Editorial Mayo 2011: “¿Blackfoot? No… ¡¡¡Black Night!!!”

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A veces un estudio de grabación se convierte en un salón de belleza o en una clínica de cirugía plástica de la que hay grupos que salen sin que les reconozca ni la madre que los parió, como dijo aquel. Música que no vale un pimiento, sometida a un tratamiento de maquillaje intensivo con el que se consigue llegar al fondo de los corazones y de los bolsillos, pero que cuando regresan al mundo real dejan claras sus carencias. En el mundo de la música de usar y tirar ocurre con frecuencia, y hay que reconocer que muchos no tienen prejuicios a la hora de hacer el ridículo en directo, eso sí, a cambio de una suculenta cifra.

Pero no nos engañemos, en el mundo del Rock también pasa. Siempre ha pasado (tengo una ristra de nombres en mente ahora mismo que no doy por falta de espacio) y seguirá pasando. Que levante la mano quien no se haya llevado algún disgusto al comprobar en directo lo que estoy diciendo. Sin embargo, en nuestro ámbito es más frecuente lo contrario, es decir, que las pezuñas del técnico del estudio no hayan sido capaces de sacarle todo el jugo a la música de determinado grupo y les salga un disco cuadrado, pero que en directo suenen como un cañón.

Esto deja claras, al menos, un par de cosas: Que el arte de grabar un disco era eso, un arte (y digo “era” porque parece que se vaya perdiendo) y que nos han estado timando durante muchos años con algunos presuntos artistas que sólo eran una careta tras la que no había más que las orejas que sujetaban las gomas.

Quien tiene pasta (= medios) suena, y quien no pues simplemente hace lo que puede. Cuando se observa esto en el mundo mortal, con grupos de los que pisan el suelo, parece lo más normal del mundo. Ahora bien, cuando un supuesto artista que parece que mea colonia se enfrenta a una situación no programada, o a una incidencia que le deja desnudo frente a la cruda realidad, no siempre saca a relucir la profesionalidad que se le supone.

En 1988, durante una actuación en un macrofestival en Cambridge (Massachussets, USA) del que no recuerdo el nombre, hubo un problema con el suministro eléctrico y la organización temía que los varios miles de asistentes se les tiraran al cuello. De repente apareció una chica negra con una guitarra que solía cantar por las calles de la ciudad y se marcó un concierto que dejó boquiabiertos a los presentes ¿Alguien se acuerda de Tracy Chapman? Pues esa misma. Ella, su guitarra y un micro con cuatro altavoces y medio, que era para lo que daba la escasa energía eléctrica que llegaba al escenario.

En 2011, durante una actuación de los legendarios Blackfoot, grupo histórico donde los haya, técnicos presuntamente profesionales no dieron pie con bola en toda la noche y le amargaron la actuación a unas doscientas personas. El grupo sobre el escenario, en lugar de parar, pedir disculpas o aplazar la actuación hasta que se corrigiera el desaguisado, siguió tocando sin importarle que el respetable hubiera pagado por ver una actuación digna, o que se hubiera desplazado varios cientos de kilómetros para verlos, o que hubiera dejado de hacer otras cosas importantes por estar allí. Y todo eso pasaba mientras nos íbamos cayendo de la nube y ellos se iban cayendo del Olimpo.

Aquello dolió, pero lo que realmente duele es ir viendo como, poco a poco, se van apagando aquellas luces que teníamos puestas en los altares. Antes de una actuación, la emoción por ver en escena a tus ídolos era algo que no se podía explicar. Con el tiempo se va pasando porque se le da más naturalidad a las cosas, pero siempre queda el gusano ese que recorre el estómago antes de un acontecimiento largamente esperado. Alguien debería darle un pescozón a quien ose molestar a esa lombriz (o lo que sea) y aquella noche se pasaron siete pueblos con el pobre anélido.

Una mala noche la tiene cualquiera, estamos de acuerdo, pero no cuesta nada ser amable y considerado (…eso ya lo dijeron Los Del Tonos) con quien les ha puesto donde están, y a la organización tampoco creo que le cueste mucho tratar a la gente como personas y no como mierda. Espero que le siente bien al promotor, a la sala, a la gente de sonido y al propio grupo, pero a mí ya me han vuelto a ver en otra…

Alvar de Flack