RUSH “Vapor Trails” (2002)

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rush_vaportrailsTras seis años de ausencia vuelve el trío canadiense con un disco que (me) deja un sabor de boca un tanto raro, un poco de decepción, algo de perplejidad, asombro y disfrute a partes iguales.

La historia de Rush es lo suficientemente larga como para poder apreciar unas muy claras etapas en función de las influencias asimiladas en cada periodo: Si los primeros años del grupo (70s) fueron experimentales, casi alucinógenos, una segunda etapa (80s) mucho más madura fue la que les consolidó como el grupo de rock progresivo por excelencia, influyente en las nuevas generaciones de grupos del estilo. Entrados los 90s, las nuevas tendencias musicales procedentes de Seattle marcaron tanto el devenir del rock en general que llegó hasta los maestros de un estilo que estaba en el lado opuesto de aquellos patrones compositivos. Así se parieron discos cuyas influencias hicieron a Rush dejar atrás los teclados y marcaron los ritmos gruesos de guitarra y los aires tristes en la mayoría de sus composiciones.

Cada etapa se ha ido cerrando con un disco en directo, así es que después del triple “Different stages live”, el que suscribe pensaba que iba a haber un cambio mucho más sustancial en el concepto del nuevo disco, máxime teniendo en cuenta el tirón de grupos que han mamado de ellos, caso de Dream Theater por ejemplo. De ahí lo que comentaba al principio sobre la ‘decepción’.

Sin embargo, si uno escucha atentamente el disco no se trata de una obra fácil ni en cuanto al trabajo que lleva dentro ni tampoco en cuanto a la asimilación del propio trabajo. No es un disco de rock progresivo al uso, tampoco tiene mucho que ver con los Rush más antiguos ni con la etapa de teclados y samplers de los 80, más bien es una continuación lógica de discos como “Test for Echo” o “Counterparts” aunque muy marcado por las condiciones personales de los miembros del grupo: la tragedia familiar de Neil Peart -sobre todo-, la personalidad de Alex Lifeson y la madurez de Geddy Lee.

Es un disco mucho más guitarrero que lo anterior, . Tampoco hay teclas, y las melodías y letras son más bien de corte pesimista, casi grunge, con algunas que recuerdan bastante a los Led Zeppelin del “Houses of the Holy” o del “Physical Graffitti”, especialmente en “Secret touch”.

La batería de “One little victory” abre el disco de forma casi brutal, pero es solo un espejismo, aunque el tema en sí es un compendio de lo que es el disco entero. Hay otros cortes que tienen poco que ver, y que siguiendo la comparación Zeppeliniana (ya digo que encuentro muchas reminiscencias) se acercarían más al “III”, menos enérgicos como es el caso de “Peaceable kingdom”, “How it is” o “Out of the cradle”. “Vapor trail” y “Ceiling unlimited” son lo más parecido a los Rush más clásicos, y en el resto de temas se dejan ver mucho más las influencias oscuras.

Habilidad, maestría, personalidad y la tranquilidad que da el tenerlo ya todo hecho. El maestro Neil Peart recupera la dirección musical, soberbio. La voz de Geddy Lee sigue impasible al paso del tiempo pero pierden algo de protagonismo las partes de bajo (excepción de “Ghost rider”) , y la guitarra de Alex Lifeson sigue sorprendiendo por lo la sobriedad y la carencia de solos, ni falta que le hace.

En definitiva, disco majo para los abiertos de orejas y los seguidores de toda la vida, y perfectamente prescindible para los que se suben al carro después de escuchar a Dream Theater. Esperemos que en la próxima gira se acerquen por estas tierras, sería la primera vez en la historia y ya va siendo hora, aunque me da a mí que… en fin.

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Alvar de Flack