No cabe duda que Yosi es un tipo bastante peculiar y, guste o no, con sus defectos y sus virtudes se ha convertido en uno de los grandes personajes del Rock en este país. Con 25 años de profesión a sus espaldas, lejos queda ya aquel concierto teloneando a los Ramones en 1981, pocas cosas pueden reprochársele a él y a la banda que lidera porque en el camino, que no siempre ha sido fácil, nos han ido dejando, sobretodo en los años noventa, joyas del calibre de “Maldita sea mi suerte”, “Santa compaña” o el espléndido disco en directo “¿Hay alguien ahí?”, amén de buenísimos conciertos por toda la geografía española. Ahora, cuando alcanzamos la mitad de esta primera década del siglo XXI, la banda vuelve a reivindicarse con un disco exquisito, tranquilo y maduro (bastante intimista en ocasiones) donde Yosi alcanza, en opinión de este servidor que les escribe, su cenit como letrista.
Porque en el “El jardín de las delicias” Yosi cobra más protagonismo, si cabe, que nunca, mientras que la banda se dedica, especialmente Cereijo (del que tendremos que hablar más tarde), a arroparle con mimo y cuidado. Si en “Si yo fuera Dios” y sobretodo “Vísperas de todos los Santos” Yosi había mostrado su peor cara como compositor desde hace muchos años, ahora vuelve con fuerza y aunque los dos mejores temas del disco sean dos versiones, las coplas firmadas por el gallego no desmerecen en absoluto las de sus discos clásicos.
El disco comienza con la primera en la frente, la que da título al trabajo se encarga de abrir y de sentar las bases de por dónde van a ir los tiros esta vez. Un tema profundo, tranquilo, envuelto en una melancolía que casi da paso a la mismísima tristeza con una letra dura y amarga donde Yosi se explaya en lo suyo y Cereijo también con un doble punteo estremecedor que casa perfectamente con el sentimiento de la copla. “Vísperas de destrucción” es la primera de las dos versiones del disco. Más cañero que el anterior tema, la letra es una adaptación de la banda en un bonito homenaje al 11-M y una denuncia a las guerras. Siguiendo con su particular repaso a la actualidad (triste actualidad), “No le grites” es un alegato contra los malos tratos a las mujeres. Personalmente pienso que hay temas que de tan manidos y sobados están perdiendo la importancia que tienen aunque Yosi ha sabido darle un enfoque personal muy interesante. El toque más intimista (y pesimista) vuelve con otro espectacular medio tiempo llamado “No me pesa, es mi amigo” que me recuerda horrores a “Pardao” con más de nueve minutos de épica y coraje y que estoy seguro va a convertirse en uno de los clásicos en el futuro. Un paso más hacia las profundidades del alma es el que da en “Deja de llorar mi amor” “…sólo es un barco hundido… los sueños con él se fueron a pique”. Cereijo con la acústica le da, todavía más, un sabor doloroso y desgarrador a la dura letra de Yosi.
La segunda parte del disco continúa en la misma tónica. Con “Piensan” el de Ourense se reivindica delante de todos aquellos que han/hemos murmurado sobre él en los últimos años dejando claro la visión que tiene de la vida “Piensan que estoy muy loco pero aún sigo cuerdo”. “No llegaste hasta mí”, además de ser el single y un estupendo tema, corto pero emotivo, es la segunda versión, un tema de los Cheyennes, que es uno de los primeros que Yosi oyó en su vida como bien explica en los créditos del disco. Créditos que van incluidos en el propio disco, es decir que son una pista más de audio. Yo es la primera vez que veo (oigo) algo parecido y me ha parecido una excelente idea. El mismo Yosi es el que se encarga con sus propias palabras de nombrar a todas las personas que han trabajado en el disco. Todo un acierto.
Al final del disco encontramos “Burro cansado blues”, un tema necesario porque rompe un poco con el rumbo que la obra estaba llevando hasta ese momento. Como su nombre indica es un blues tocado a la manera de Los Suaves y que viene perfectamente para desengrasar. El cierre lo pone “La última canción” (explicito título) donde la banda vuelve a darle cancha a las guitarras afiladas. Esperemos que sólo sea la última canción de este disco y no sea ningún presagio ni anuncio encubierto. Los Suaves son necesarios.
Dije que tenía que hablar más detenidamente de Cereijo pero no lo voy a hacer. Para quien lo conozca sólo decir que posiblemente este sea su mejor trabajo con unos solos muy conseguidos y unos arreglos de guitarras que realmente mejoran muchísimo las canciones. Quien a estas alturas no lo conozca ya tarda en echarse a la oreja a uno de los mejores guitarristas de este país que además está en uno de los puntos más álgidos de su carrera.
Pues esto es todos amigos, para terminar sólo añadir que el disco sale en edición limitada con un deuvedé grabado en el Viña Rock de tres canciones y una lujosa presentación que hará las delicias de los más exigentes.
Ah por cierto, escuchad a Thin Lizzy también…
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Pedro Salinas “Pears”
