Si tuviera una máquina del tiempo, mi destinación predilecta sería el Londres de mediados de los setenta. Una época efervescente cultural y musicalmente que parió numerosos movimientos juveniles, musicales y contraculturales que duran hasta hoy en día. El punk fue uno de ellos: una música de raíces nihilistas y anti-sistema que algunos supieron convertir en una oportunidad para experimentar con otros estilos, crear nuevas tendencias y parir obras de un eclecticismo envidiable. The Clash fueron, a efectos prácticos, la banda que tomó este camino. Y es que Joe Strummer y Mick Jones, además de ser fans de los Sex Pistols y los Ramones, tenían unas ideas revolucionarias, tanto en el plano musical como en el político, que se vieron plasmadas en uno de los álbumes más míticos del siglo XX: “London Calling”.
Después de unos excelentes inicios (a veces nos olvidamos de los dos primeros discos de la banda), con este doble disco la banda superó la sencillez de los Ramones y pasó página a la actitud desquiciante de los Sex Pistols. Con un ojo puesto en el pasado, la banda elabora un auténtico amalgama de estilos: el rockabilly de “Brand New Cadillac”, el ska jamaicano de “Rudie Can’t Fail”, el rock melódico de “Spanish Bombs”, el pop de “Lost In The Supermarket”, la ramoniana “Clampdown” –versionada hasta la extenuación-, el reggae de “Guns Of Brixton”, la hard rockera “Death Or Glory”, la bailable “Revolution Rock”… cuatro caras que culminan con “Train In Vain”, una pieza melódica, preciosa, con armónica y unas melodías tan sencillas como efectivas. Premiado, vendido e imitado hasta límites insospechables, “London Calling” es un disco que suena muy fresco, atípico y atrevido: su vertiente intelectual y de izquierdas combina la energía del punk con la clase del rock and roll y el R&B –algo ya patente en la misma portada, un guiño al primer disco de Elvis.
“London Calling” es un clásico en el que prima la imaginación, y que, a pesar de su temprana fecha, empieza a desvincularse del punk más genuino y abre el camino para todo el post-punk, el rock alternativo y el pop-rock de los ochenta. No hay ranking de mejores discos de la historia que no lo cite en los puestos más altos, y es un compañero ideal para pasar las aburridas tardes de domingo. Por cierto: en 2004 el disco cumplió 25 años y Epic aprovechó para sacar una reedición de absoluto lujo, con DVD incluido. En resumen, un clásico imperecedero del rock que tiene el gran valor de ser muy original. Y eso, amigos, es lo mejor que se puede decir de un disco a estas alturas. Ahora me tengo que ir, que Londres me llama…
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Jaume “Mr. Bison”
