Todos recibimos con consternación la tragedia del Madrid Arena. Una serie de negligencias y desprecio a las normas de seguridad más elementales, fruto de la codicia desmedida de los organizadores y de la irresponsabilidad del Ayuntamiento de Madrid, convirtió lo que debía ser una fiesta en una tragedia en la que murieron cinco chicas, la última tras una larga agonía de un mes. Y aún pudo ser mucho peor. Parece comprobado que el aforo había sido duplicado, y se ignoraron las más esenciales normas de seguridad y organización en un evento de esta magnitud.
Tras el desastre, todas las partes implicadas se han dedicado a echar balones fuera y cargar las culpas en las otras partes implicadas, sin asumir los errores propios. Además, han demostrado su ignorancia al llamar “concierto” a lo que era una macrofiesta de Halloween con una sesión con un DJ de moda.
Todos sabemos que esa fatídica fiesta no tenía nada que ver con el Rock, pero no debemos dejar que los árboles nos impidan ver el bosque. Esta desgraciada situación nos la hemos podido encontrar en más de un concierto de Rock, y que no haya sucedido obedece más a la suerte que a la previsión. Todos tenemos la experiencia de conciertos en los que el aforo ha sido ampliamente sobrepasado, y a poco que nos fijáramos nos daríamos cuenta de que, en más de una sala, las salidas de emergencia están inutilizadas o son simplemente inexistentes.
Fuera de nuestras fronteras ya ha habido que lamentar muertes en conciertos de Rock (Deep Purple, Metallica, Pearl Jam o Great White son testigos de ello), así que es urgente poner los medios para que no ocurra también en España.
Una de las consecuencias de la tragedia del Madrid Arena ha sido el cierre (a veces preventivo y otras veces definitivo) de muchos locales de la noche, ya sea porque las medidas de seguridad no sean las adecuadas o, simplemente, a la espera de revisión. Esto incluye, como era de esperar, salas donde se programan habitualmente conciertos de Rock. Esperemos que la situación se normalice, las salas sean escrupulosas con el cumplimiento de las medidas de seguridad y los organizadores lo sean con el límite del aforo permitido en cada caso.
No hay nada más bonito que un concierto de Rock lleno hasta la bandera, aunque la crisis que nos ahoga impide que últimamente lo podamos ver a menudo. Pero, en todo caso, disfrutar de nuestra pasión nunca debería implicar jugarnos la vida en ello. Ojalá todas las partes implicadas (salas y promotores) se conciencien de lo que está en juego y este tipo de desgracias nunca vuelvan a suceder.
Si eso se consigue, la muerte de estas cinco chicas habrá servido para algo, aunque eso nunca será consuelo para sus familiares y amigos.
Shan Tee
