La música por muchos ropajes que le pongamos, a fin de cuentas, no deja de ser un medio de expresión donde volcar nuestros sentimientos. Sentimientos que no siempre tienen porque ser los mismos ni tampoco ser expresados de la misma manera. El amor o el odio, la alegría o la tristeza no tienen porque ser siempre iguales en cada momento y en cada persona.
Como, por mucho que nos guste, pasarse el resto de la vida escuchando Mötley Crüe tienen que ser un coñazo de cuidado y si la rabia o la alegría tienen su particular banda sonora en bandas que todos conocemos, ¿por qué no la melancolía, la tristeza y la desesperación no han de tener la suya?
No voy a hablarte de etiquetas porque yo en ese terreno pantanoso me pierdo, pero Evadne es una banda “depresiva” (que no deprimente), con desarrollos larguísimos, con una lentitud arrebatadora, capaz de crear atmósferas y ambientes muy interesantes y con esa marca registrada de este tipo de bandas, esa especie de ying-yang a dos voces, la dulce y melódica femenina y la agresiva gutural que tan buenos resultados ha dado anteriormente en otras formaciones.
Ésta es su primera maqueta, tres coplas que casi llegan a la media hora presentadas con todo lujo de detalles tanto por dentro como por fuera, lo que se ve y se toca y lo que se oye. No entra, ni mucho menos, a la primera y casi ni a la segunda. Son canciones que requieren un esfuerzo del oyente, una mínima concentración para ir captando los detalles, sumergiéndote en las melodías y dejarte llevar por los recuerdos y por las sensaciones que Evadne evoquen en tu mente y en tu alma. Eso sí, no apto para adictos al Prozac, para momentos de penurias y ni mucho menos para un sábado por la noche.
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Pedro Salinas “Pears”
