De mano de la compañía holandesa Starlight nos llega Aquila. Este trío está liderado por Fred Hendrix, un guitarrista-cantante con amplio bagaje a sus espaldas que militó en las filas de Terra Nova. Éstos llegaron a editar tres álbumes: “Livin’ it up” (1996), “Break away” (1997) y “Make my day” (1999). Producida la ruptura del grupo, Fred no tardó en componer temas para una nueva formación. Con el apoyo incondicional de su hermano Ron y los servicios de un batería, Eric Derix, crearon Aquila. Ya a finales del año 2000 empezaron a dar forma al primer álbum, que es el que ahora nos ocupa. Mientras la publicación de este trabajo se hacía efectiva a comienzos del presente 2002, eran los invitados especiales de Ten para abrir sus shows en Japón durante el pasado mes de febrero.
La propia banda se define como un conjunto de pop-rock y nada más lejos… Los catorce temas incluidos en “Say yeah” despiden un “tufillo” (entiéndase en el buen sentido de la palabra) comercial al que nadie escapa décimas después de poner en marcha el reproductor de CD. “Say yeah”, la canción que da título al disco, no puede ser más elocuente: un single mayúsculo que reventaría los charts si lo hubiesen grabado Smash Mouth, gracias a ese pop fácil de coro unánime que en versión rockera sólo puedo imaginar en boca de Def Leppard (quizá diez años atrás).
Detrás de algunos temas hay un trasfondo de grandes bandas hard. Por ejemplo, “Cecelia” o “Forgive me” recrean una vena melancólica al más puro estilo Mötley Crüe: baladas sin secretos pero hechas con buen criterio y algo más ligeras en el caso de Aquila. “Young and restless” encierra una energía en el estribillo que ya lo hubieran firmado Bon Jovi; gancho y calidad por bandera que, sin embargo, se ven empañados por una falta de energía notoria. Se echa de menos una guitarra eléctrica con más cuerpo y unos coros algo agresivos (más fuerza, señores…así no hay quien se levante de la silla emocionado). Otra en que la sale a relucir la influencia de Bon Jovi es “The end”, donde Fred adopta el deje grave de Jon en una demostración de habilidades vocales. La base de “Everyday” es aplastante: estrofas con gancho y un estribillo matador. ¿Inconveniente? De nuevo nos damos de frente con un sonido suavizado en demasía que roba la gracia al tema. En boca de Poison hubiera sido otra cosa bien distinta. Lo mismo se puede decir de “The kids wanna rock”, un himno festivo de estructura punk-rock que parece un chiste interpretada de una forma tan light. En pocas palabras, lo que escasea es algo de contundencia y garra que le metan al oyente una corriente de nervio en el cuerpo.
El sonido extremadamente limpio resta energía a unos temas hardrockeros que pierden su magia al pretender tocarlos como si se tratara de pop. La guitarra eléctrica no tiene presencia alguna y ello provoca que los temas no brillen como deben. Por supuesto, no todas las piezas sufren este problema y tanto “Nothing’s imposible now” como “Where is the sun” resaltan una faceta detallista muy atractiva. Aderezadas con bonitos arreglos de cuerda, cuajan como canciones de álbum pop y son las pequeñas joyas que esconde el plástico, paradisíacas y calmadas. “Busted” se encuentra igualmente dentro de este apartado: un tema pop con sonido pop, en su salsa, y cierto sabor a ritmo pegadizo ochenta.
Si Fred Hendrix canalizara la gran capacidad que tiene como compositor hacia el terreno hard estaríamos ante un nombre con verdaderos temazos bajo el hombro. No obstante, tal como están planteados en este disco, con una producción de unplugged sumamente nítida (responsabilidad del propio Fred), sólo puedo pensar que ha derrochado un puñado de talento. “Say yeah” es ante todo una declaración de buen gusto, pero una vez transcurridos los cincuenta minutos que dura, a duras penas transmite adrenalina y deja sabor a que se pasa de políticamente correcto.
J.A. Puerta
