Este álbum salió al mercado hace ya un año, tercero en la carrera de los canadienses Nickelback contando con el reeditado “Curb”. Aunque inicialmente no tenía intención de comentarlo, visto lo interesante del mismo y que su entrada en las listas españolas se ha producido recientemente, no he podido resistirme. “Silver side up” contiene frescura, vitalidad y, ante todo, un surtido de temas con mucho gancho. Que la banda sea un fenómeno de ventas, suene en todas las emisoras habidas y por haber (en la del vecino que no se entera también) y sea llamada a convertirse en “the next big thing” puede constituir una barrera para ser tomados en serio. Nada más lejos de la realidad. En cuarenta minutos el grupo destripa diez canciones cuyas mezclas confieren un cierto sabor a los Metallica de “Load” y “Reload” (no en vano es Randy Staub el encargado de las mismas, quien además de estos dos trabajos, facturó “Beyond good and evil” de The Cult con idénticos resultados) pero que en esencia proponen un viaje por el Rock de Seattle que transformó la escena metálica en los primeros noventa.
La influencia de los “cuatro jinetes” (siempre en su época más reciente) está presente en el corte que abre el compacto, “Never again”. En versión edulcorada y con clara llegada comercial, Chad Kroeger adopta la contundencia de James Hetfield en el estribillo, llegando a pensar que efectivamente es este último el que interpreta el mismo. Más versátil se muestra “How you remind me”, en la que resuena algún eco de Kurt Cobain, si bien su accesibilidad recuerda a Counting Crows. Esta facilidad para alcanzar una audiencia heterogénea se repite en “Too bad” y “Good times gone” (ésta impregnada de reminiscencias setenteras), sin perder por ello la orientación rockera. Ryan Peake guiña un ojo a COC en “Where do I hide” por el estilo retro que imprime, aunque en este caso se haga más ligero en su desarrollo que el de Keenan y compañía.
“Hollywood”, “Woke up this morning” o “Just for” nos devuelven diez años atrás. Pearl Jam o Stone Temple Pilots me vienen a la cabeza y, aunque las diferencias sean grandes (el tiempo no pasa en balde), los temas respiran un inequívoco aire grunge. Posiblemente la elección de Rick Parashar como productor del trabajo, artífice del multimillonario “Ten” y del fabuloso “Temple of the dog”, haya sido un factor decisivo.
Dejemos madurar el disco para ver si el repertorio de hit singles recogidos en “Silver side up” alcanza el estatus de “Jeremy”, “Would?” o “Plush”. De momento, Nickelback han propiciado una bofetada a las rígidas listas americanas y nos han refrescado los oídos con una pizca de nostalgia. Al rock de los noventa todavía le queda un halo de esperanza para sobrevivir al comienzo del milenio.
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J. A. Puerta
