Ya oímos hablar de esta banda el año pasado con su buen debut “Witchcraft”, aunque pasó sin demasiada gloria por las listas europeas. Y es que a esta banda se le acusa, y no puedo estar más en desacuerdo, de poco original y falta de personalidad. Todo porque practican y beben del Rock de los maestros de finales del sesenta y principios del setenta, de la movida del Doom y el Heavy Rock británico y americano concretamente (de la que no tenían conocimiento en aquel entonces, claro). Y lo hacen, dicho por ellos, para los amantes de esa época y ese estilo, para los enamorados de los primeros setenta, como una especie de tributo u homenaje. Por mi que sigan ofreciéndonos homenajes de aquella época, y más si son de este tipo. Se trata de transmitir las sensaciones que aquella música producía y Witchcraft lo hace la mar de bien, no se puede buscar originalidad en este tipo de discos, ni falta que hace.
En un principio y como muchísimas bandas hacen, estos cuatro suecos veinteañeros se dedicaban al tributo, nombres tan cachondos como Magnus Pelander (voz, guitarra), Joh Hoyles (guitarra), Ola Henriksson (bajo) y Jonas Arnesén (batería) ponían sus callos a disposición de Pentagram y Roky Erickson (The Thirteenth Floor Elevators) concretamente. Sacaron a la calle un 7’’, “No angel or demon” en 2002 con la casa Primitive Art Records. Hasta que el sello inglés Rise Above Records (alabado sea) se interesó por ellos y decidieron grabar un primer larga duración excelente, ya digo, sin demasiada repercusión y bastantes críticas, más negativas que positivas, eso sí, se hicieron con una pequeña legión de fans ya con un primer disco. Ahora, sin esperar una evolución en su estilo ya que no tendría sentido, sí se nota una evolución en cuanto a calidad compositiva y sonido.
Con una portada (mucho mejor la de su disco anterior) oscura e ilustraciones de brujas y símbolos medievales viene enfundado este “Firewood”, cuya carta de presentación es “Chylde of fire”, tema con el que los tres cuartillos de hora que dura el disco empiezan la cuenta atrás. Inmediatamente te llega el tufillo de los setenta, y es que este disco, al igual que el anterior, está grabado con equipos de la época y de forma analógica, contribuyendo a producir esas sensaciones de las que hablaba hace un momento. La buena mano del productor Jens Henriksson también tiene parte de culpa. Con un sonido muy cercano a Pentagram quizás este primer tema despista un poco respecto a lo que está por venir, ya que los siguientes cortes se adentran un poco más en las tinieblas y dejan paso a los sonidos envolventes y las voces cautivadoras de Magnus, un gran cantante que, ya os adelanto, aborrecerás o te enamorarás de él forever. Sin llegar a la dureza de Black Sabbath, todos los temas recuerdan enormemente a ellos, pero si se profundiza un poquito más se ven influencias igual de importantes como las de Atomic Rooster, Captain Beyond o incluso la Psicodelia y el Bluesy de bandas como Free, estando Pentagram siempre presente y de forma especial como demuestran al incluir como bonus, una versión (escondida y pasados unos minutos del fin del último tema, “Attention!”) de la súper copla “When the screams come” que deja perfectamente claro quienes son su alter ego.
Como momentos álgidos del disco me quedo sin duda con el cuarto tema, “Wooden cross (I can’t wake the dead)” donde tenemos a un jander clander Magnus Pelander, que se sale, más que cantar se lamenta, tal y como hiciera el Ozzy de aquellos años gloriosos (cuando valía), con unos riffs arrebatados directamente de la púa de Iommi. O el buen rollito de “You suffer”, de guitarras enfermas de Blues y Funky mezclado con sutiles toques Stoner, como en la primera mitad de “I see a man”, que en su segunda se vuelve más oscura y dura. Temas como “Mr. Haze” o “Queen of bees” son un buen ejemplo del gran acierto con que mezclan el sonido de sentimiento Bluesy y el Doom de principios de los setenta, con pequeñas aportaciones Jazzies y el Stoner “más fresco” que se practica actualmente.
Altamente recomendable para todo aquel ávido de sonidos setenteros y dispuesto a retroceder unos treinta años en el tiempo para encontrar un pequeño resumen de lo que fue una de las mejores épocas, si no la mejor, del Rock. Qué buenas cosechas la de aquellos años… Retro Rock Revival!!
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Didac Bello “Crucificado”
