A estas alturas los Ten de Gary Hughes no necesitan presentación. Con seis discos en estudio, contando este último, y un doble directo de la gira de “The robe” en poco menos de seis años se han hecho hueco en una escena acaparada por el Nu-Metal, el heavy en su vena más clásica, los punkrockers escandinavos y otras tantas tendencias. No obstante, los primeros pasos de la banda en 1996 no fueron tan generosos y la publicación de “Ten” y “The name of the rose”, aún recibiendo las mejores críticas por parte de los medios, tuvo una acogida fría, no sé si por cuestiones promocionales o paradojas del momento. En mi caso, ensimismado en los noventa más poperos (e interesantes para un servidor por aquel entonces) de “(What’s the story) morning glory”, “Garbage”, “Jagged little pill” o “Moseley shoals”, supuso una alegría volver a escuchar ese hard rock hecho con el corazón y que con unas pinceladas de AOR y algún toque heavy daba cuerpo a unas canciones extraordinarias. Por lo tanto, ver cómo “Babylon” entró en las listas de éxitos alemanas fue alentador en lo que a reconocimiento de un trabajo duro concierne.
Grabado en Reino Unido y mezclado en los Area 51 Studios de Hannover (Alemania) por Tommy Newton (Helloween, Kamelot, Elegy, etc.), “Far beyond the world” ha contado con el omnipresente Gary Hughes a la producción de nuevo. Aunque ahí no queda la cosa y el cantante, no satisfecho con la actividad que genera Ten, se encuentra ultimando una ópera rock con Bob Catley, basada en las leyendas Artúricas y de título “Once and future king”. El guitarrista John Halliwell ha sido el encargado de diseñar la portada de “Far beyond the world”, que recupera la austeridad de los tres primeros discos y se sale de los dibujos fantásticos que ilustraban “Spellbound” y “Babylon”.
Gary Hughes se sirve de su receta personal para componer estos nuevos once cortes, por lo que deja poco espacio para la novedad. Quienes conozcáis a Ten vais a encontraros con otra dosis de rock plagado de melodías suaves y en otras ocasiones de potencia, siempre templada por el tono grave de la voz de Hughes, que parece no forzar en ningún momento pero que le da a los temas esa candidez tan típica del grupo.
Por encima de todo, resalta la alta calidad de las composiciones, que no pierden comba con los anteriores álbumes de la banda y que recalcan la personalidad propia de Ten. “Scarlet and the Grey” y principalmente “Glimmer of evil” encierran el equilibrio fuerza-armonía seña de identidad de Ten, capaz de emocionar al más pintado. No me extrañaría que con la segunda más de uno caiga rendido porque retiene mucho de piezas del primer plástico tales como “Yesterday lies in the flames” o “After the love has gone”. Algo más heavies, sin embargo, suenan “Black shadows”, “High tide” y “Outlawed and notorious”. Las guitarras de Burns y Halliwell en la segunda contienen su punto de insinuación a los tempos de “Miracle man” y “That I never had” de Ozzy Osbourne, dándole un extra de caña al tema. La tercera, en cambio, desata una faceta metálica del grupo prácticamente desconocida hasta ahora, y es que la forma en que las melodías de voz y guitarra van paralelas trae a la mente el power que practican cientos de bandas en la actualidad.
El lado sensible de Hughes, siempre presente en los textos de las canciones (las letras de este trabajo son monotemáticas), se acentúa en las baladas, las cuales beben de fuentes muy distintas. “What about me?” está dentro de los parámetros de canción lenta hardrockera, esto es, tópica a más no poder pero que acaba convenciendo y gustando. “Far beyond the world” es si cabe más arquetípica, una balada clásica en toda regla cuya mayor aportación es un juego de voces en el estribillo realmente conseguido. Pero si hubiera que resaltar alguna, esa es sin duda “Heart like a lion”. Comienza destilando cierto sabor bluesy para convertirse progresivamente en una canción intensa alejada de la suavidad inicial, sin perder la elegancia que la envuelve a cada momento.
En otra esfera se encuentra “Who do you want to love?”, en la que una base de teclados de tono alegre saca a la luz la buena labor de Paul Hodson (Hard Rain, Bob Catley) a lo largo de toda la grabación.
“Far beyond the world” no es el tarro de las esencias si lo que buscas es cosas nuevas. Sin embargo, hará disfrutar a todos los que gusten de ese rock maduro y entrado en años entendido con buen gusto y paladar. Si eres seguidor de la banda, te encontrarás ante un trabajo impecable en todos los aspectos. Y es que Gary Hughes, a pesar de la marcha de Vinnie Burns una semanas después de grabar este álbum, es el alma mater de esta banda, no sólo por firmar la totalidad de los temas, sino también porque después de seis años no ha visto mermada su creatividad. ¿Quién dijo que el año recién finalizado había cerrado mal discográficamente?
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J. A. Puerta
