En la agradable noche del sábado 21 de Diciembre del pasado 2013 tuvieron lugar en la sala/pub Radiolab los conciertos ofrecidos por La Skala de Richter y Transylvania, actuaciones que servidor tuvo el placer de disfrutar.
Se trataba de una de las fechas de la segunda parte de la extensa gira en la que La Skala de Richter está presentando su reciente disco “Diabolus Notet”, gira que les está llevando a recorrer gran parte de la península. La primera parte ya pasó por la capital almeriense el pasado mes de Agosto, cuando abrieron para Mägo de Oz en el Palacio de los Deportes del Mediterráneo, donde la banda obtuvo el reconocimiento y la buena acogida de gran parte del público. En esta ocasión se trataba de un concierto propio como tal, liderado por ellos mismos y en un entorno mucho más modesto. Para la cita contaban con la compañía de los locales Transylvania, los cuales son bien conocidos en la escena metalera almeriense.

Bien pasadas las doce de la noche y con retraso sobre la hora prevista, como viene siendo habitual en los eventos celebrados en Radiolab, dio comienzo la actuación de Transylvania. Tras caer el telón que cubría el escenario aparecieron todos los miembros de la banda, excepto el vocalista Alberto, interpretando a modo de intro el fragmento inicial de la instrumental canción de Metallica, “Orion”. Acto seguido la enlazaron con la versión del archiconocido clásico “Master of Puppets”, también perteneciente a Metallica, momento en el que hizo aparición Alberto con enérgica actitud, instantes antes de comenzar a cantar la primera estrofa. La verdad es que se me hizo algo raro que comenzaran el concierto con una versión en lugar de abrir con un tema propio.
Desde el inicio consiguieron animar a la gente, aunque desafortunadamente la sala presentaba un flojo ambiente, con una escasa afluencia de público.
Ahora sí, era turno de temas propios de la banda, la primera en sonar fue “En mi interior”. La calidad de sonido era bastante buena y así se mantuvo durante toda la actuación, sin un excesivo volumen, distinguiéndose perfectamente cada instrumento, sonando con claridad cada uno de los temas que interpretaron.
Con una elaborada y extensa introducción instrumental comenzó “Resurgir”, mostrándose toda la banda bastante activa sobre el escenario. Un pegadizo riff y los destacables solos de guitarra por parte de Carlos tomaron el mayor protagonismo durante la canción. A quien noté con mayor dificultad para desempeñar su tarea vocal fue a Alberto, al cual vi en varias ocasiones con problemas a la hora de mantener la afinación correctamente. En mi modesta opinión, creo que su tonalidad y registro vocal no se encuadran bien al estilo que Transylvania suele practicar.
La siguiente canción fue la versión del clásico “Dolores se llamaba Lola” del veterano grupo Los Suaves. En esta ocasión sí que pude apreciar a Alberto más cómodo a las voces, ya que encuentro su forma de cantar y su tesitura vocal bastante más acorde a este estilo más rockero que con el heavy más convencional que practica Transylvania. El resto de miembros de la banda también tuvieron la oportunidad de cantar alguna estrofa de la canción cuando Alberto les cedía el turno al micrófono.
Tras agradecer al público su respuesta y dar las gracias a la organización por poder estar presentes esa noche, continuaron con la canción “Ángel Caído”, donde se pudo ver el buen hacer de la base rítmica del grupo, formada por Cristo al bajo, muy activo durante todo el concierto, y la fuerte pegada de Javi a la batería.
La siguiente canción fue “Mercenario”, perteneciente a su primera y única demo titulada “Cinco segundos”, del ya lejano año 2006. A mi juicio, se trata de una de las canciones con más gancho de la banda, de hecho, fue una de la más celebradas por el público. Destacar los coros del guitarrista Juan, que al igual que en otras canciones arropaba bastante bien a Alberto en tareas vocales.
Volvía el turno para los covers, en esta ocasión se trataba del popular tema “Fear of the Dark” de los británicos Iron Maiden, quizá el tema de la actuación más celebrado por el público ya que se trata de un hit que prácticamente todo el mundo conoce. A pesar de que el tema fue interpretado con solvencia, sobre todo a nivel instrumental, creo que la banda se complica demasiado con la elección de las versiones. “Master of Puppets” es un tema muy exigente a nivel instrumental mientras que “Fear of the Dark” lo es a nivel vocal. La elección más acertada fue sin duda la de “Dolores se llama Lola”.
El concierto iba a llegar a su fin con el cachondo tema “Las putas de mi barrio”. Durante el transcurso de la canción todos los miembro de la banda tuvieron su parte de protagonismo, realizando bromas y parones bien ensayados, e interpretando cada uno de ellos una estrofa vocal, incluido el batería Javi.
Buen concierto de Transylvania, donde destacó su actitud y el buen sonido que obtuvieron, aunque deben seguir trabajando para pulir algunos aspectos en sus conciertos, tales como la afinación vocal y una mayor compenetración en algunos aspectos técnicos como las guitarras dobladas. También sería interesante que se animaran a grabar el material nuevo, incluso regrabar alguno de los antiguos temas, puesto que ya han pasado muchos años desde su primera y única demo.
Una vez finalizado el concierto de Transylvania la afluencia de público en la sala era incluso menor, algo que viene siendo el pan de cada día en eventos similares celebrados en Almería. De hecho, no muy lejos de allí, otro evento de música alternativa (la actuación de Hipnopedy, en el pub La Cueva) tuvo lugar con idénticas consecuencias: escasez de público. No quiero extenderme con el tema, pero empiezo a tener serias dudas acerca de cuál puede ser el motivo de este problema: no se si radica en que existe más oferta que demanda, o que no están los eventos lo suficientemente promocionados, o si supone mucho esfuerzo pagar cinco euros de entrada con derecho a consumición, o si es que simplemente a la mayoría de la gente, la música, ni le gusta, ni le interesa. Puede que sea un poco de todo lo anterior. Sin embargo, no logro entender entonces donde se metieron ese día todas las personas que acudieron a ver a Mägo de Oz y que también parecieron disfrutar de la actuación de La Skala de Richter…

Tras los pertinentes cambios de equipo el reloj marcaba las una y media, momento en el que empezó a escucharse la intro que indicaba que la actuación de La Skala de Richter estaba a punto de comenzar. Seguidamente, con la banda lista sobre el escenario, empezaron a sonar los intrincados riffs del potente a la vez que melódico “Displasia Moral”, desde el inicio con toda la banda entregada con cada cambio de ritmo de la canción.
Como anécdota, el responsable del local se acercó al escenario para decirle a la banda, y en especial al vocalista Juan, que era uno de los mejores artistas de todos los que habían pasado por allí, eso sí, dejando claro que el estilo de música no le gustaba nada, jaja. Y es que el progreso de Juan a las voces desde las primeras demos es más que evidente. Con el paso del tiempo se le puede ver mucho más fino en su interpretación, abarcando cada vez más variedad de registros y técnicas, sobre todo con los guturales y voces desgarradas, que en el disco no están tan presentes y que en vivo quedan impresionantes. Y es que a pesar de que el resultado final de las voces en el disco es satisfactorio, éste no hace justicia al verdadero potencial que Juan puede demostrar en directo, donde tanto él como la banda ganan muchos enteros.
Seguidamente enlazaron con la siguiente canción, “Dogma”, otra pieza marcada por la crudeza de riffs a base de guitarras de siete cuerdas. Mención especial merece David a la batería, la nueva incorporación de la banda, que realizó una genial ejecución del complejo tema, demostrando que encaja perfectamente en la banda y su estilo.
Con un breve respiro aprovecharon para presentar el siguiente tema, “Aislado”, canción que trata sobre la situación actual que desafortunadamente está atravesando mucha gente por culpa de la crisis y el desempleo. La base rítmica que aporta Martín “Cipote” al bajo es imprescindible en el empaque final del sonido, aportando consistencia con su distorsionado bajo. Como siempre, estuvo muy activo sobre las tablas, aunque esta vez quizá un poco más calmado por culpa del reducido espacio que ofrecía el escenario. También lo vi dejar un poco más de lado su faceta cómica y humorística que en otras ocasiones suele ofrecer.
He tenido la oportunidad de ver en varias ocasiones a la banda y en todas ellas la sensación que transmiten es siempre la misma: seguridad en sí mismos, compenetración y muchísimo trabajo. Las horas de ensayo y las tablas son más que evidentes.
Después de un rápido cambio de guitarras, requerido por la afinación necesaria de la siguiente canción, comenzó a sonar la introducción a base de piano de “Mein Kämpf”, tema que abre el disco y que trata sobre la barbarie nazi. Tras los relajados compases iniciales de la canción, la intensidad volvió de nuevo a ser la protagonista, siguiendo la misma fórmula que en el tema anterior “Aislado”, combinando potencia y melodía, líneas vocales limpias y guturales, junto a unos solos técnicos y un elevado nivel instrumental.
El sonido no terminaba de ser todo lo bueno que debiera, sonando el conjunto final un poco saturado, aunque fue mejorando un poco conforme avanzó la actuación. Es algo que me extrañó bastante ya que en todas las anteriores ocasiones que les he podido ver siempre han sonado realmente bien. Por lo que pude saber al finalizar el concierto, la sala no permitió montar al completo el equipo propio de la banda.
Después le siguió “Requiem”, que al igual que en el disco, comenzó con una breve introducción sonora. Se trata de un tema extenso, pero con multitud de cambios de ritmo y pasajes llenos de arreglos, que cuenta en primera persona la historia del caso del Mostruo de Amstet. Las ejecuciones de las guitarras se fusionaban a la perfección, la compenetración entre Martín y Francisco era total, y como resultado podíamos escuchar unas guitarras genialmente dobladas.
Después de un intenso inicio de actuación, sin apenas descanso, llegó el momento más relajado de la noche con“Ceño Fruncido”. Se trata de una balada rescatada de su anterior EP “Espectro Metafórico”. Continuaron con“Pandemonium”, uno de los temas que mejor respuesta obtuvo por parte del público, puede que sea una de las canciones más conocidas ya que se trata del primer single del disco, con videoclip incluido. Es una verdadera gozada ver al guitarrista Martín encima del escenario. A pesar de su juventud, no solo destaca por su feeling y su nivel a las seis/siete cuerdas, sino que además es toda una apisonadora en directo, un continuo no parar desde que se sube al escenario, en constante headbanging y movimiento, todo ello sin perder ni un ápice de precisión en la ejecución. Es sorprendente la soltura con la que se desenvuelve sobre el escenario.
Sin apenas perder tiempo prosiguieron con “El Beso de Judas”, el otro tema del disco (junto a “Ceño Fruncido”) que ha sido rescatado de su antiguo material, eso sí, remodelado totalmente a nivel musical, adecuándolo al actual estilo de la banda, respetando únicamente la letra y partes de la melodía vocal del tema original. Uno de los momentos más intensos fue la parte final de la canción, donde toda la banda se pudo recrear, en especial el guitarrista Francisco con su rítmica, al que noté durante toda la noche más eufórico que en otras ocasiones, sin parar de balancearse y moverse enérgicamente mientras ejecutaba cada canción.
El concierto estaba llegando a su final ya que la banda había interpretado íntegramente el disco, a excepción de un tema, que fue el siguiente en sonar, “Climax”. Como viene siendo habitual en sus conciertos, utilizaron este tema para presentarse. Para ello, aprovechando el intermedio instrumental de la canción, el vocalista Juan presentó de forma divertida a cada uno de los miembros de la banda. Justo antes de finalizar el tema, tanto Martín como Francisco tomaron el protagonismo sobre el escenario, interpretando unos pasajes doblados de guitarra que confirmaban una vez más su gran nivel técnico y la buena compenetración que existe entre ambos guitarristas, seguidamente volvió la banda a unirse a ellos para acabar rápidamente el tema.
Para cerrar la noche, la banda se despidió rindiendo un pequeño tributo a Dio y Black Sabbath, interpretando un peculiar cover en el que intercalaban estrofas de “Heaven & Hell” y “Paranoid”, dándoles su toque personal a la interpretación a la vez que conservaban la esencia de los temas, demostrando que sus influencias son variadas y van más allá de estilos actuales únicamente. Durante el corte se pudo comprobar que Francisco, además de ser un buen guitarrista rítmico, también se desenvuelve a la perfección realizando solos.
Como en las anteriores ocasiones que les he podido ver, los chicos de La Skala de Richter ofrecieron un fantástico concierto. Como ya comenté antes, el único aspecto negativo de la actuación fue el sonido, que por momentos se percibía saturado. También se hacía molesto el elevado volumen con el que se oía el plato china de la batería, ya que eclipsaba el resto de instrumentos cuando sonaba.
Puede que el nombre del grupo escrito, con ‘k’ y el antiguo logo de la banda, lleven a confusión a mucha gente con respecto al género musical que realmente practican. Pero si no tienes prejuicios musicales y te gusta la música bien hecha en vivo, os recomiendo que vayáis a verlos si tenéis la oportunidad, puesto que el directo es el punto fuerte de esta gran banda que poco o nada tiene que envidiar a muchas de las bandas con renombre del país.
Texto: Jorge Cano
Fotos: Ale Forte (Transylvania) & Starbreaker (La Skala de Richter)
