Situemos el disco en su contexto histórico-musical: Recién pasada la ola punk que invadió el Reino Unido e influenciados por grupos como Motorhead o Judas Priest, empezaron a surgir de los barrios obreros de las ciudades industriales los grupos que dieron lugar a lo que se llamó New Wave of British Heavy Metal, y que editaron sus primeros discos en esta época, de entre ellos “Son of a bitch”, embrión de lo que en 1979 serían Saxon. En 1980 concretamente, los estantes de las tiendas ofrecían lo nuevo de grupos como los Ramones (End of the century), Van Halen (Women and children first), Queen (The Game), AC/DC (Back in black), Black Sabbath (Heaven & hell), Thin Lizzy (Chinatown), Whitesnake (Ready an’ willing), las influencias antes citadas, Motorhead (Ace of spades) y Judas Priest (British steel), y por supuesto los grupos de la NWOBHM, Def Leppard (On through the night), Iron Maiden (Iron Maiden) o el que nos ocupa, “Wheels of Steel”, entre otras muchas cosas.
Los 9 cortes que contiene el disco son el arquetipo del heavy metal, con guitarras saturadas (Gibson + Marshall) que dibujan riffs en estructuras cuadriculadas sobre una base de bajo pesado, sin florituras, prácticamente monocorde, y batería de nítido sonido pero pegada contundente, esbozando patrones con doble bombo que a posteriori serían un referente para los baterías metálicos de las nuevas hornadas. Por encima de todo ello, la voz de Biff Byford, con melodías horizontales, sin altibajos, y frases cortas de temas típicos del género.
Si hay algo que Saxon siempre han cuidado en su sonido han sido las guitarras. En este disco las partes de guitarra están grabadas con Gibson SG y Explorer casi en su totalidad, y puede apreciarse perfectamente en temas como “Stand up and be counted”, donde abundan los acordes largos y las guitarras dobladas, o en “747 (Strangers in the night)”, aunque aquí con algo más de efecto (un flanger suave y un chorus), y eso que no es un grupo que abuse de los efectos, quizá una de las características de este disco es que suena bastante natural: guitarras enchufadas al ampli y batería a pelo con los bordones de la caja super-tensos, especialmente en el tema que da título al disco, el clásico “Wheels of steel” y que servía al grupo en sus directos para el típico desparrame con el público.
Otras veces, como en “Motorcycle man”, los temas están compuestos sobre riffs sin acordes completos o en quintas y a toda leche. Tampoco faltan las reminiscencias rockanroleras, como en “Freeway mad” con un inicio espectacular con la batería flangeada, o mi favorita “Street fighting gang” con duelo de guitarras y riff machacón.
“See the light shining” es algo atípica en el conjunto del disco por su estructura, con dos partes diferenciadas por un cambio de ritmo, más lento al final, y un colofón con el maestro Pete Gill (a caballo entre Motorhead y Saxon por aquella época) dando una clase de cómo se usan los dos pedales y el base. Por cierto, este tema está dedicado a Eddie “fast” Clarke, guitarrista que lo fue de la primera época de Motorhead (y fundador de Fastway con el genial Lea Hart a la voz), con quien les unía una estrecha amistad.
El disco termina con la más suave, “Suzie hold on”, y con la veloz “Machine gun”, quizá la canción que más me pone las pilas de toda su discografía.
No hay arreglos, no hay coros o voces dobladas, no hay una producción efectista, solo voz, dos guitarras, un bajo y una batería, todo natural. Con estas armas este disco fue capaz de sobresalir entre toda la cantidad de buenas grabaciones que he reseñado al principio, y poner a Saxon en la primera división del heavy metal, lo cual le engrandece aún más.
Alvar de Flack
