Una de las particularidades de los webzines de heavy metal es que nos sustentamos sobre un equilibrio difícil. Las webs sobre heavy rock somos la versión digital de algo que siempre se hizo en papel, y nuestro tono oscila entre el amateurismo de un fanzine y la profesionalidad de un periodista con pretensiones más serias. Cada mes nos llegan a redacción discos españoles, europeos o incluso americanos que nos esforzamos por desgranar desde esta posición intermedia. Y es que juzgar el material de un músico no es algo ligero y sencillo, sino una tarea muy delicada. Todos sabemos que la música –nuestra música- despierta pasiones, y alguien que escribe sobre ella no es ajeno a estas sensaciones, más bien al contrario. Si escribimos sobre heavy metal es porque nos apasiona la música. Y, como todo el mundo, los redactores de The Sentinel tenemos nuestras bandas favoritas, nuestros gustos y preferencias subjetivas. Es muy difícil ser imparcial con algo que te gusta tanto.
Establecer unos vínculos sentimentales fuertes con nuestra música es algo muy frecuente. Es una ancla muy profunda que mucha gente nota conforme se hace mayor. A mi generación le han dado el heavy rock como algo ya hecho, formado y definido, y la gente de mi edad con intereses musicales procura mantener esa llama encendida. Pero al echar la vista atrás, uno se pregunta cómo se lo montaron las bandas y los seguidores hará ya más de treinta años para encender un fuego que ha resultado durar mucho más de lo esperado.
¿Alguien se imagina a un cantante de sesenta años tocando heavy metal en los años ochenta? Impensable. En el nuevo milenio, por el contrario, esto es lo más natural del mundo. Junto a estos gigantes que cimentaron el género, tenemos músicos jóvenes que hacen todo lo posible por seguir edificando sobre él. Hablar sobre heavy metal es hablar de las dos cosas, es hablar de dos o tres generaciones. Es hacer malabares, y vuelvo al principio del editorial: es un equilibrio difícil. Si te llega a redacción una maqueta de unos chicos de dieciocho años ¿la valorarás con el mismo criterio con el que escribiste sobre el último disco de Iron Maiden? La cosa no es sencilla, pero es apasionante.
Es apasionante porque las generaciones se han ido pasando la antorcha, y a pesar de los infinitos pesares, la cosa sigue adelante. Testimoniar un cambio es un lujo, y por esto creo que mi generación es muy afortunada. No digo que todo sea estupendo, pero sí que el nuestro es un momento único.
Mis dos compañeros de webzine, Shan Tee y Starbreaker, me sacan años y experiencias de ventaja a todos los niveles. Les tengo cierta envidia: ellos han visto conciertos por dos mil pesetas por los que yo pagaría con mucho gusto un cantidad mucho más alta en euros. Aunque podéis ver sus fotos en la web en las que parecen conservarse sospechosamente bien, las personas como ellos que vivieron la génesis de nuestra música forman parte de una historia increíble. Y digo “increíble” en un sentido muy estricto. No creo que muchos músicos de heavy metal en 1984 esperasen llenar un escenario treinta años más tarde.
Los que nos hemos subido al carro mucho después no vemos, por lo menos a primera vista, nada heroico en todo esto, pero sin duda lo hay. Si las nuevas bandas, los nuevos medios y los nuevos seguidores estarán a la altura de los anteriores es algo que sólo el tiempo puede decir. Personalmente, no suscribo ni las actitudes de “cualquier tiempo pasado fue mejor” ni las ingenuidades como “estos chavales serán los nuevos Judas Priest”, porque me parece muy evidente que el heavy metal se sustenta en este equilibrio entre el pasado y la actualidad.
Relacionado con esto, los seguidores hemos presenciado además un cambio en la distancia emocional que tomamos con nuestra música. Ojeando cualquier revista de los años ochenta, uno ve que la distancia era mínima en aquel entonces: los redactores de la época eran apasionados, radicales, grandes entusiastas o fervientes críticos de un disco. Si actualmente la forma de hacer periodismo ha cambiado un poco es porque más de treinta años de heavy metal nos han dado cierta perspectiva. No obstante, todos los que ponemos tiempo, ganas y dinero en esto somos unos apasionados, exactamente igual que aquel redactor de los ochenta tan pasado de rosca, que el músico amateur que ahorra cada mes para un amplificador nuevo, o que tú que estás leyendo esto. De no ser así, no tendría sentido alguno seguir con nuestro trabajo.
Si me preguntaran por qué me gusta el heavy metal no sé si tendría una respuesta. Es difícil justificar los gustos. Pero una de las mejores cosas de nuestra música es que no se puede ser imparcial con ella. Quienes la escuchamos somos animales de sangre caliente, y quienes escribimos sobre ella intentamos disimularlo. Feliz año nuevo, y no dejéis que este diciembre enfríe vuestras venas.
Jaume “MrBison”
