Llevábamos mucho tiempo sin noticias de Ñu, y eso nunca es bueno. Lo último que pudimos degustar de su cosecha fue aquel DVD en directo que vio la luz en 2007, y desde entonces pocas noticias nos habían llegado sobre el camino que estaba siguiendo José Carlos Molina. Conciertos prácticamente inexistentes y algunas noticias que nos llegaban con cuentagotas, como la salida de la banda de Manolo Arias tras 7 años de permanencia.
Su último disco data de 2003, y muchas cosas han cambiado desde aquel “Títeres” que está ya tan lejano en el tiempo. Las circunstancias del Rock en general y de Ñu en particular han propiciado que las prisas por engendrar este disco hayan sido inexistentes. Así que, con mucha calma y cuidando los detalles como quien mima a su nuevo retoño, José Carlos Molina ha ido cocinando este “Viejos himnos para nuevos guerreros” desde la tranquilidad que le ofrece su residencia en un bonito pueblo como Sacedón.
El resultado es un disco muy alejado de la última etapa de la banda, quizás la más cañera de su trayectoria . El nuevo disco es mucho menos contundente y mucho más íntimo, donde José Carlos Molina ha sacado a relucir su vena más espiritual e introspectiva. El disco suena más setentero, más onírico. La contundencia de los últimos tiempos ha dejado paso a más delicadeza, más flauta, más teclados, aunque la presencia de la guitarra de Manolo Arias (las guitarras llevan grabadas varios años, aún con Manolo en la banda) sigue siendo destacada.
Este nuevo disco es una vuelta a los orígenes. Si recuerda a algún disco anterior no es descabellado rememorar “Cuentos de ayer y de hoy”, en el arranque de la banda allá por 1978, pero con la madurez y el salto de calidad de estos 33 años en los que Ñu se ha convertido en una parte muy importante en la historia del Rock de este país. Esta vuelta al concepto primigenio de Ñu les ha hecho acercarse de nuevo a Jethro Tull, guardando paralelismo con el gran “This As A Brick”, aunque manteniendo la fuerte personalidad que imprime José Carlos Molina a todo lo que hace.
El propio Molina participa muy activamente en el disco, como siempre, encargándose de la voz, flauta, flauta irlandesa, flauta barroca alto y soprano, whistle, piano, guitarras acústicas y órgano de iglesia. Como ya he comentado, Manolo Arias dejó grabadas las guitarras antes de dejar la banda para centrarse en Atlas. Ramón Álvarez (bajo), Javier “Búmper” (batería) y Peter Mayr (órgano Hammond) completan la formación que ha grabado este disco. A Javier “Búmper” le conocíamos sobradamente, y la labor de Ramón Álvarez y Peter Mayr me ha sorprendido muy gratamente, con una labor sobresaliente en todo el disco.
El disco también cuenta con las colaboraciones de Judith Mateo (violín) y Danny Doyle (bodhrán), algo que no sorprende, ya que José Carlos Molina ha estado colaborando el pasado año en los conciertos en directo de la gran Judith Mateo. Su aportación imprime un delicioso toque celta que se une al aire medieval que fluye en buena parte del disco.
El disco arranca con “Arreando mi suerte”, un largo tema (10 minutos) con vocación progresiva en el que se contienen todas las virtudes del disco. Sólo con él ya se pueden sacar todas la conclusiones expresadas anteriormente, y el resto del disco no hace sino confirmarlas.
“Cantarás sin fe” es un tema mucho más rápido y vigoroso, con el doble bombo de “Bumper” bastante presente y una gran aportación del teclista Peter Mayr. Aún así, el tema contiene bruscos cambios de ritmo que son una constante en todo el disco.
“Hoy por ti dejaría mi piel” se abre con una bonita introducción de guitarra acústica que da paso a un precioso tema con influencias medievales, con esa vocación de trovador que José Carlos siempre ha llevado consigo.
“La tentación de Cristoforo Orsino” quizás sea el tema más árido de este trabajo, y aunque insistiendo sobre él se le saca partido, me parece el menos inspirado del disco.
“Viejos himnos para nuevos guerreros” es el tema que da título al disco. Después de una pomposa introducción con un órgano de iglesia, tenemos a Ñu en estado puro: Rock, mucha flauta y la voz de José Carlos Molina sobre una letra bastante tópica. Destacar la gran labor al bajo de Ramón Álvarez.
“El invento de sentir” es una preciosidad, donde José Carlos Molina saca su voz más melódica para dar forma a una balada en la que el sentimiento expresado es inmenso.
“Serafín” tiene el toque más medieval del disco. Es un tema alegre y bien construido, que se hace muy agradable desde las primeras escuchas. También tiene el aliciente de contar con un atrayente pasaje intermedio celta, ayudado por Judith Mateo y su marido Danny Doyle.
El disco termina con “Siempre en escena”, cuya letra es un precioso epitafio de la carrera de José Carlos Molina, hasta el punto de dejar entrever (esa es mi impresión, espero equivocarme), que esta forma de cerrar el disco sea también una despedida a la carrera de Ñu.
Si así fuera, José Carlos Molina ha conseguido poner como colofón a su trayectoria un disco que se encuentra entre los mejores de su discografía, dejando claro que su nombre ya está grabado con letras de oro en la Historia del Rock Español.
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Shan Tee
