Ya iba siendo hora de que estos holandeses dejaran de ordeñar aquel “Mother Earth” del 2000, obra maestra por su parte, y demostraran al personal que aquello no fue tan solo un espejismo.
Robert Westerholt (guitarra) y la deslumbrantemente dulce -no sé si más en imagen o en persona- Sharon Den Adel (voz), vuelven con ese exquisito metal épico-sinfónico tan característico suyo con este “The Silent Force”, que a más de uno nos ha devuelto una generosa sonrisa en el rostro. A lo mejor no está todo perdido…
Con un pegadizo single como carta de presentación, “Stand My Ground”, para el cual se ha rodado un lustroso e imagino que costoso video-clip (y que aquí se incluye), claro reclamo para llamar la atención del respetable (el que esté libre de culpa que arroje la primera piedra…) pero sin pecar de falta de calidad en ningún momento (memorable estribillo), la banda vuelve a jugar la misma baza que en su predecesor “Mother Earth”, es decir, epicidad en forma de coros operísticos arropados de distorsión o viceversa, aunque sin descubrirse ni apoyarse en trampas, sólo hay que pegarle un par de escuchas al redondo para darse cuenta de que el material bien merece la pena.
El trabajo suena fresco, épico, dulce pero a la vez contundente, melancólico e incluso triste… uno para todos y todos para uno, y pese a las inevitables comparaciones poco tiene que ver con los de coetáneos suyos como Nightwish o Evanescence, encaminados éstos más descaradamente hacia derroteros power o incluso pop, respectivamente. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, y desde luego la riqueza de matices de este “The Silent Force” despunta sobre el resto con diferencia.
Una melancólica “Intro”, cómo no, conduce a lo que sirve de apertura, “See Who I Am”, un fuerte y épico comienzo que se te clava desde el principio y para lo cual ayuda el estribillo (“free our minds and find a way, the world is in our hands”). Memorable, claro que sí. Igual de contundente aunque de cadencias más lentas e incluso me atrevería a decir que depresivas es el siguiente “Jillian (I’d Give My Heart)”, un temazo de la cabeza a los pies que me recuerda un tanto a aquella “Naturaleza Muerta” de los hermanos Cano, no sé si por el delicado timbre de Sharon (similar al de Ana Torroja), por las melodías en el estribillo o porque uno ya me empieza a estar más pallá que pacá.
En otro plano, la ambiental y sobrecogedora “Pale” recuerda a los cortes más celtas de Mike Oldfield, mientras que la sosegada “Memories” evoca eso, recuerdos a tutiplén que sacuden como olas en el mar (tan real como la vida misma). La cabalgante “Forsaken” y una pegadiza “Angels” quizá pasen algo más desapercibidas (sin desmerecer, eso sí), y en la dramática “Aquarius” (no, no es el himno hippie que acribillara nuestro Raphael) vuelven tanto la intensidad como la grandilocuencia. Rematan la faena una más rítmica y radiable “It’s The Fear” (¿el segundo single, tal vez?), para cerrar con la romántica y tranquila “Somewhere”, un broche perfecto (si esto fuera una película aquí se vería un travelling aéreo-paisajístico).
Lamentablemente algunos, los más muchos, utilizarán el single hasta quemarlo (y una vez quemado lo seguirán utilizando… de posavasos), y otros cuantos, los más pocos, habrán visto en él una jugada sucia y rastrera y ya estarán buscando el sustituto entre el más recóndito sello discográfico. Si no estás en ninguno de estos grupos y andas escaso de prejuicios te recomiendo encarecidamente hacerte con este disco, ideal para desengrasar entre guitarras polvorientas, muñequeras afiladas y guturalidad porque sí.
Bubba
