El segundo disco de la rockera banda argentina se editaba oficialmente en agosto de 2007, pero a servidor se lo mandaba el propio bajista de la formación (¡muchas gracias, “Willy”!) algo más de un año después de su publicación.
De nuevo volvían a poner su música al servicio del público de manera independiente, como ya lo hicieron con su primer trabajo, “Torcaza” (2001), comentado por aquí. El cuarteto hizo de todo: composición y arreglos, grabación y mezclas (en Lituania Estudios entre octubre 2006 y mayo 2007) –aunque la batería fue grabada entre los estudios Fito Messina y los Lituania Estudios en mayo de 2007. Llegando a conseguir una grabación que suena mejor, y con más fuerza y energía que la anterior. También hicieron la edición y diseño. ¡Y menuda portada y diseño gráfico del magnífico libreto! Cada letra de cada canción está acompañada en el libreto de algún estupendo dibujo o dibujos (y una frase), habiendo detalles de cada uno de ellos en la genial portada.
En el tema de apertura “7 vidas (caen gatos)” mezclan su rock directo con acertados toques de música argentina, haciéndose notar de maravilla el bajo de Guillermo “Willy” Curia. Como también lo hace en el comienzo, y durante, el siguiente tema, “Negro el 11”, además de resaltar las buenas maneras a las guitarras, sin demasiadas complicaciones pero más que efectivas, de Carlos Legrad (sustituto de Sebastián “El Gnomo” Grocci, habiéndolo sido éste de Fernando Grille “Cuerdas”) y apoyando Martín Pérez (además de ser el vocalista).
“El Pastor Alemán” es una de las canciones que me atraparon desde la primera vez que escuché el CD. Iniciada con arenga militar en alemán y la batería de Alejandro “Kokotes” Montero (reemplazo de Santiago Casanova “Pela”) a ritmo militar. La composición está cargada de cierto sentimiento, ayudando en ésto la voz y acento argentino del vocalista Martín Pérez. Finaliza sonando otra vez la voz, dirigiéndose a las masas, de un personaje que por desgracia hizo historia.
Calmada y destacada es “Dicen”, que me retrae a la época de los años ´60 ó ´70 del pasado siglo, con esa guitarra acústica y aires a bandas como Led Zeppelin, por ejemplo.
La melodía de guitarra dirige “Egoísta”, donde Martín hace uno de sus mejores trabajos a la voz de todo el CD.
“Sólo, nunca sólo”, a pesar de no ser una de las canciones que más me atraen, sirve para apreciar la eficiencia de la base rítmica (aunque no termina de convencerme plenamente el sonido conseguido de la batería durante la grabación) y el trabajo de las seis cuerdas, recordándome éste un poco a AC/DC.
En “Vacío por dentro” cuentan con la participación a la voz de Ciriaco Vera (del grupo Nagual). Pudiendo asemejarse en ciertos arranques a la voz durante el tema a Enrique Bunbury (Héroes del Silencio).
De ritmo vacilón es “El Boli internacional”, otra vez con ciertos aires al grupo de los hermanos Young. Haciéndome gracia algunas palabras durante la letra, aunque no entiendo de lo que trata, ya que se utilizan nombres o palabras empleadas (supongo) en Argentina.
“Panick attack”, es otra canción que no es de mis preferidas, aunque hay que volver a destacar la labor de la guitarra de Carlos. En cambio “La menor”, acompañada la letra por ese cautivador dibujo de la niña alada (que se ve también en la portada) obra de Wenqig Y., es una de las mejores canciones del disco, con partes algo sosegadas y otras más movidas, ambas acompañadas por bastante sentimiento.
Me complace poder decir con este disco que los rockeros argentinos siguen en buena forma tocando y componiendo, a pesar de las dificultades de la independencia.
La banda celebró, tras la salida de este segundo disco, su décimo aniversario, estando a los tambores Gastón (sustituto de “Kokotes”). Luego pasó el baterista Ezequiel Gil Román (de la banda La Cucaracha), pero al final ha vuelto a ocupar ese puesto Santiago Casanova, miembro fundador (junto a Martín Pérez) y quien grabara el primer álbum.
¡¡¡Aguanteeeeee, Torcaza!!!
Starbreaker
