Brillantísimo disco debut de esta banda de Doom Metal procedente de Chile y formada entre septiembre de 2000 y julio de 2001 por Rodrigo Morris (guitarra), Marcelo Rodríguez (encargándose en los inicios sólo de los teclados, pero con el tiempo haciéndose cargo de las voces también), Rodrigo Gálvez (bajo), Alejandro Arce (batería) y Sergio Álvarez (guitarra).
Antes de que la discográfica finlandesa Firebox Records firmara con ellos para dos discos editaron una demo de cuatro temas en el 2002, siendo acogidas muy bien las dos ediciones de esta por diferentes medios de Metal extremo y vendida en países como U.S.A., Brasil, Irlanda, Rusia, España, Turquía…
El nombre de la banda no puede ser más acertado, ya que lo que comunican las partes de música más caóticas pueden ser comparadas a furibundas tormentas mar adentro o embestidas de olas contra un acantilado, con luz tenue, apagada, de tonos oscuros… aunque también hay pasajes de “calma chicha”, pero con ese regusto a melancolía. No sólo hallamos Doom Metal de calidad, introducen inteligentemente otras influencias, pero todo ello bajo el manto del Doom, ¿podemos llamarlo Doom Metal Melódico Progresivo o Doom Metal Atmosférico?, dejémonos de “etiquetitis” y digamos que han conseguido un disco compuesto por siete temas, en cerca de sesenta minutos, con el que disfrutamos cada vez más con las escuchas (especialmente con auriculares captando los diversos matices), transportándonos hacia otros lugares cargados de atmósferas.
Demencial es el comienzo del primer corte, “El otro…” (llevándose la palma con la duración más extensa, cerca de doce minutos), con el ritmo pesado y cargante, las teclas ambientales, y la voz gutural, susurrante, desgarradora y agónica de Marcelo rondando cerca de los primeros tres minutos de canción, pasando, casi sin enterarnos, al sosiego, sólo con música atmosférica y ambiental, y tras transcurrir unos minutos ser acompañada por una voz limpia y susurrante, volviendo luego a la voz insana con unos buenos melódicos punteos de guitarras, destacando también la buena labor a la batería (en los minutos finales) de Alejandro. A pesar de la duración del tema no se hace nada pesado.
La segunda pista, “To see Saturn fall”, suena seguida, casi sin pausa, intercalando trozos rabiosos con pasaje calmado, y parte instrumental demente. Son unos maestros a la hora de pasar de la desesperación a la calma sin brusquedades.
“Storm” y “Recklessness”, son composiciones que aparecieron en su demo. La primera (rozando los once minutos) comienza con ruidos, uniéndose a música relajada y el golpeo de la batería asemejándose a una tormenta, para ir progresando el tema en intensidad, la voz del teclista nos sigue estremeciendo, volviendo a aparecer un intermedio instrumental relajado con piano y voz susurrante después. En la segunda todos los músicos siguen rayando a un gran nivel (como en toda la obra), diría que esta gente ha trabajado con sus instrumentos muchísimo tiempo.
“Self portrait no 1” es una pieza sólo de piano, preciosa y relajante. Paz que es rota cuando suena “Be welcome oh hideous Hell”, donde vuelve a destacar el buen baterista que es Alejandro Arce.
La séptima y última pista es “Onírica”, trayéndonos de nuevo la calma para sumergirnos en sueños tranquilos, aunque con una parte un poco inquieta.
El disco fue grabado, mezclado y masterizado, en diferentes sesiones entre los meses de marzo y octubre de 2003 en los PigPower Studios (Santiago de Chile), por Raphaël França (Poema Arcanus – Iconoclast) y Carolina Desbordes. Corriendo la producción (limpia, clara, y potente, ¡enhorabuena!) por cuenta de la casa (Marcelo Rodríguez y Rodrigo Gálvez), además de Raphaël França.
La gran distancia que nos separa de Sudamérica es la mayor traba, porque con grupos como éste, ¿a qué esperamos para estar más en contacto con lo que se cuece allá?
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Starbreaker
