Slayer tienen un tema titulado “Silent Scream” (¡¡¡mortal la manera de enlazar “South Of Heaven” a “Silent Scream”!!!), pero estos barceloneses no tienen nada que ver con uno de los grandes del Thrash Metal, ni son una nueva formación de las muchas que han surgido en estos últimos años que rinden culto a dicho estilo. Los cinco jóvenes debutan con este álbum, el cual le costó lo suyo que viera la luz. A mitad de la grabación el bajista tuvo que marchar a trabajar a Galicia, y la jodida crisis económica también azotó a la formación, dejando a dos componentes sin trabajo, por lo que la banda tuvo que esforzarse para poder seguir en el local de ensayo, y con la grabación.
La idea de la creación de Silent Scream se inició en la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Barcelona, donde se conocieron Chus Corral (guitarra) y Lluís Cano “LouiSka” (batería). Era Semana Santa de 2001 cuando Chus adquirió su primera guitarra eléctrica (antes sólo tenía una española).
En 2002 comienza a completarse el grupo, primero con la entrada del guitarrista Daniel Alpáñez (amigo de Chus desde pequeño y compañero en las clases de solfeo, armonía y guitarra), con el que comenzaron a realizar versiones de Iron Maiden, Led Zeppelin, Yngwie Malmsteen y Joe Satriani. Un par de meses después la tarea de bajista recayó en el hermano de Lluís Cano, Xavi Cano, quien era guitarrista pero al que no le importó pasarse a las cuatro cuerdas. Continuando los chicos con la tarea de versionear grupos que les gustaban: Maiden, Malmsteen, Stratovarius, Children Of Bodom…
Llegados al año 2003 toman la decisión de empezar a componer canciones de cosecha propia, por lo que comienzan a buscar vocalista. Tras el paso de meses y meses de duro trabajo componiendo, buscando y encontrando un local de ensayo en Barcelona… en 2004, gracias a un anuncio, por fin dan con el vocalista definitivo, Daniel Claramonte.
La primera grabación que hicieron fue la maqueta “El preludio” (2006), grabada de manera casera en su local de ensayo con un ordenador y un micrófono. De esa demo de seis cortes volvieron a recuperar y grabar cuatro canciones para el disco (“Odio eterno”, “Victoria o derrota”, “Noche y niebla” y “Sin destino”). Tras la edición de la maqueta empezaron a tomar contacto con los escenarios.
Los once cortes de “Teoría de cuerdas” fueron grabados durante 2009 entre Dante Studios y Cima Digital Studios (registrándose aquí las baterías). Cargando la banda con la tarea de la producción, consiguiendo un resultado bastante decente, aunque con aspectos a mejorar, como el sonido sacado a la batería, por ejemplo. Finalmente el disco lo editaban el pasado febrero de 2010 con la distribución a cargo de los asturianos de Santo Grial.
Para ser el primer disco de Silent Scream no está del todo mal su debut, aunque siendo sincero, la clase de Heavy Metal que realizan no es que me apasione ni sea en la actualidad lo que más me atraiga o guste. Por norma general, termina aburriéndome, y eso que en cada composición hay heterogeneidad. Pero no se puede negar que tras las canciones de la banda hay muchas horas de trabajo y ensayo, cuidando con esmero la composición y los arreglos. Durante las escuchas de los temas se pueden percibir numerosas influencias de Iron Maiden y Edguy (incluido el tono vocal de Dani Claramonte, que se asemeja a Bruce Dickinson o Tobias Sammet)… más ráfagas veloces de Power Metal europeo, Metal Progresivo… y hasta guitarreo de Metal Neoclásico. También cuando suenan a Maiden, y al cantar en castellano, me vienen a la cabeza los gaditanos Sphinx.
Los cuatro instrumentistas se muestran con un nivel alto (en cada tema, y especialmente en la instrumental “Fuerza suprema”), y la voz principal, y voces, tiene diferentes registros, incluyendo hasta líneas vocales agresivas y rasgadas (“Delirios de grandeza”, “Sumergidos en el caos” y “Tu final”), aunque para mi éstas no están a buena altura. La diversidad musical y cambios es lo más normal en cada canción, y aunque con eso consiguen que se capten matices, nuevos detalles y elementos a cada escucha, sin embargo no tienen temas directos que te enganchen plenamente (puede que las que se acerquen sean la épica “Gritos en el silencio”, “Noche y niebla” y “Odio eterno”). Tampoco juegan a su favor que las composiciones, en su mayoría, pasen de los cinco minutos (exceptuando “Noche y niebla” y “Fuerza suprema”). La verdad que me cuesta imaginar un concierto del grupo donde la gente cante y se vuelque por completo ante canciones insignias.
Invitaron a dejar sus huellas en el disco al guitarrista Ángel Romero (Seven Seas, Hapax, ex–Rain), con un solo entre el guitarreo de “Odio eterno”, y a Israel Ramos (Amadeüs), que participó con su voz en “Victoria o derrota”.
Hay que hacer mención al buen y original trabajo de portada (eligieron ésta de ocho posibles) y libreto por obra de Fernando Medina.
Intentando acercarme a la total objetividad, el disco tiene variedad y extensión en cada canción (quizá en demasía), siendo un álbum correcto. Más si lo comparamos con otros trabajos de grupos nóveles, y no tan nóveles, de nuestro país. Pero tampoco es que sea un disco para lanzar las campanas al vuelo y agasajar sencillamente a la banda. Espero que Silent Scream sigan trabajándoselo, logrando y definiendo su propio sonido, aunque eso en los tiempos que corren es ya prácticamente una utopía.
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Starbreaker
