Metallica sin duda son uno de los grupos más grandes que ha dado el Heavy Metal. En nuestro país siempre han tenido mucho tirón, aunque el largo período de sequía mental de Helfield y Ulrich, aderezado por convulsiones en el grupo, habían minado en buena medida la fe del público hispano en la banda californiana. Felizmente, su último disco, “Death Magnetic”, supuso dejar a un lado los desafortunados experimentos del tipo “St. Anger”, devolviendo la ilusión por la llegada a Madrid de esta gira. Esta ilusión se vio reflejada en la rápida venta de todas las localidades del recinto cubierto más grande de la capital, el renovado Palacio de Deportes de la C.A.M. , hasta el punto de tener que ofrecer un segundo concierto, el día siguiente, en el mismo recinto, el cual también se llenó, algo de lo que no puede presumir ningún otro grupo de metal.
Metallica se hace acompañar en esta gira de dos bandas. A Mastodon me apetecía mucho verles en directo, ya que nunca he tenido esa oportunidad. A Lamb of God, sin embargo, no les conocía, y mi interés era más por curiosidad que por otra cosa. El primer grupo estaba anunciado a las 7 de la tarde, demasiado pronto para mis posibilidades de asistencia en un día laborable. Aún así, conseguí llegar a las inmediaciones del Palacio con 10 minutos de adelanto sobre esa hora, pero me encontré con unas enormes colas de acceso, lo que me retrasó lo suficiente para perderme al primer grupo. Las entradas eran numeradas, y mi asiento reservado estaba ubicado en la cuarta planta, a una altura muy superior al nivel de las luces y los PA, lo que ya me dio mala espina desde el primer momento.
Poco después, salió el segundo grupo telonero, que ya me pilló sentado en mi butaca. Me llevé una pequeña desilusión, ya que eran Lamb of God quienes aparecieron, con lo que definitivamente se esfumaron mis esperanzas de ver a Mastodon. Pero daba igual, apenas 2 minutos de su actuación me convencieron de que no podría hacerme una idea ni siquiera aproximada de la valía del grupo. A mi posición sólo llegaba una bola de graves en la que no se podía distinguir casi nada. Esta misma sensación ya me la llevé con los teloneros de AC/DC en el Calderón, y realmente es una pena que la figura del telonero sea tan maltratada. Supongo que en las primeras filas sería diferente, porque se les veía disfrutar, incluido un pogo bastante violento en uno de los laterales. En ese momento me alegré de estar en el gallinero…
El caso es que en los 45 minutos que dispusieron Lamb of God, sólo pude distinguir que el cantante usaba voz gutural, y que de vez en cuando se oía un sonido más agudo que debía corresponder a algún solo de guitarra. El resto, para olvidar.
En el intervalo entre los grupos, pude observar con detenimiento el escenario que Metallica ha traído en esta gira. Ubicado en el centro de la pista, permite una visibilidad completa desde cualquier punto del recinto, dejando útiles la totalidad de las gradas. Esto conlleva algunos inconvenientes, como una mayor frialdad de la banda, ya que cada uno solía mirar hacia un sitio diferente, así como una mayor complejidad para ofrecer un sonido de calidad. Este escenario central es muy llamativo y es muy poco habitual en el mundo del Rock, aunque habría que recordar a los más jóvenes que no sólo Def Leppard lo llevaba ya hace más de 20 años en su gira “Hysteria”, sino que en España lo pudimos ver a Miguel Ríos en aquella gira de “Rock en el ruedo” hace justo 25 años.

Con 20 minutos de retraso, las luces se apagaron y comenzó una exhibición de rayos láser, con la que Metallica salió a escena para comenzar el concierto con “That Was Just Your Life”. Sorprendente, esta oscuridad y juego de láser ser mantuvo en todo el tema, con lo que apenas se pudo distinguir a los músicos hasta el segundo envite de la noche, “The End Of The Line”. El sonido desde mi posición era mucho más potente que con Lamb of God (faltaría más) pero seguía siendo muy malo, con un predominio absoluto de los graves, lo que ya me estaba empezando a cabrear.
Tras el comienzo con dos temas nuevos, los primeros acordes de “For Whom The Bells Tolls” desataron el delirio en el Palacio. La estructura de luces era móvil, confirmando la calidad del montaje que la banda lleva consigo en esta gira. Sin embargo, la mala calidad de sonido que seguía llegando a mi posición terminó por hartarme, así que me fui de mi sitio en busca de una mejor opción. Tardé casi un tema completo (“Holier Than Thou”) vagando por las entrañas del Palacio, y finalmente me acomodé en la planta baja, en una zona reservada a minusválidos en la que por cierto no había ninguna persona impedida. La diferencia era abismal. Además de tener una visión mucho más cercana de los músicos, la calidad de sonido era muy superior, permitiéndome disfrutar del concierto con una calidad acorde al precio de la entrada.
Llegué en el menor momento, porque el escenario se apagó y un sonido pregrabado nos lanzaba ráfagas de ametralladora, señal inequívoca de que se acercaba “One”, que sonó atronadora. La escenografía también puso de su parte, con unas llamaradas enormes que surgían del escenario, y cuyo impactante efecto visual se completaba con el calor despedido que llegaba hasta mi posición. Me imagino que en las primeras filas les faltaría poco para freírse.
En mi nueva posición disfruté mucho más del concierto. Durante “Broken, Beat And Scarred” y “Cyanide” me dediqué a fijarme en la ejecución de los músicos. Con todos mis respetos, Robert Trujillo parece un chimpancé escapado de un zoo. Anda en cuclillas, salta, se retuerce… y a mi me recordaba a Galen, el de “El Planeta de los Simios”, pero hay que reconocer que es todo un espectáculo visual. James Hetfield estuvo muy comunicativo todo el concierto, con el detalle de ir cambiando de micro en cada estrofa, para que desde todos los ángulos del recinto le pudieran ver cantar. También hizo lo mismo Lars Ulrich, rotando hasta en 4 ocasiones la tarima de la batería para que todo el mundo pudiera verla de todos los ángulos. Kirk Hammet estuvo bien, sin más. Bastante tímido en escena, alternaba buenos solos con algunos otros manifiestamente mejorables, dejando el protagonismo a los dueños del grupo.
“Sad But True” fue otro de los temas aclamados de la noche, a la que siguió la sorprendente inclusión en el set de “Turn The Page”, la versión de Bob Seger que vio la luz en aquel disco que Metallica llamó “Garage Inc.”.
Siempre me ha gustado que un grupo con una larga trayectoria defienda en directo una buena cantidad de temas del nuevo disco y no se limite a recurrir a los clásicos. En esta ocasión no hubo motivo de queja, ya que “All Nightmare Long” y “The Day That Never Comes” completaron un total de 6 cortes del nuevo disco, muy bien acogidos por el público, por cierto, y es que “Death Magnetic” ha llenado un vacío que los seguidores de Metallica, largamente defraudados por los anteriores discos de la banda.
Como era de esperar, los primeros acordes de la mítica “Master of Puppets” arrancaron el delirio de todo el público. Pero a mi no me gustó, y fue a causa de la tendencia del grupo (propiciada por Lars Ulrich) a acelerarse en demasía, hasta el punto de atropellarse de tal forma que les es difícil mantenerse dentro de la canción. Deberían hacérselo mirar, porque llevan sin corregir este problema desde los orígenes del grupo. A día de hoy Metallica ha perdido parte de la energía desbordante que tenían en sus inicios, y a cambio han adquirido una experiencia que se nota en la ejecución de un show mucho más profesional. Por eso deberían solucionar estos problemas de desbocamiento que pueden llevar a la ruina algunas partes del concierto. Este problema se mantuvo con “Battery”, demasiado rápida y atropellada, aunque con mejor resultado final que la mencionada “Master of Puppets”.
Sin embargo, el final del concierto estuvo sobresaliente. Kirk Hammet se quedó sólo en escena para deleitarnos con un breve pasaje acústico, prólogo de la siempre emocionante “Nothing Else Matters”, cantada por todo el público, incluso cantando el solo de guitarra al más puro estilo Gigatrón. A mitad del tema empalmaron con una pletórica “Enter Sandman”, con la que se despidieron del público por primera vez.
Tras unos minutos de espera, la banda volvió al escenario para dar carpetazo al concierto con un fin de fiesta tremendo. James Hetfield agradeció al público el apoyo, y pidió que se encendieran las luces, para “vernos las caras”, y encarar el final del concierto empalmando “Blitzkrieg” y “Motorbreath”, dejando para el final una impresionante “Seek & Destroy”, durante la cual se desató una intensa lluvia de grandes pelotas negras que cayeron sobre el escenario y las primeras filas. Apenas se veía a los músicos, dando patadas a las pelotas mientras tocaban, y el público jugando con ellas mientras todos cantábamos el tema hasta el final, tras el cual se despidieron, permaneciendo un buen rato sobre el escenario saludando y repartiendo púas a puñados, a la vez que uno a uno se acercaron al micrófono despidiéndose. Como era de esperar, Robert Trujillo lo hizo en español.
Buen concierto, en definitiva, de unos Metallica cada día más maduros y profesionales, con algunos puntos en contra pero con muchos a favor, y con un montaje a nivel escénico ciertamente impresionante.
Al día siguiente repetirían en el mismo recinto, pero eso os dejo que lo cuente mi compañero Alvar de Flack
Texto: Shan Tee
Fotos: Ramiro Morales “Motorhead” & Shan Tee
