Se ha hecho de rogar, pero tras una larga espera y una agobiante incertidumbre en lo referente al nuevo material de Ñu, aquí tenemos “Requiem”, el nuevo trabajo de José Carlos Molina & crew (como dicen los guiris), porque no nos engañemos, Ñu y J. C. Molina son sinónimos en significado, por mucho grupo que los quieran considerar algunos.
Lo primero que salta a la vista al hacerse con el disco, obviamente, es la portada, con una ilustración que deja bastante que desear y en la que, visto lo visto, bien podría haber aparecido de nuevo José Carlos Molina (en moto, a caballo o como fuere, pero por favor, esos dibujillos…).
Pasando ya a detallar el contenido del plástico, decir en primer lugar que, para esta ocasión, acompañan a José Carlos (voz, flauta, whistle, teclados, etc.) un considerable elenco de músicos, pues si bien antes las formaciones se veían alteradas en cada disco, ahora ya sucede en cada canción. Así, se han encargado de las guitarras Pedro Vela (principalmente) y Juan Miguel Rodríguez (en menor proporción), del bajo este último, además de Miguel Lozano y del burgalés Gorka Alegre, y de la batería José Carlos Molina (hijo), que todo sea dicho, siguen sin gustarme tanto las programaciones como las baterías electrónicas, pues le restan tanto contundencia como imperfección (en el buen sentido) al sonido, claro que la economía y la comodidad pueden mucho… En los teclados (esporádicamente) Jorge Calvo, y paro de contar, porque la lista sigue y sigue…
En cuanto a los temas que componen “Requiem”, abre la traca “Mazmorra”, un fuerte comienzo que, aunque se abre de forma dulce con la flauta de José Carlos, va adquiriendo fuerza a golpe de timbales y al son de las trompetas (viento incluido), de tono épico-majestuoso y oscuro (algo predicable de gran parte del disco) y con unas guitarras muy presentes. Sí, son Ñu haciendo heavy metal de nuevo (para deleite de unos y desgracia de otros). Con “Tenebros” sigue ese aire oscurillo que decíamos antes, con un dibujo de guitarra que se repite al inicio y al final exclusivamente, y un doble bombo que peca de una frialdad considerable (lo que yo decía, estas máquinas…). Y si los dos temas anteriores pueden tildarse de oscuros, “Aramundi” se me antoja como apocalíptico incluso (óigase el estribillo), a destacar la aportación de la flauta.
En “Gracias” se puede apreciar un tono más alegre y heavylón, con las guitarras altas pero siempre acompañadas del resto de instrumentos, y con una de esas letras que tiran a degüello. “Sacrificio” es un tema de riffs cargantes y obsesivos, y porta una de esas letras de contenido lascivo con las que suele sorprender José Carlos de vez en cuando (con citas incluidas a capítulos añejos de Ñu), la cual se podría prestar perfectamente a cual danza del vientre. Por su parte, “Dagas” lo encuentro un tanto soso, falto de gracia, el cual llega incluso a aburrir, sobre todo por su extensión (salvo determinados momentos de lucidez). A destacar la narración final del mismo, en la cual J. C. hace las veces de “ojo observador” en plena reflexión metafórica.
Mención aparte merece “Hada”, uno de los temas más inspirados y elaborados, desde el punteo inicial, pasando por la avalancha de dobles bombos de la mano de la flauta de José Carlos, hasta esos estribillos épicos y grandilocuentes acompañados por un piano de fondo, donde vuelve a relucir el genio (y locura) de ese monstruo llamado José Carlos Molina (padre, je je).
“Entrega Romántica”, como su nombre indica, es una entrega en forma de canción llena de romanticismo lírico que nos golpea ahí donde más duele y la vista no logra alcanzar, donde vuelve a aflorar la faceta más melosa de Ñu, dejando un poco de lado la vena más oscura implícita en los primeros cortes del plástico. “Refugiados” es otro tema relajado, donde las letras miran hacia la miseria y las melodías de guitarra y el estribillo se te clavan como espadas (¿dónde he oído yo eso?). Por último, con “La Boca Del Infierno” me sucede más o menos como con “Dagas”, que aunque cañero, lo encuentro algo cansino y falto de chicha.
A modo de conclusión decir que, pese a que las primeras escuchas pueden prestar a confusión (a mí me ha sucedido), según vas familiarizándote con el trabajo va gustándote más y más, puesto que si algo se puede destacar en el disco es un claro espíritu inconformista, inquietud musical e ideas frescas, y es que sorprender al respetable tras más de veinticinco años haciendo música ya tiene mérito. Pues eso, que no es un disco de usar y tirar. Como diría mi abuela, despacito y buena letra…
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David Fernández “Bubba”
