Directamente desde Vancouver (Canadá) viene este apocalíptico huracán llamado Tyrants Blood, aniquilando y devastando con una inusitada y terrible fuerza en su segundo álbum.
Formados en el verano de 2005 por el guitarrista Marco Banco (ex–Witches Hammer, Blasphemy, Thor, The Chargers) y el batería Kevin O´Driscoll (ex–Volatile), la banda se consolidó con el bajista / voces Vinnie Lee Borden (ex–Omega Crom) y el guitarra Tom Lewko (ex–Omega Crom), empezando con ellos el cantante Shawn “Darksoul” (Ritual Demyse, ex–Demyse), quien fue sustituido por Andrew Russell, con el que grabaron su primer disco: “Tyrants Blood” (Morbid Mon Records, 2006). Luego le sucedió el compartido, junto a los griegos Almighty Sathanas y los italianos Blasphemophagher, editado por Black Vomit Records en 2008. Y el E.P. “Prophecy” (Invictus Productions, 2008), con cinco canciones (incluyendo las tres del compartido). En esos lanzamientos ya era Matt Blood (ex–Sik Fuk, Abuse, Crackwhore, Tumult) el batería.
Había nuevo movimiento en el puesto de pregonero infernal, entrando Brian “Messiah” Langley (Mecha Messiah, ex–Infernäl Mäjesty), y registrando con él “Cast Onward Into Oblivion”, siendo editado, como su anterior lanzamiento, por los irlandeses de Invictus Productions.
Los canadienses, durante poco más de media hora, nos azotan, casi en su totalidad, los oídos con mucha violencia y vehemencia sonora con un brutal e hiper-rápido Black / Death Metal que apabulla sobremanera. Aunque de primeras pueda sonar bastante caótico, si escuchamos detenidamente dominan a la perfección los tempos, velocidad, técnica… prevaleciendo en las composiciones los arrasantes riffs de Marco Banco y Tom Lewko, y la rapidísima batería de Matt Blood. La voz rajada y casi poseída de Brian “Messiah” Langley muchas veces es acompañada por guturales, supongo que del bajista Vinnie Lee Borden.
Nos arrojan totalmente a las llamas del Averno en “Cast Into Hell”, y si con la inusitada, atroz, violenta y furibunda velocidad y brutalidad de esa canción nos dejan perplejos, las siguientes no le andan a la zaga: “Torn From The Sky”, “Behold The Conqueror” y “Empire Of Acheron”, ante su extremismo y rapidez, te pueden incitar a que gires la cabeza como la niña de El Exorcista, o dejarte acojonado con su visceralidad.
Ante tanto rasgueo y erosión de cuerdas, aporreo y machaque de batería, y gargantas estrujadas hasta la extenuación y esputando atrocidad vocal… hay algunos momentos para el respiro y que sientan de maravilla a los pabellones auditivos, aunque no sean muy extensos. El final con guitarras acústicas trenzando excelentes melodías de “Empire Of Acheron” lo unen, continuando las buenas melodías de las acústicas al comienzo (y luego final) de “Slithering Into Exile”, donde tras el respiro atacan de nuevo vilmente, aunque luego hay otra perfecta parte instrumental repitiendo las melodías iniciales que hace del tema uno de los más interesantes, al menos para mi, de todo el trabajo.
“Deceiver” vuelve a la hiper-brutalidad (aunque con algunas pizcas de melodías guitarreras), siendo una composición rescatada de su primer larga duración. La batería de Matt Blood ametralla, y las guitarras las hacen chirriar, en el devastador tema-título “Crushing Onward Into Oblivion”.
Y para el final dejan el tema más extenso, la épica “Slaine: The Berzerker”, con más de ocho minutos, dividido en tres partes: “I. Cauldron Of Blood” (más borbotones de salvaje visceralidad), “II. Eyes Without Life” (acariciándonos los oídos de muy buenas maneras otra vez las trabajadas melodías instrumentales), y “III. Flesh Cage Of Insanity”, donde nos vuelven a azotar sin ningún pudor, aunque es otro momento resaltable del álbum, porque a la desbocada brutalidad, le añaden veloces solos de guitarras muy bien ejecutados.
Lo malo de este arrasador disco es que en lo poco que dura suena excesivamente homogéneo, y si no estás prestándole la debida atención a las canciones, salvo por los destacados momentos más relajantes y con melodías comentados (poquitos), parece que estés escuchando un tema excesivamente extenso. Y es que tanta mega-brutalidad y fiereza a mi en disco me termina cansando. En pequeñas dosis está bien, pero escuchar las canciones seguidas de un álbum de estas características, me termina resultando cansino, por norma general.
“Bestial Prayers Of The Black Goat” es la más reciente edición de los canadienses. Un cassette compartido, con los peruanos Demonic Sacrifice y los colombianos Maleventum, limitado a 100 copias editado por los peruanos de Pentagram Records en este 2010.
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Starbreaker
