Sin duda, Rainbow siempre fue uno de mis grupos preferidos. Acompañaron mi adolescencia y llenaron de música buena parte de mi vida. Hace la friolera de 27 años, en diciembre de 1982, tuve la oportunidad de verles, por fin, en directo, en un gran concierto ofrecido en el Pabellón de Deportes del Real Madrid, presentando aquel “Straight Between The Eyes” que me sabía de memoria. Yo era muy joven, sólo tenía 16 años, y aquel era uno de mis primeros conciertos, lo que fomentó aún más que aquel show quedara mitificado en mi cabeza.
La historia la sabemos todos. El grupo fue apagándose pocos años después, Richie Blackmore volvió a Deep Purple, se volvió a ir, reintentó levantar Rainbow y, definitivamente, abandonó el mundo del Hard Rock para adentrarse en la música medieval junto a su compañera, la guapa Candice Night. Desde entonces, todos los intentos por reflotar cualquiera de las formaciones de Rainbow ha sido inútil. Richie Blackmore siempre se ha negado en rotundo, y ni Ronnie James Dio ni Joe Lynn Turner han conseguido nunca convencer a “The man in black” para rememorar viejos tiempos.
Hace unos meses nos llegó la noticia de la existencia de Over The Rainbow. A medio camino entre un grupo tributo y la reunión del original, el grupo cuenta en sus filas con músicos que en algún momento han sido parte de antiguas formaciones de la banda. Los más conocidos, sin duda, el cantante Joe Lynn Turner y el batería Bobby Rondinelli, quienes repetían con respecto al concierto comentado del ’82. El bajista Greg Smith (bajo) y el teclista Paul Morris, ambos recuperados de la última formación de Rainbow, aquella que tuvo como cantante a Doogie White, completan la formación a falta de la esencial figura del guitarrista. Sabida la tajante negativa de Richie Blackmore, su puesto es ocupado por su hijo Jurgen, quien tiene una carrera en solitario como J.R. Blackmore, con claras influencias paternas.
El concierto se celebraba en la sala Joy Slava, en pleno centro de Madrid. A pocos cientos de metros, la sala Heineken agotaba sus localidades para el concierto de Gotthard con Atlas como teloneros de lujo. Al día siguiente ambos grupos coincidían también en Barcelona, lo que me lleva a pensar en que con un poco de buena voluntad, ambos promotores podían haberse puesto de acuerdo y hacer que ambos conciertos no coincidieran. Pero vamos, que aquí parece que cada cual hace la guerra por su cuenta…

El grupo que se encargó de ejercer las labores de telonero fue Handful Of Rain, un quinteto gaditano que, como bien se encargó de informarnos, era la primera vez que probaba fortuna en la capital. Siguiendo la mala costumbre que se ha implantado desde hace unos años entre el público, no hubo mucha gente que se apresuró a entrar para darle una oportunidad al grupo telonero, con lo que la sala presentaba un aspecto bastante pobre cuando Handful Of Rain salió a escena.
Y fue una lástima, porque el grupo demostró una gran calidad. En el limitado tiempo de que dispusieron se ganaron al poco público que había en la sala y a los que poco a poco iban entrando durante su actuación. El grupo lo conforman Jaime (voz), Niko (guitarra solista), David (guitarra rítmica), Fran (bajo) y Tini (batería), y la media hora que estuvieron en las tablas bastaron para que nos diéramos cuenta que estamos ante un buen grupo. Cantan en inglés, y vienen a engrosar la nómina de buenos grupos de Hard melódico que salen en nuestro país, a pesar de que el mercado no parece proclive a ellos.
Su set se limitó a 6 temas, la mayoría de factura propia excepto la apasionada versión final de “Rocking In A Free World” de Neil Young. Me gustaron especialmente el cantante Jaime, con buena voz y buena disposición en escena, y el batería Tini, técnico y contundente. Sus temas propios demostraron tener gancho y calidad, en especial la melódica “Show Me The Way” (sin relación con el clásico de Peter Frampton), y “The Sound Of A Broken Heart”, un precioso tema que comienza como balada y se convierte en un medio tiempo lleno de sentimiento. Completaron el set los temas “Valeria” y “All The Pieces Of My Life”, con los que empezaron, y “Hit & Scream”, animoso y trepidante tema en el que solicitaron la colaboración del público antes de dirigirse a la mencionada versión de Neil Young con el que finalizaron su show.
Muy buena banda a la que seguiremos en el futuro. Lástima de los que llegaron tarde y se lo perdieron.

Tras un corto lapso de tiempo para cambiar trastos, los componentes de Over The Rainbow tomaron posición en el escenario. El primero de ellos fue el teclista Paul Morris, seguramente el miembro más desconocido del grupo. Tras tomar posición tras su instrumento, comenzó una intro setentera mientras el resto de componentes se colocaban en sus posiciones. Junto a él, el bajista Greg Smith, y en el otro extremo del escenario, Jurgen Blackmore. El vástago de “The man in black” no puede negar que es hijo de su padre, con rasgos faciales y gestos calcados de su progenitor. Las diferencias físicas, además de que no sacó una Stratocaster blanca hasta el final del concierto, se resumen en que Jurgen está bastante más entrado en carnes, y que, curiosamente, a pesar de que físicamente se parece a su padre, la expresión borde y casi de loco que ofrece habitualmente Richie se transforma en la pinta de bonachón de Jurgen, con una sonrisa franca y afable que mostró en varias ocasiones. Por lo demás, el bueno de Jurgen es aún más soso que su padre, y apenas abandonó su sitio pegado a su amplificador, mostrando una timidez que debe superar si quiere llegar a ser estrella del Rock.
Me costó reconocer a Bobby Rondinelli. He tenido la oportunidad de verle en directo en varias ocasiones, desde aquella primera vez en el comentado concierto de Rainbow en el ’82, hasta un afortunado día en New York con Blue Oyster Cult, y el cambio de imagen es apreciable. Han desaparecido sus característicos rizos, y ahora luce una melena más corta y completamente lisa. Eso sí, su forma de tocar sigue siendo tremenda, y a pesar de su expresión apática, no se le puede reprochar nada en cuanto a su aportación a la banda.
Y en el centro, Joe Lynn Turner, enérgico y vital, en un estado de voz sorprendentemente bueno para ser final de gira. Los temas de su etapa en Rainbow los bordó, y mantuvo el tipo mejor que en otras ocasiones en las canciones escritas para Dio y Graham Bonnet.
La intro de entrada de Paul Morris se convirtió en el inicio de “Tarot Woman”, que dio paso a una versión muy contundente de “Kill The King”. Me sorprendió que eligieran 2 temas de la época de Dio, pero el resultado fue brillante, ya que engancharon a un público ávido de Rainbow desde hace años. Jurgen Blackmore demostró ser un buen guitarrista, a años luz de su padre, pero suficientemente competente como para llevar a buen término las canciones con las que, seguro, ha debido convivir toda su vida.
Joe Lynn Turner lograba salvar el tipo en estas canciones, escritas para una garganta más poderosa que la suya, pero en los temas de su propia época es donde más cómodo se sentía, como se demostró en la primera de ellas, “Can’t Let You Go” de aquel “Bent Out Of Shape” que pasó casi sin pena ni gloria en su momento. Muy activo, Joe Lynn Turner no dejó de animar al público en ningún momento, consciente de llevar el peso visual del grupo, empeñándose además en remangarse todo lo posible para que se le viera bien el tatuaje de su brazo derecho, del cual debe estar muy orgulloso.
Una introducción instrumental dio paso a “All Night Long”, uno de los clásicos más imperecederos del “Down To Earth” y, por ende, de la época de Graham Bonnet. Afortunadamente para todos, el bajista Greg Smith ayudó con sus coros de forma definitiva, algo que hizo durante todo el concierto. Se le vio con muchas ganas, muy activo toda la noche, compartiendo con Joe Lynn Turner el peso escénico del concierto.
Otra intro instrumental, en la cual tuvo cabida una versión acelerada del “Over The Rainbow” de la película “El Mago de Oz”, dio paso a una trepidante “Death Alley Driver”, contundente y directa, muy aclamada por el público.
Un solo de teclados muy setentero a cargo de Paul Morris se enlazó con “Wolf Of The Moon”, de aquel intento de reflotar la banda en los ’90 que se llamó “Stranger in Us All” y de nuevo un solo, en este caso de Jurgen Blackmore, quien demostró buena técnica, pero demasiado dependiente de su apellido, sin el cual pasaría bastante desapercibido entre la pléyade de guitarristas actuales.
Ya con todo el grupo de vuelta en escena, la euforia se desató con “I Surrender”, con la banda pletórica y el público volcado, algo que no decayó con el clásico “Man On The Silver Mountain”, con Joe Lynn Turner esforzándose por no desentonar la fuerza que imprimió Dio en su momento en este temazo.
Una intro blusera nos condujo hasta “Jealous Lover”, en cuya parte central quedó para el solo de Bobby Rondinelli, muy al estilo de otras actuaciones que le hemos visto en el pasado, incluido su habitual pasaje tocando sin baquetas, con el dorso de las manos. A pesar de que los solos están bastante desfasados en estos años, Bobby Rondinelli logró arrancar bastantes aplausos entre el público.
De ahí al final, la banda nos reservaba los pesos pesados de su repertorio. Una increíblemente intensa “Stargazer” nos retrocedió hasta los míticos ’70, continuados por “Long Live Rock & Roll” en la que, cómo no, el público se convirtió en protagonista al cantar el estribillo, a requerimiento de Joe Lynn Turner, al final de la cual la banda se despidió de nosotros.
Evidentemente, no fueron muy lejos. Unos minutos de reclamo, y el grupo volvió para volver al pasado remoto con “Gates Of Babylon”, con la curiosidad de ver a Jurgen Blackmore con una Fender Stratotaster blanca, el detalle que faltaba para emular a su padre.
Despedida de nuevo, para fomentar las peticiones del público, y de nuevo en escena para atacar el final del concierto. En él, el inequívoco riff de “Since You’ve Been Gone” se ganó al público, si no lo estaba ya, destacando de nuevo los coros de Greg Smith, inconmensurable toda la noche. El tema no se completó, sino que a la mitad se transformó en una especie de jam blusera que desembocó en “Can’t Happen Here”, muy vital. Y cuando creíamos que no habría nada más, Bobby Rondinelli se arrancó a toda velocidad para darnos el último tema de la noche, “Spotlight Kid”, con la que, ahora sí, el grupo se despidió de todos nosotros.
Vista la negativa de Richie Blackmore a reflotar Rainbow, esta es una de las mejores opciones para disfrutar en directo de uno de los grupos más influyentes de la historia del Rock. La opción de Jurgen Blackmore es más sentimental que real, pero cumple su labor, y el resto de componentes logran llevar este repertorio a un nivel en el que logran despertar los sentimientos que tuvimos en su momento. Evidentemente, no es lo mismo pero… ¿quién da más?
Texto y fotos: Santi Fernández «Shan Tee»
