Nunca había tenido oportunidad de ver en directo a Black Rock y no era por falta de ganas. Desde que comenté su disco “Todo al negro” para esta misma web, tuve varias oportunidades que siempre se frustraron por uno u otro motivo. Este iba a ser el momento.
Estaba anunciado que Black Rock compartiera cartel con Klanghor, a los que tampoco había visto nunca en directo y de los que tenía buenas referencias. Pero un accidente laboral que afectó a su guitarrista la misma mañana del concierto les iba a impedir presentarse esta noche. Con el tiempo apurado se buscó una alternativa para sustituirles, y apenas 4 horas antes del concierto se contactó con Backstage, un modesto grupo de versiones que comparte bajista con Black Rock, lo que sin duda propició la elección.
BACKSTAGE
Apenas eran las 5 de la tarde cuando contactaron con ellos. Con muy buena voluntad aceptaron el reto, a pesar de que uno de sus guitarristas se encontraba de viaje fuera de Madrid y ello les obligaba a presentarse en formación de cuarteto (Dani a la batería, Álvaro al bajo, Álex a la voz y Davidroker a la guitarra), sin tiempo para adaptar su repertorio a la falta de una de las guitarras. Sólo por esa valentía ya merecen mi respeto.
Backstage es el mejor ejemplo de un grupo de amigos reunidos para tocar un rato y pasárselo bien. Su repertorio, exclusivo de versiones, es el indicado para ir abriendo la noche a otras propuestas más ambiciosas. Y a ello se pusieron, sobrellevando con buen humor el “embolao” al que se habían apuntado de forma tan precipitada.
Ante una sala casi vacía pero que se fue llenando poco a poco, Backstage empezó el concierto con un bloque de versiones de rock y pop español que intentaban calentar al personal: “Hace calor” (Los Rodríguez), “Me vuelvo loco” (Tequila) y “Perlas ensangrentadas” (Alaska y Dinarama) fueron un comienzo irregular, ya que la elección de este repertorio demasiado popero no conectaba con un público más orientado al rock duro.
“Quiero beber hasta perder el control” (Los Secretos) basada en los arreglos más rocanroleros de Fito y Fitipaldis parecía que iba a animar más al personal, pero “Dulce condena” (Andrés Calamaro) empezó a provocar algunos bostezos. Afortunadamente, levantaron el ritmo con el celebérrimo “Born To Be Wild”(Steppenwolf), “I Want To Break Free” (Queen) y otros clásicos siempre recurridos por este tipo de bandas como “Proud Mary” (Creedence Clearwater Revival) basada en la versión más rápida que popularizó Tina Turner.
Su concierto fue de menos a más, y a medida que iba avanzando se iba endureciendo, terminando con dos buenas versiones de “Sweet Emotion”(Aerosmith) y “Rock and Roll” (Led Zeppelin) en las cuales su cantante Álex salió airoso del difícil trance que le tocaba lidiar.
Backstage no son grandes músicos ni su propuesta va más allá de divertirse un rato y entretener al personal. Y eso lo consiguieron, a pesar de las desfavorables circunstancias que les tocó lidiar.

Las diferencias entre los Black Rock que grabaron “Todo al negro” y el grupo que nos encontramos en el escenario son muy notables. De hecho, todos los componentes salvo Bárbara Black hace tiempo que cambiaron, siendo ahora el grupo mucho más duro y contundente. La diferencia más evidente es la ausencia de teclados, tan presentes en el disco y que ahora sólo aparecen pregrabados en un par de momentos. Además, la nueva formación es mucho más rotunda, con Pol DQ a la batería (¡menuda bestia!), Manu Acilú a la guitarra y la reciente incorporación de Álvaro Bondage al bajo, siendo éste su primer concierto con Black Rock tras haber sustituido al anterior bajista Iraitz Esnal.
Como es lógico, el repertorio de la noche estuvo basado casi por completo en su único disco en el mercado, “Todo al negro”. Comenzaron con “Príncipe del vacío” y de principio ya mostraron sus cartas: Una banda contundente, una puesta en escena muy cuidada y la figura de Bárbara Black acaparando la mayor parte de la atención. Bárbara llena el escenario como sólo saben hacer las grandes estrellas, llena de fuerza cuando es necesario y brutalmente sexy cuando se lo propone. Apoyada en su gran belleza y su cuidada puesta en escena, es objetivo de la mayor atención por parte de los asistentes. Pero no todo es imagen, su voz es potente y bien modulada, va sobrada de facultades vocales sobre las que ha trabajado para tener una entonación impecable.
Siguiendo el mismo orden del disco, el concierto continuó con “En mi cama”, tema del que hay editado un videoclip. La banda suena como un cañón, sustentada por el contundente trabajo de batería de Pol DQ, responsable en buena medida de la caña con la que suena Black Rock. El guitarrista Manu Acilú demostró buenas maneras, con una técnica más que aceptable y cumpliendo su cometido con solvencia, algo que se podría extender al nuevo bajista, Álvaro Bondage, quien a pesar del corto tiempo que lleva en la banda se le ve bien integrado, aunque participa poco de la puesta en escena, algo que se lleva casi en exclusiva Bárbara Black, muy bien de voz toda la noche a pesar de un catarro que la llevaba persiguiendo toda la semana.
“Aura” siguió en la misma línea positiva, aunque el excesivo volumen al que estábamos sometidos empezaba a resultarnos molesto. Y es que es un mal endémico de muchos conciertos, sobre todo en salas pequeñas. Cierto es que la contundente pegada de Pol DQ a la batería obligaba a subir el resto de instrumentos para no quedar tapados, pero sinceramente creo que al técnico se le fue la mano.
En “Funeral” pudimos disfrutar de una exhibición vocal de Bárbara, un tema hecho a medida de su potente voz y en el que combina partes dulces con otras poderosas, saliendo triunfadora de todas ellas. Una excelente cantante además de perfecta front-woman, sin parar de animar al público a participar en el concierto.
Una bonito intro a la guitarra por parte de Manu Acilú dio paso a “Bajo el agua”, continuando el concierto con “Sonámbula”, con la trepidante batería de Pol DQ empujando desde atrás con fuerza.
Una de las cosas que hay que agradecer a Black Rock es su esfuerzo por hacer un show completo, tanto en lo musical como en lo visual, algo que desgraciadamente está en desuso en el rock nacional. Por eso, además de la impactante puesta en escena de Bárbara, no dudan en emplear accesorios o adornos en diversas partes del concierto. Como dos claros ejemplos, en “Fugitivo” los cuatro miembros del grupo aparecieron con sendos sombreros vaqueros, un detalle pequeño pero que habla muy bien de su voluntad de ofrecer algo más.
Mucho más impactante fue la idea que acompañó a “Carne palpitante”, para la cual Bárbara apareció con una gorra y unas gafas de sol que le conferían una imagen muy llamativa. Pero lo más sorprendente fueron dos sujetadores (a estrenar, aún tenían la etiqueta) que llevaba en las manos, y con los que estuvo vacilando durante todo el tema, primero poniéndolos en los mástiles de la guitarra y el bajo, y luego bajando del escenario con ellos mientras cantaba y vacilando con ellos primero a nuestro amigo y compañero de los medios José Luis Martín, y después a este que suscribe. Tanto José Luis como yo nos llevamos de recuerdo uno de los sujetadores, que prudentemente dejé en la sala antes de volver a mi casa y tener que dar incómodas explicaciones.
Como he dicho, uno de los puntales de la banda es el batería Pol DQ, y para dejarlo claro (por si no lo había hecho ya), tuvo su momento de gloria con un tremendo solo de batería en el que demostró su técnica y su energía.
El concierto continuó con “Vuela libre” y “Esclavo del Rock”, para el cual volvieron a dar otro ejemplo de su cuidada puesta en escena: Pol DQ se colocó una máscara muy intimidante, de algún alien tipo Predator o similar, y unos cuernos de diablo con luces; Bárbara lucía igualmente esos cuernos iluminados, más unas alas adosadas a su espalda y un látigo. Todo un espectáculo visual.
Con ellas, el repertorio había repasado ellas todo el disco “Todo al negro” a excepción de la balada “Libertad”, algo que eché de menos. Sin embargo, en su lugar nos presentaron un tema llamado “No Healer” que estará incluido en un EP que publicarán próximamente, según anunció Bárbara desde el escenario.
Y como fin de fiesta, el único tema ajeno de su repertorio, una cañera versión del conocido“I Wanna Be Somebody” de W.A.S.P. en el que Bárbara aprovechó para hacer cantar a todo el público asistente.
La sensación tras el concierto era excelente, salvo por el molesto pitido de oídos a causa del excesivo volumen sufrido. Pero Black Rock es un grupo al que merece la pena ver en directo. Una banda muy competente en el escenario, con un guitarrista muy fino, un batería brutal y un bajista cumplidor (veremos cómo evoluciona cuando lleve más tiempo en la banda). Y, sobre todo, una puesta en escena muy cuidada y una estrella al frente como Bárbara Black a la que, por calidad de voz y por imagen, es un placer verla comerse el escenario.
Texto y fotos: Shan Tee excepto foto 3 de Black Rock: David Collados
