Los californianos nunca fueron una banda de primera división, aunque para mi eran un grupo de los más destacables de los ´80 en el Heavy/Power Metal americano con sus primeros y buenos trabajos: “Battle cry” (1984), “Warning of danger” (1985), “The curse” (1986) y el EP “Nightmares” (1987). Liderados por Kenny Powell con sus buenos riffs, la base rítmica de Jody Henry (bajo) y Steve Wittig (batería), y la personal voz de J. D. Kimball (tristemente fallecido el 3 de octubre del 2003). En 1987 Kimball dejaba el grupo, sustituyéndole Coburn Pharr (más tarde en el “Never, neverland” de Annihilator), y grabando “Escape to nowhere” (1988), disco que no convenció a sus seguidores por tender a la comercialidad. Poco después la banda se separaba.
En 1996 Powell decide volver a la batalla junto a su hijo Greg a la voz y segunda guitarra, al bajista Andy Haas (antiguo compañero de Powell en Step Child), y al baterista Rick Murray. Así, en 1997 editan “Reopening the gates”, disco influenciado por Pantera (según he leído). El grupo toma la decisión de volver al sonido de sus comienzos, haciendo que Greg Powell abandone y forme Stomping Ground.
De esta manera Kenny Powell, Haas y Murray, se ponen a la búsqueda de un nuevo vocalista, encontrando finalmente a Kevin Goocher y grabando el sexto larga duración de Omen, encargándose de la producción el guitarrista. Disco que vuelve al sonido de máxima gloria de la banda, pero que si lo comparamos con los trabajos de esa época no llega a la calidad de estos. Y la verdad es que no es un mal disco, pero en el comienzo del CD están las mejores composiciones: “1000 year reign”, “Eternal black dawn” y “Burning times” (donde para mi mejor canta Goocher, con aires oscuros en su inicio), incluso si apuramos “Blood feud” (con enloquecedores riffs de guitarra), y a partir de ahí las canciones siguientes bajan en calidad: “House on rue Royale” (con dos partes, una con ritmo pesado al comienzo y luego otra con ritmo cañero que no se le saca el debido partido, aunque con buenas guitarras. Curiosamente los dos últimos párrafos de la letra no son dichos), “King of the seven seas”, “Chains of delirium” (enrevesado solo de Powell) y “Chaos in the Cathedral”, no llegan a calar en demasía. Goocher a veces recuerda al difunto Kimball (salvando las distancias) pero le falta más personalidad y no consigue convencerme del todo con su tono de voz, ni en “The specter of battles cry” (Medley), compuesto por extractos de viejos temas (“Make me your king” – del “Warning of danger”, “Dragon´s breath” y “Die by the blade” – del “Battle cry”, y “Nightmares” – del EP de igual título), logra que olvidemos al añorado Kimball.
El tono oscuro de la portada nos hace confundir la cabeza de la serpiente, que fue el signo distintivo de algunas portadas de antaño, con una pila de sacos de arena de los utilizados en los conflictos bélicos.
Es posible que con el siguiente logren acercarse más a su época de esplendor y calidad compositiva. De momento el presente me ha dejado indiferente y con ganas de volver a escuchar sus recomendables discos de los ´80.
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Starbreaker
