Había pasado bastante tiempo sin saber nada de Patente de Corso. Las breves noticias sobre el grupo apenas eran islas que nos hacían saber que el grupo seguía vivo, que no habían tirado la toalla. Después de mucho contacto tras la edición de su primer disco (“MMX” en 2010) y disfrutar de ellos en varios conciertos, varios años de silencio casi absoluto acabaron hace un par de meses cuando volvieron a la carga para anunciar la salida de su segundo trabajo, “Marcado a fuego”, y su inminente presentación al público madrileño.
Era una cita que no nos podíamos perder, así que junto a mi buen amigo Ramón aparecimos en la céntrica sala We Rock antes de que abrieran las puertas. Tras hacer un poco de tiempo en un bar cercano, volvimos a tiempo para saludar a los miembros del grupo, que habían ido a “repostar” antes del comienzo del concierto.
Una vez dentro de la sala, y tras saludar a compañeros de otros medios y a varios amigos habituales en los conciertos, me aposté en la zona reservada a los fotógrafos dispuesto a disfrutar del concierto y, al tiempo, hacer las mejores fotos posibles y estar atento a todo lo que sucediera, para poder contarlo en esta crónica.
Con un poco de retraso sobre el horario previsto (un mal endémico de los conciertos nacionales), los miembros de Patente de Corso subieron uno al uno al escenario, con una épica introducción de fondo. Primero Javi “Cozy”, gran batería fundamental en el sonido demoledor de la banda, seguido del bajista Fran Montero y de ambos guitarristas: Paco Benítez y el nuevo fichaje David Espinosa. El último en aparecer fue el vocalista Juanma Lobón, de nuevo en la banda tras un periodo apartado de la escena.
Un breve saludo y el concierto comenzó con la inconfundible intro a la batería de “Stargazer” (Rainbow), homenaje que el “Cozy” de Patente de Corso hace al fallecido Cozy Powell, inicio del primer tema de la noche, “A 2 Kms. al sur”, con la banda atacando con muchas ganas.
Dos circunstancias me alegraron enormemente: ver la sala llena, algo que no es fácil de encontrar en un concierto nacional, y disfrutar de un sonido perfecto desde el primer minuto. Por fin un grupo (y su técnico de sonido) han comprendido que más volumen no tiene por qué significar mejor sonido. Decibelios adecuados y nitidez absoluta en todos los instrumentos nos permitieron disfrutar del concierto por completo.
El concierto continuó con “El fin de los días”, con Juanma pletórico, y es que durante toda la noche mostró un gran nivel vocal, sin dar muestras de fatiga en ningún momento. La banda al completo estaba muy entregada, demostrando la ilusión innegable de tener un nuevo disco en la calle.
Uno de los que mostraba un mayor rostro de felicidad era Fran Montero, quizás porque además de tocar el bajo se ha encargado de la producción del disco. Suya fue la introducción al bajo del siguiente tema, “No abandones”, que sonó realmente bien, contando con una interesante parte intermedia en un tema muy trabajado, como es habitual en Patente de Corso. Complejo pero nada aburrido, con una gran aportación de Juama, un solo enorme de Paco Benítez y con “Cozy” inmenso, este tema fue de los que más me gustaron del concierto.
El concierto se basó, como es lógico, en los temas que componen su último disco, “Marcado a fuego”, pero también hubo tiempo para rescatar algunos de su debut, “MMX”. El primero de ellos fue el vacilón “Empezar de cero”. La inmensa mayoría del público aún no había escuchado las nuevas canciones, así que este tema fue recibido con la alegría habitual de escuchar un tema ya conocido, algo que contagió a la banda. ¿O fue al revés? El caso es que sonó muy divertida.
El siguiente tema también era antiguo y siguió la misma onda: “Aún estando muerto” que, además, incluyó un grandísimo solo de Paco Benítez, quien se encarga del 70% (a ojo de buen cubero) de los solos de guitarra, dejando el resto para David Espinosa, el nuevo guitarrista, quien mostró buenas maneras además de mostrarse contento y participativo en el show.
El concierto siguió con “Me tocó a mi” y “Mis condiciones”, ambas del nuevo disco, que continuaron con el buen nivel de todo el concierto, recibiendo además buen feedback del público que llenaba la sala.
El riff de “La taberna del turco” nos devolvió al primer disco. En este tema, Juanma aprovechó para presentar uno a uno a todos los componentes del grupo y permitir que les llegaran nuestros aplausos personalizados, para después retomar y terminar la canción.
Siguieron con el inicio de “Nadie como tú”, que pronto desembocó en “Cristales rotos”, incluida en el último disco y que significa la primera balada en la carrera de Patente de Corso. En ella, el nuevo fichaje David Espinosa se encarga con muy buenas maneras de tocar el piano, sobre el cual Juanma derrocha sentimiento, en un tema muy emocionante. Llegado a la mitad, la banda entra con fuerza dándole un plus de pasión, destacando un impresionante solo de Pabo Benítez. Uno de los momentos de la noche.
El concierto estaba en su nivel más alto, y yo ya tenía claro que era la mejor actuación que había visto a la banda (y van unas cuantas). También ayudaba el hecho de tener un sonido nítido y cercano a la perfección y una sala llena con un público muy atento. “Tierra muerta” no hizo más que confirmar estas sensaciones, mostrándose como uno de los mejores (si no el mejor) tema del nuevo disco, tanto por música como por letra, incluyendo también un pasaje central con Paco Benítez a un nivel excelso.
El comienzo caminaba hacia el final con los músicos dando lo mejor de sí mismos, conscientes del éxito del show y las buenas sensaciones que nos producían. Fran Montero no hacía más que sonreír y acercarse a sus compañeros mientras tocaba, siendo el que más exteriorizaba sus sentimientos. Y tras ellos, “Cozy” inmenso durante todo el concierto, uno de los baterías más técnicos y enérgicos de nuestro país.
“Nada tiene sentido”, uno de los temas más conocidos del primer disco y la rocanrolera “Ahora o nunca” nos condujeron al final del concierto, antes de los bises, que culminaron a lo grande con “Nacidos con un solo fin”, un tema largo e intenso tras el cual se despidieron para darse el gusto de escuchar al público pedir más.
Tras unos minutos de espera, la banda volvió al escenario para las consabidas propinas. Estas consistieron en “Donde quiera que estés” y una brutal “No nos harán cambiar” en el que echaron el resto, para terminar con “Corsario”, con todo el recinto hecho una fiesta.
Sin duda, el mejor concierto de Patente de Corso que he podido ver, y uno de los mejores contemplados en la We Rock de los que he podido asistir. Este tiempo de descanso (al menos de cara al público) les ha hecho volver con más fuerzas y con más ilusión si cabe.
Por días como este es por lo que muchos seguimos al pie del cañón.
Texto y fotos: Santi Fernández «Shan Tee»

