y a fe que lo consiguieron. Todos los presentes, entre los que me incluyo, salimos con la sensación de haber presenciado algo histórico, algo que podremos contar en los años venideros. Me alegro por todos los que fueron al concierto, porque compartirán esa sensación conmigo. Me alegro por los que podrán revivir este momento cuando el DVD prometido vea la luz. Y lo siento por mis amigos, porque a partir de ahora, además de soportarme las batallitas de la grabación de “Barón al Rojo Vivo” o “No hay ningún loco”, ahora se van a añadir las de “Al fin vivos”, porque, no sé si lo sabéis… ¡¡YO ESTUVE ALLÍ!!

Texto y fotos: Shan Tee
