TRIUMPH “Thunder seven” (1984)

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triumph_thundersevenCanadá siempre tuvo un elevado índice de buenos grupos por metro cuadrado, y si nos ceñimos al espacio concreto de la ciudad de Toronto, los tríos de aquel lugar directamente se salen. El caso es que corría el año 1975 cuando Rick Emmett (guitarra y coros), Gil Moore (batería y voz) y Mike Levine (bajo, teclas y coros) decidieron formar uno de esos que acabo de decir.

En 1976 debutaron con disco homónimo. Al año siguiente se pusieron las botas con una versión de Joe Walsh (“Rocky mountain way”) incluida en el LP “Rock’n’roll machine”, y después cambiaron de Compañía de Discos. Con el cambio vinieron dos buenísimos discos como “Just a game” y “Progressions of power”, hasta que llegó su obra maestra para muchos: “Allied forces”. Era 1981.

El problema posterior a editar una obra maestra es que las comparaciones son inevitables, y si no se da la talla te acribillan. No solo eso, sino que no se te permite el más mínimo movimiento en falso, nada de improvisación, nada de experimentos, nada de hacer lo que tú quieres: hay que contentar a la masa… y la masa no quedó contenta con el siguiente disco “Never surrender”. “De perdidos al río”, debieron pensar, y se tiraron al barro con un nuevo disco, el 7º en su carrera, e hicieron lo que les dio la gana, y sin darse cuenta editaron “Thunder seven”… y les volvieron a linchar. Era 1984.

Algo así les había pasado a, por ejemplo, Blackfoot con su “Vertical smiles”, a April Wine con “Animal grace”, incluso a sus vecinos Rush con “Grace under pressure”. Aquel año fue el de quejarse de vicio, porque ya me diréis la ristra que podemos sacar con los mismos planteamientos. Era tiempo de cambio, y época de buena cosecha, aunque cargada de crítica incendiaria.

El tiempo ha puesto a “Thunder seven” en mejor sitio. Acostumbrados los oídos a sonidos más duros (dentro de lo melódico de Triumph), más guitarreros, encontrarse los fans de repente con un disco semi-conceptual quizá les vino demasiado de sopetón. Digo lo de semi-conceptual, porque de los 10 temas del disco, los últimos 6 están basados en la obra de James Joyce “Thunder seven”, aunque entre ellos hay dos que son instrumentales (“Missdrummer’s daydream” y “Little boy blues”).

El caso es que con el tiempo, una vez digerido, “Thunder seven” pugna entre sus fans con arrebatar el cetro a “Allied forces”. Y yo soy de esa opinión (y alguno más también). Porque, vamos a ver, “Spellbound”, canción intensa donde las haya, solo hay una y está en este disco. La genial “Rock out, roll on”, la zeppeliniana “Cool down”, la comercial “Follow your heart”, la guitarrera “Times goes by”… es que no tiene desperdicio.

Precisamente “Times goes by” es una demostración de facultades de Rik Emmett, maestro de guitarristas posteriores, santo y seña de muchos guitarras actuales que tienen en esa canción toda una enciclopedia abierta. Y luego tenemos la trilogía “Time canon” – “Killing time” – “Stranger in a strange land”, flanqueadas por las dos instrumentales mencionadas antes, es decir, la parte conceptual del disco. Grandioso.

No quiero pasarme en alabanzas, pero este disco es de esos a los que no le sobra ni una nota. Es uno de los momentos culminantes de un grupo, Triumph, que forman parte de esa lista de grupos casi olvidados por las nuevas generaciones, injustamente tratados por aquí, aunque quizá también porque ellos nunca nos honraron con su presencia y así no hay feedback que se retroalimente.

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Alvar de Flack