Probablemente Blaze Bailey pasará a los anales de la historia del Heavy Metal como el hombre que a punto estuvo de destrozar la leyenda de Iron Maiden. Si bien es cierto que esa etapa de su carrera no es del todo tan oscura, al menos en lo que concierne a los trabajos que en estudio dejó suscritos, nadie puede imaginarse al bueno de Blaze manejando a las audiencias de Rock in Rio, Dynamo o Donington y desfalleciendo en múltiples olvidos de letras, por no mencionar sus famosas interpretaciones de los temas pertenecientes a la etapa Dickinson.
Hallado en este punto del camino, Blaze ha logrado enderezar su trayectoria con humildad. Dos discos en solitario, “Silicon Messiah” y “Tenth dimension”, han bastado para retomar la digna senda que dejó tras de sí cuando abandonó las filas de Wolfsbane. De ahí la edición de un doble compacto que, pese a llevar impreso su nombre, recopila en vivo un repertorio que cubre cada una de las paradas que le han conducido hasta este lugar. “As live as it gets” fue grabado en dos tomas: el Z7 de Prattlen, en Suiza, y el JB’s de Dudley, Reino Unido. En él se estrechan la mano canciones de los citados Wolfsbane, Iron Maiden y Blaze como tal. De su primer grupo rescata la cañera “Tough as steel”, rebautizada como “Steel” según figura en la contraportada. Mientras, “When two worlds collide”, “Sign of the cross” y “Futureal” ocupan un lugar privilegiado en el set y dan la oportunidad a los seguidores más acérrimos de la “doncella” de tener registradas estas pistas en una grabación oficial en directo. Justo la que Steve Harris le negó a Bailey, pese a que el bajista compartió gustosamente escenario con su ex-frontman en un concierto londinense para tocar alguna de estas piezas. También se encuentra “Virus”, el single-gancho del recopilatorio “Best of the beast” que bien podría incluirse en una “honrosa” lista donde departiría con “The apparition” o “Don’t look to the eyes of a stranger”.
No se puede pasar por alto la versión de “Dazed and confused”. Metalizada pero respetuosa al cien por cien y con un Blaze comedido en la labor de suplantar a Robert Plant, se libra de los peores temores con la que la pinché por primera vez, aunque su papel aquí es un misterio sin resolver.
El instinto primitivo de “Kill and destroy”, “The brave” y “Ghost in the machine” exhibe las mejores armas que Blaze puede esgrimir en la actualidad. El recurrir a un heavy de estampa ochenta y adaptado con ciertas concesiones a la modernidad es un bálsamo eficaz con el que escapar por un segundo de la avalancha de estilos variopintos que ofertan las bandas actuales. Desde los galopes de “Speed of light” o la hipnosis de “End dream” hasta la riqueza de “Born as a stranger” y “Tenth dimension”, cien minutos de música en vivo nos contemplan y pasan ante nuestros ojos como un espejismo. El sonido acompaña en todo momento; tanto que da que pensar si la mano de Andy Sneap no ha sobado en exceso el resultado inicial. Eso lo dejo para quien haya vivido un show de la banda.
Para ser un directo, se echa de menos un poco de espontaneidad ya que los músicos se ajustan al guión en todo momento. No obstante, obviando esta cuestión, transmite con mucha fuerza la esencia de los temas. Si a eso se le suma una presentación mimada que incluye letras y unas fotografías en vivo formidables, el plástico resulta convincente.
Aunque prematuro, “As live as it gets” certifica la renovación experimentada por un Blaze al que dábamos por acabado no hace mucho. Cada cual debe encontrar su sitio y Iron Maiden lo redescubrieron con la vuelta de Bruce. Si el discreto segundo plano es el que mejor le va a Bailey, que así sea.
J.A. Puerta
