Me vais a permitir que haga un breve viaje atrás en el tiempo. En concreto hasta 1982, cuando yo era un mozalbete imberbe que no hacía mucho tiempo había descubierto el Rock. Andaba yo en la emocionante tarea de aprenderme de memoria cada surco de mis primeras adquisiciones discográficas de grupos como Deep Purple, Led Zeppelín, Leño o Barón Rojo, y mi sed por conocer nuevos horizontes era insaciable. En estas, un amigo vino de una pequeña estancia en Londres, y me citó en su casa para contarme cosas del viaje. Afortunadamente, trajo bajo el brazo un par de discos que cambiaron mi vida.
– ¡Hostias, como mola esta portada!
– Pues ya verás como suena, en Inglaterra están que no cagan con ellos.
Mi amigo César pinchó aquel disco de portada impactante, y yo no podía creerme lo que salía por los altavoces.
– ¡Tío, esto es impresionante, vaya caña que tienen!
– Ya te digo que en Londres son la nueva sensación, ya sabía yo que te iba a gustar.
– ¿Y cómo dices que se llaman?
– Iron Maiden.
– Pues sube más el volumen, esto hay que escucharlo a todo trapo.
– No puedo subirlo tío, mi hermano el pequeño tiene 2 años y está durmiendo en la habitación de al lado…
Efectivamente, aquel día descubrí a Iron Maiden, quienes se convirtieron en mi grupo favorito durante muchos años.
Hoy, 2 décadas y media después, hace años que perdí la pista a aquel amigo, pero mantengo mi pasión por Iron Maiden.
Las vueltas que da la vida. A aquel niño pequeño que dormía plácidamente mientras nosotros flipábamos con Steve Harris y compañía me lo encuentro ahora, más de 20 años después, atronando mis altavoces. Se trata de Eduardo Olmos, cuya poderosa batería retumba en mi pecho y es, sin duda, uno de los alicientes más destacados de este disco. Quien me lo iba a decir… El resto de la formación la componen Marco Marouco (bajo), Ricardo Ruiz (guitarra), David Ballester (guitarra) y Miguel Corte-Real (voz), cantante también del grupo portugués Arya. Desgraciadamente, David Ballester murió hace unos meses, algo que dejó lógicamente conmocionado al grupo, que hizo un concierto de homenaje en su memoria.
Sabatan no son unos recién llegados. Llevan desde el año ’95 en esto, y son referencia al contar en su primera formación con Elisa Candelas, más tarde en Dark Moor y actualmente en Dreamaker. La formación ha sufrido varios cambios y han editado varias maquetas, una de las cuales, “Metal Louder” (2001) fue reseñada en su día en esta web.
Duros, contundentes y enérgicos, Sabatan conciben el Heavy Metal con mucha caña y mala leche, a veces tanta que llegan a sonar un tanto atropellados, adentrándose por momentos en el Thrash Metal e incluso más allá. La contundente batería de Eduardo Olmos lleva al grupo por caminos tortuosos, apoyado por el bajo de Marco Marouco. Las guitarras de Ricardo Ruiz y David Ballester se complementan bien, con algunos momentos de lucidez personal, pero trabajando más en pos del conjunto resultante. La voz del portugués Miguel Corte-Real, más un invitado que un miembro permanente, suena rabiosa, recordando notablemente a Paul Di’Anno
La rabia y contundencia de las canciones no hace que éstas sean simples, sino que están muy trabajadas, con muchos cambios de ritmo y partes diferentes en cada tema, señal de la madurez del grupo, sobre todo en temas como “Memories”, donde dejan ver influencias de Iron Maiden y Judas Priest, combinándolas con su propio estilo, y la rocanrolera “Live On”, quizás el mejor tema del disco.
El disco tiene vocación internacional, tanto es así que no sólo las letras, sino incluso todos los créditos del disco están en inglés.
Las últimas noticias que nos llegan de la banda nos hablan de la vuelta a la formación de Octavio, un antiguo bajista de Sabatan, el paso de Marco a la guitarra y la posibilidad de integrar a un cantante definitivo.
Ojalá Sabatan logre estabilizar su formación para convertirse en una banda grande e importante. Ganas no les faltan.
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Santi Fernández «Shan Tee»
