
Después del decepcionante cartel del festival Rock in Rio Madrid 2008, la verdad es que me interesé bastante poco por esta nueva edición del festival. En aquella ocasión, sólo había un par de artistas que me interesaron lo suficiente (Neil Young y The Police) como para hacer el esfuerzo para acercarme hasta ese descampado desértico donde se ha montado el mayor complejo dedicado a conciertos musicales de este país.
Afortunadamente, en esta ocasión los organizadores sí han tenido en cuenta los estilos de música que habían sido obviados en aquella primera edición. Entre ellos, el Rock y el Heavy Metal, con un buen puñado de grupos de nuestro estilo, que iban a compartir festival (que no día) con estrellas de otro pelaje como Rihanna, Shakira, Miley Cyrus, etc.
Las estrellas del primer día del festival eran Bon Jovi, lo que por sí ya justificaba mi presencia en Arganda del Rey. Es cierto que el grupo de New Jersey hace tiempo que camina en el límite del Rock, y por ello los grupos que le iban a acompañar ese día se alejaban en gran medida de lo que hubiéramos podido esperar hace unos años. En concreto, Macaco y el DJ Paul Van Dyk nos iban a dar la oportunidad de conocer otros puntos del recinto. Zoe & Annie B. Sweet era desconocido para mi (y lo iba a seguir siendo) y el único punto de interés añadido giraba en torno al guitarrista John Mayer, un bluesman capturado por la MTV al que me apetecía ver.
A falta de un par de días para el comienzo del festival, John Mayer tuvo que cancelar su gira europea por motivos de salud, siendo su puesto ocupado a última hora por Mago de Oz, dando un punto más de “rockerismo” al primer día del festival.
Para el que no lo conozca, el sitio donde está ubicado es una zona desértica y apartada a 30 kilómetros de Madrid, más allá de Arganda del Rey, la población más cercana. La organización, por lo tanto, tiene que esmerarse en facilitar los accesos a la inmensa cantidad de gente (entre 50.000 y 90.000, según los días) que quiera acercarse al festival. Y hay que reconocer que estas cosas las hacen bien. La peor opción es la del coche particular. El parking es caro (18 €) y aunque tiene capacidad sobrada para albergar a todo el que quiera ir en su coche hasta allí, las salidas son escasas y el atasco que se forma es espeluznante, necesitando varias horas para llegar a la carretera general, en este caso la autopista A3. La mejor opción es acercarse a uno de los puntos donde la organización fleta autobuses gratuitos que trasladan sin demora al público hasta el recinto. Uno de estos puntos está en Madrid capital (estadio Santiago Bernabéu) y los otros 3 en diversos puntos de Arganda del Rey: Recinto Ferial, boca de Metro y Hospital del Sureste. Yo elegí esta última opción, y tras dejar el coche en uno de los amplios parkings habilitados en el exterior del Hospital, uno de los numerosos autobuses que constantemente hacían la ruta me llevó hasta la puerta del recinto.
Al llegar, aún faltaban 10 minutos para la apertura de puertas, y las colas para entrar eran kilométricas. Miles de personas aguardaban, bajo un sol de justicia, para entrar al recinto. Afortunadamente, mi pase de prensa otorgaba ciertos privilegios, y en menos de 5 minutos ya estaba en el interior del recinto.
Hay que reconocer que el montaje es espectacular. Dos escenarios, uno a cada lado del recinto, iban a acoger de forma alternativa a los grupos que actuarían. La parte destinada al público estaba tapizada con césped artificial, evitando así el molesto polvo. Entre medias, tiendas de comida (Burger King, Telepizza, bocadillos, etc.), espacios promocionales (Seat, El Corte Inglés…), una carpa dance con chunda-chunda inacabable, algunas atracciones (una noria, una pequeña lanzadera, chorros de agua, tabla de surf mecánica, etc.), una zona VIP para el pijerío, zona Chill Out… y por encima de la zona del público en el escenario principal, una tirolina por la que se lanzaba quien así lo quisiera, incluso durante los conciertos.
La zona de prensa estaba muy bien montada, y allí disponíamos de taquillas, conexión a internet por wifi, bocadillos y bebidas (Coca-Cola, Sprite y agua) a disposición de los periodistas y unas mesas acondicionadas para aquellos que necesitaran hacer las crónicas de forma inmediata. Como es habitual, el foso de fotógrafos sólo se podría utilizar en las 2 ó 3 primeras canciones (según el grupo) y siempre sin flash. Para el escenario Sunset (secundario) no habría problemas, y todo periodista acreditado podría acceder a él, pero para el escenario Mundo (principal), la organización decidía qué medios podían acceder a dicho foso, y nos llevaría en procesión desde la sala de prensa media hora antes de cada concierto. Afortunadamente, The Sentinel era de los elegidos, y no tuvimos ningún problema en acceder al foso en ninguno de los conciertos. En este apartado la organización se llevó otro 10.

La presencia de Mago de Oz se había sabido 24 horas antes, sustituyendo a John Mayer. Aún así, el grupo madrileño no tuvo problemas en congregar a gran parte de su fiel público, que llenaba la explanada del escenario Sunset. Su concierto estaba previsto a las 20:30 y de forma puntual, y bajo un intenso calor, la banda salió a escena, arrancando con “Molinos de viento”.
Un desastre. El sonido, horroroso, apenas dejaba escuchar la voz de José, y los instrumentos sonaban broncos y apelmazados. Y la menuda figura de Patricia Tapia en su posición de corista, parecía un mimo porque no se la oyó en todo el concierto ¿de qué te sirve llevar a la mejor voz nacional si no se la oye en absoluto? Dentro del escenario la calidad de sonido (o falta de ella) debía ser la misma, a la vista de las caras con que los músicos miraban a los técnicos. Uno de ellos llegó a mitad del escenario a poner la oreja en el monitor del bajista Peri, y su cara confirmó las quejas de los músicos.
En fin, había que lidiar con ello, y el grupo continuó con un par de temas de su último disco, en concreto “Vodka and Roll” y “Que el viento sople a tu favor”, mientras los técnicos intentaban arreglar el desaguisado, algo que no consiguieron plenamente, pero que al menos consiguieron mitigar.
“Hasta que el cuerpo aguante” ya sonó algo mejor (excepto para la pobre Patricia), y el grupo se mostraba con ganas de agradar a sus incondicionales. La verdad es que Mago de Oz es un grupo con muchas carencias, pero hay ciertas cosas que las sabe hacer bien, y una de ellas es convertir un concierto en una fiesta. Y sus fans lo están deseando, y no dejan de saltar y bailar en todo el concierto.
José comentó que desgraciadamente la siguiente canción estaba de nuevo de actualidad, y dedicó “La costa del silencio” al desastre provocado por el petrolero de BP en el Caribe, tras la cual llegó la hora de “La posada de los muertos”, ya con una calidad del sonido al menos aceptable.
Con buenas y merecidas palabras de elogio, la banda presentó a Jorge Salán, quien a pesar de haber cesado su colaboración con Mago de Oz, quiso estar presente en este evento tan especial. Con él en embarcaron en “El que quiera entender que entienda”, pero a la hora de hacer su solo, nos encontramos que la guitarra de Jorge Salán no se oía apenas, con lo cual su esfuerzo quedó en vano. Justo al final del solo el técnico de la mesa consiguió dar con la regleta adecuada, y pudimos escuchar sólo la última parte.
Jorge Salán ya se quedó hasta el final, que consistió en la celebérrima “Fiesta pagana”, convertida en fiesta total por todos los asistentes, y que cerraba una actuación de apenas 50 minutos, todo lo que la organización les había permitido.
Tras Mago de Oz me dispuse a dar una vuelta y reponer algo de fuerzas. Me acerqué hasta el escenario Mundo, donde en ese momento estaba teniendo lugar la actuación de Macaco. No le hice mucho caso, pero me sorprendió la versión de “Monkey Man” de The Specials con la que finalizó la actuación.
Animado por esa sensación, me senté en el césped artificial dispuesto a prestarle un poco de atención a Pereza mientras daba cuenta de mi bocata. Y, desde luego, el tentempié que me había preparado tuvo mucho más interés que Pereza. A pesar de su look stoniano, me resultó un grupo cansino y ñoño a más no poder. Así que mediado su concierto me fui a dar una vuelta por el recinto hasta que llegar la hora de Bon Jovi.

Se palpaba en el ambiente que era la actuación del día. Miles de fans deseosos de ver al grupo se agolpaban frente al escenario, esperando la salida del grupo de New Jersey.
A la hora prevista (00:30 h.), se apagaron las luces y en las pantallas de vídeo apareció una cuenta atrás, presagio de la salida del grupo. Los músicos salieron uno a uno al escenario y comenzaron con “Blood On Blood”, uno de los mejores temas de su carrera. El sonido fue bueno desde el primer momento, potente y nítido, algo que se mantuvo en todo el concierto. Nada que ver con el sonido que ofreció TVE en su retransmisión. Jon Bon Jovi y Richie Sambora se reparten la atención y el liderazgo del grupo, fuertemente apoyados por la batería de Tico Torres, muy contundente toda la noche. David Bryan pasa algo más desapercibido, aunque su apoyo a los teclados depende mucho del tema en cuestión. La banda carece de bajista oficial, así que este instrumento lo ocupa un músico contratado, así como un segundo guitarrista de apoyo.
Más allá de que hace años que el grupo abandonó su lado más rockero, al grupo se le ve en plena forma. Físicamente bien cuidados, la única excepción era Richie Sambora, quien bajo su look de Rock Star mostraba una cara hinchada y algo deforme, seguramente provocada por exceso de botox o alguna operación de cirugía estética desacertada. Afortunadamente, su talento a la guitarra se mantiene intacto, así como su poderosa voz, que utiliza en menos ocasiones que en el pasado, pero llena de fuerza los coros de cada tema.
El primer tema, que disfrutamos mucho los viejos fans de la banda, fue enlazado con uno para que disfrutaran sus nuevos seguidores, “We Weren’t Born to Follow”, single de su último disco “The Circle” aclamado por los jóvenes fans de la banda, y en el cual Jon Bon Jovi hacía una simple coreografía con los brazos en el estribillo, seguido por la mayoría del público asistente.
Conscientes del subidón del inicio del concierto, otros dos pesos pesados fueron elegidos para aprovechar este arranque: “You Give Love A Bad Name”, quizás el tema más conocido a nivel masivo, y una entusiasta “Born to Be My Baby”, que se convirtió en toda una fiesta.
Cada día tengo más claro que los seguidores de Bon Jovi nos dividimos en dos grupos: los que les conocemos desde sus inicios y aquellos que les descubrieron después de “New Jersey”. Está muy claro que ambas facciones tenemos concepciones distintas de la banda, ya que los primeros nunca olvidaremos el bajón de sus discos que comenzó en “Keep The Faith” y que fue en aumento según editaban los siguientes trabajos.
Pero Bon Jovi, inteligentemente consciente de esa situación, guarda momentos concretos en sus actuaciones para cada uno de esos bandos. Así, tras este inicio fulgurante de concierto, enlazaron varios temas más modernos para satisfacer a la otra parte de su parroquia, como “Lost Highway”, la brillante “In These Arms” y “Have A Nice Day”, donde Ritchie Sambora empleó una guitarra de doble mástil.
Continuaron con un par de canciones incluidas en su último disco, como “When We Were Beautiful”, un medio tiempo de estribillo fácilmente coreable y “Superman Tonight”,más “Captain Crash & the Beauty Queen From Mars”, recuperada del álbum “Crush”. He de reconocer que empezaba a impacientarme, esperando el momento de que recuperaran alguno de esos grandes clásicos que han hecho grande a Bon Jovi.
Justo cuando empezaba a escapárseme el primer bostezo, enlazaron con “Bad Medicine”, lo que subió no solamente mis ánimos, sino también los de la mayoría del público asistente. En mitad del tema, justo tras el solo, Jon bromeó sobre Shakira, que actuaría al día siguiente, imitando su forma de bailar, para después ir preguntando a cada miembro de la banda qué canción tocar. Estos se iban negando uno a uno hasta que le llegó el turno al guitarrista de apoyo, que comenzó a tocar el “Roadhouse Blues” de The Doors, toda una sorpresa muy bien acogida y coreada por el público, retomando de nuevo “Bad Medecine” en uno de los momentos de la noche.
“It’s My Life” sirvió de enlace para llegar al momento tierno de la noche, empezando con una “Someday I’ll Be Saturday Night” convertida en balada, con Richie Sambora portando una preciosa guitarra electro-acústica de doble mástil, y siguiendo con una emocionante versión del “Hallelujah” de Leonard Cohen, con la voz de Jon únicamente acompañada por el piano de David Bryan.
“I’ll Sleep When I’m Dead” recuperó las pulsaciones del concierto, y a su término Jon sonrió y dijo “It’s 1984 again!”, original presentación para “Runaway”, la canción con la que Bon Jovi se presentó al mundo hace 26 años. El tema fue recibido con mucho entusiasmo, a pesar de una interpretación bastante mejorable por parte de Jon Bon Jovi.
“Work For The Working Man” fue acogida con más frialdad y apenas sirvió para conducirnos hacia el final del concierto, con una alegre “Who Says You Can’t Go Home”que contó con mucha colaboración por parte del público, para terminar con “Keep The Faith”, que significó el final teórico del concierto.
Tras unos minutos de reclamo, la banda volvió al escenario, pues tenía reservados para los bises dos de los pesos pesados de su repertorio: la cowbow song “Wanted Dead Or Alive”, con Richie Sambora de vuelta con su electro-acústica de doble mástil, sombrero vaquero negro y una brillante aportación vocal, como ya nos tiene acostumbrados. Viendo la reacción del público, Jon Bon Jovi dejó a la audiencia que cantara sola toda la primera estrofa, para retomar la canción en la segunda y dejar un tema memorable. Para terminar, Jon inició “Livin’ On A Prayer” a capella para dar paso al tema al completo, con banda y público entregados hasta el final.
A pesar de la imagen que se dio en la retransmisión televisiva, fue un buen concierto. A pesar de un bache en su repertorio mediado el concierto y a algunos momentos de duda en la voz de Jon, el grupo dejó contenta a su parroquia, tanto a los que recordamos sus primeros tiempos más rockeros como a aquellos que se han acercado a la banda en su etapa posterior.
Tras el concierto, la salida de las 51.000 personas (cifra oficial) que acudimos al concierto fue razonablemente bien organizada, lo que no impidió que tardáramos más de una hora en coger uno de los autobuses que nos acercaran a la capital.
The Sentinel estuvo presente también en el último día del festival, pero eso ya os lo contaré otro día.
Texto y fotos: Shan Tee
