CORROSION OF CONFORMITY “Deliverance” (1994)

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corrosionofconformity_deliveranceCorrosion Of Conformity, para el que no los conozca, que todavía habrá alguno, fue una de las bandas pioneras de aquel lejano Hardcore que se practicaba en los años ochenta. Compañeros de viaje de grupos como D.R.I., Suicidal Tendencies, Crumbsuckers, Ludichrist y tantos otros que tuvieron su medio minuto de fama hace ya casi 20 años. Por aquel entonces utilizaban, como era moda y costumbre en este particular estilo, sólo las iniciales (C.O.C.) del nombre y eran capaces (también una característica del Hardcore) de meter más de 20 coplas en menos de media hora con un sonido maquetero y sucio pero entrañable a la vez.

Provenientes de Raleigh, Carolina del Norte, editan su disco debut, “Eye For An Eye” en 1983, con Reed Mullin a la batería, Mike Dean al bajo y Woody Weatherman a la guitarra, convirtiéndose automáticamente en una de las bandas más queridas por los fans, lo que les lleva a fichar por Combat (famoso sello especializado en Hardcore) con el que publican sus dos siguientes trabajos, “Animosity” (1985) y “Technocracy” (1987), donde poco a poco van puliendo y mejorando su estilo y sus maneras y terminan de consolidarse como uno de los puntales de la escena. Después vino una de sus famosas paradas, cuatro años de sequía, entre otras cosas porque Mike Dean se fue del grupo para ¡¡estudiar español en Guatemala!! mientras que son reclutados para la causa Peeper Keenan como guitarrista y Karl Agell como cantante. En estos años se produce la primera gran metamorfosis del grupo. Para bien o para mal el virus del “metal” que se adueñaba de las bandas que practicaban aquel Hardcore primitivo (llamado en la época con el eufemismo de “Crossover”) y al igual que antes lo hizo con D.R.I. o Suicidal Tendencies, atacó a nuestros protagonistas y en 1991 sacan a la luz “Blind”, un disco de poderoso Thrash Metal demasiado influenciado por Metallica. El disco, a pesar de ser una verdadera joya absolutamente recomendable, no obtiene los resultados esperados por la banda y ésta decide hacer un nuevo receso, volver a sus cuarteles de invierno y continuar con una nueva metamorfosis de la que saldrán los Corrosion Of Conformity actuales.

Mike Dean vuelve al grupo, Karl Agell es invitado a marcharse con su música a otra parte y Peeper Keenan asume, con plenos poderes, el papel de líder indiscutible del grupo y se hace cargo de las voces además de seguir tocando su espectacular SG. Otra de las claves en esta nueva mudanza de la banda es la entrada de John Custer como productor, compositor, miembro en la sombra y verdadero gurú espiritual.

1994 ya no es como 1983 ni como 1987 y ni siquiera se parece, ni un poquito, a 1991. En 1994 toda la industria de la música ha cambiado. Grupos como Nirvana o Pearl Jam por un lado y Pantera y Sepultura por otro son ahora los amos del cotarro. Atrás quedan los viejos tiempos del Hardcore e incluso el Thrash Metal, si exceptuamos a los sempiternos Metallica (que ya en ese año habían dejado también de hacer Thrash Metal) está más que olvidado. Los años noventa han barrido con todo y quedan pocos supervivientes de la década anterior. Para Corrosion Of Conformity nada de esto importa. Ajenos a todo lo que acontece a su alrededor y con un contrato con la todopoderosa CBS/Sony se encierran con Custer en unos estudios de Atlanta para gestar lo que sería su definitiva obra maestra: Deliverance

No puedo ser sincero y objetivo. Si intento ser parcial voy a acabar mintiéndote sobre este disco porque, sencillamente, amo este disco y voy, como casi siempre, a contarte mejor las cosas con el corazón que con la cabeza. Yo me compré este disco a la vieja usanza, a ciegas, con plástico para desvirgar en casa, el asfixiante verano de 1995. Diez años después necesito ponérmelo con frecuencia de la misma manera que necesito respirar o comer. Desde la primera nota, desde el alarido inicial de Peeper en “Heaven´s Not Overflowing”, desde los primeros golpes de Reed Mullin a su batería supe que a partir de ese momento mi vida (musical, se entiende) ya nunca más iba a ser la misma y estos últimos años sólo han servido para corroborar todo esto que te digo.

Partiendo claramente de los Sabbath de principios de los setenta, con claras influencias de bandas como Thin Lizzy o Metallica (bonita mezcla) y con un sonido casi perfecto que te deja la sensación de que la banda está tocando en el salón de tu casa, son capaces de facturar coplas que suenan modernas y clásicas al mismo tiempo y que hoy en día siguen tan vigentes y actuales como cuando fueron publicadas.

Temas hay para todos los gustos, la mayoría con riffs inmensos, desgarradores y pesados como “Albatros” o “Broken Man” o afilados y secos como los de “Clean My Wounds” o “Señor Limpio” pero también los hay más tranquilos como “Shelter” o con un punto de arrogancia y chulería como la que tiene “Deliverance”, donde por cierto el que canta es Mike Dean. Todo esto aderezado con tres canciones instrumentales cortas que le dan un punto de exotismo y que están perfectamente repartidas por el disco haciendo éste todavía más entretenido si cabe. El colofón, la guinda a este pastel digno del mejor gourmet, la pone “Pearsl Before Swine”, un extenso tema lleno de atmósferas sudorosas, pesadas, que acabarán con la poca resistencia que te quede antes de caer rendido a los pies de estos tipos.

Siendo todavía más claro y directo: un disco perfecto con todos los ingredientes para convertirse en todo un clásico y que me juego el cuello que no te va a defraudar aunque ya puestos he de confesarte que su siguiente disco, “Wiseblood” es, si cabe, todavía mucho mejor. Imprescindible.

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Pedro Salinas «Pears»