Puede que a algunos os suene el nombre de Lörihen por su reciente participación en el tributo a Pánzer que os comentamos por aquí hace un tiempo, en el que esta banda argentina versioneaba “Volverás desertor”. Ahora llega el momento de hablaros de su propia carrera, en concreto de su tercer CD, “Paradigma”, el primero que llega a nuestras manos tras la anterior publicación de “Utopía” (2000) y “Antes de tiempo” (2001).
Su estilo se mueve en el Heavy Metal clásico con pinceladas de Power e incluso con algunas referencias sonoras de metal más moderno (escuchad el riff de la homónima “Paradigma”). Pero su mayor influencia es, sin ningún género de dudas, Yngwie Malmsteen, de quien se inspiran (casi copian) riffs, solos y estructuras temáticas. Tanto es así que la escucha del disco se basa, en gran medida, en valorar el trabajo guitarrero, dejando en un segundo plano el resto.
El grupo está formado por Emiliano Obregón (guitarras), Julián Barrett (guitarras), Javier Barrozo (voz), Nicolás Ciancio (bajo) y Hernán Rios (batería). El orden nombrado de sus componentes bien podría ser el orden de relevancia dentro del disco. Las dos guitarras son las estrellas del disco, y toda la grabación parece girar a su alrededor. Javier Barrozo cumple su papel a la voz de forma aceptable, mostrando muchas similitudes con su paisano Adrián Barilari, aunque quedando lejos del excelso nivel del cantante de Rata Blanca. Por último, la base rítmica es lo peor del disco, tanto por interpretación como por el sonido que de ellos se ha sacado, en especial de la batería, totalmente falta de fuerza, y que recurre con demasiada facilidad al socorrido recurso de “doble bombo y a correr”. Esta circunstancia, unida a una excesiva similitud en la composición de las canciones, sin mucha chispa, produce que el brillante trabajo de las guitarras sea el único aliciente en la mayor parte del disco. Más de la mitad de las canciones del disco mantienen idéntica estructura: canciones rápidas y lineales en las que sólo nos sacan del aburrimiento la llegada de los solos, brillantemente ejecutados en su mayoría.
Las referencias estilísticas a Yngwie Malmsteen son constantes, llegando a su máxima expresión en la instrumental “Capricho (sissimo)”, que hará las delicias de los seguidores del guitarrista sueco.
Afortunadamente, hay algunos momentos de mayor lucidez. Tanto “Realidad virtual” como “Cara o seca”, la mejor canción del disco, muestran una frescura que echamos de menos en el resto del CD. También me gustaría destacar “Esa gran mujer”, tema acústico que cierra el disco que con buen texto y buenas guitarras nos permite, al menos, terminar la escucha con sentimiento positivo.
Como complemento, el CD contiene una pista de datos para su visualización en un ordenador personal, con información sobre su historia, discografía, integrantes, forma de contacto y, por supuesto, información sobre su Web oficial.
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Shan Tee
