Nada mas escuchar el primer tema del álbum “Coming Home”, una cifra se te estampa en la frente: 70, los 70 (concretamente del 1968 a 1974). ¿Os dice algo esa época? Estoy seguro de que comenzáis a asociar obras maestras a los años comprendidos en ella: Led Zeppelin, Deep Purple, Black Sabbath…
Es curioso y ya se ha hablado muchas veces, de la cantidad de casas de discos que apuestan en los últimos años por los sonidos y estilo de los 70 y la de bandas de aquella época que ahora están midiéndose de igual a igual (yo diría que con superioridad) con bandas actuales. ¿Estamos viviendo una etapa retro? Pues yo que me alegro.
Al grano, ¿quiénes son y de dónde han salido esta gente?, pues bien, la banda está formada por Sam Riffer (vocal y bajo), K.G. West (guitarra y vocal), Love H. Forsberg (batería y vocal) y Oskar Lundström (órgano y vocal), cuarteto que se forma en Estocolmo allá por el 1997 y que a base de bolos y giras por Suecia van madurando su música, hasta que la casa de discos Rage Of Achilles decide contratarlos y sacan al mercado éste, su disco debut.
Desde el primer tema al último se van sucediendo auténticas joyas sonoras, podéis pensar que es otro clon de los muchos que pululan por ahí, pero no, esta banda es auténtica, influenciados por bandas de los 70 pero con estilo propio (¿Retro-Rock?). El Hammond de Oskar os hará vibrar durante todo el disco, teniendo auténticos “diálogos” con las guitarras y la voz de Sam en temas como “’Just Another Day” o “Little Man” que os recordarán los mejores momentos de los Doors o los principios de Uriah Heep, las “maneras” de Deep Purple están presentes en todo momento, especialmente en “Until Time Leaves Us Again”, donde la batería y el órgano son protagonistas, “Fever” os recordará inmediatamente el “Since I’ve Been Loving You” de Zeppelin, “Trippin’” y “Rasayana” son las más progres y psicodélicas, la groovy “Roots”… 13 temas en total, de los que me es imposible destacar ninguno por encima de los demás, en el disco viene resumida la historia de lo que para mi, es la época dorada del rock.
Me aconsejaron no dejarme llevar por la emoción y que me fijara en lo bueno y lo malo (o menos bueno) del álbum para hacer la reseña. De lo primero seguramente he pecado, pero este disco solo tiene una cara, y no encuentro nada en él que le falte o que le sobre.
Resumiendo, ahora que se acerca la Navidad, creo que éste disco sería un estupendo regalo (sobretodo para vuestros oídos). De lo mejorcito que ha sonado en mi equipo en mucho tiempo.
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Crucificado
