Con Linkin Park ha sucedido de todo. Me explico. Existe una manía consistente en despotricar por sistema contra todo aquello que surge de las “artes” publicitarias de las grandes Compañías Discográficas, bien por principios idealistas, bien por aparentar credibilidad frente a los gustos de la gran masa. “Hybrid theory” sufrió en carnes propias esta práctica, soberanamente estúpida por otro lado, que no es más que el precio a pagar por vender millones de copias en todo el mundo y acaparar la atención de los medios no especializados. Y un precio bastante absurdo, ya que el shock que causó en su día fue comparable, en mi caso, al de “Deaf dumb blind” de Clawfinger.
El sexteto engendró “Meteora” en los sitios más dispares: autobuses de gira, la casa de Mike y los estudios californianos y neoyorkinos donde fue grabado y mezclado posteriormente. Registrado en los NRG Studios de North Hollywood, contó de nuevo con Don Gilmore (Sugar Ray, Rob Zombie, etc.) en la producción y Andy Wallace (System of a Down, Disturbed, etc.) en las mezclas.
El encontronazo inicial con el compacto en la tienda de discos fue brusco debido al desorbitado precio de venta, teniendo en cuenta que la duración del compacto no alcanza los cuarenta minutos. Pese a que hayan tratado de compensarlo con un libreto amplísimo, una presentación en digi-pack minuciosa, la inclusión de una mini-película de un cuarto de hora y diferentes accesos especiales a la web oficial, es abusivo.
Afortunadamente, no tardé en comprobar que la inversión se rentabilizaba respecto a mis esperanzas. Si nos ceñimos exclusivamente a lo musical, “Meteora” es el sucesor natural de “Hybrid theory”. Robustece las bases que forjaron en su debut y, principalmente, ratifica la calidad de composición de un grupo que no se ha doblegado ante la fama.
¿Cuál es la fórmula mágica que emplean estos chicos? Integrar con una naturalidad innata metal, hip-hop, pop o lo que les pongan por delante y hacer de esa mixtura algo creíble y novedoso. Chester Bennington es quien pone la voz a la orquesta, dejando a Mike Shinoda la vertiente rapera de la misma. Joseph Hahn es el DJ de la banda, haciendo diabluras a base de scratch en cada rincón de los temas. La nota metalera corre a cargo de Brad Delson, cuya labor a la guitarra es tan simplona como fundamental. No esperes ni un sólo solo. La nueva generación se desentendió, para nuestra desgracia, del concepto de guitar-hero o la definición de un sonido personalizado a las seis cuerdas. Sin embargo, el muchacho se las apaña que da gusto y su solitaria aportación añade la dureza sin la cual estas canciones poco tendrían en común con el metal, no acomodando incesantemente la rítmica a los toques Korn de turno.
“Don’t stay”, “Lying from you”, “Hit the floor”, “Easier to run”, “Figure.09” y “Numb” responden al estereotipo forjado por la propia banda. Lo más curioso es que, en lugar de resultar repetitivo, sigue sonando tan fresco como el primer día y los estribillos se pegan como una lapa a las primeras de cambio. Doce cortes, obviando la intro, en tan escaso intervalo de tiempo pueden dar una idea de por donde van los tiros: hits en potencia que a la menor oportunidad reventarán las listas. “Somewhere I belong” conserva las cicatrices que dejó “In the end” y en cuanto fue lanzado como sencillo alisó el terreno para que el álbum debutara en su primera semana de Billboard como número uno.
Atisbos de evolución los hay, aunque debemos buscarlos en lo más inhóspito. “Breaking the habit” adopta un marcado tinte popero, silenciando las influencias nu. “From the inside” tantea unas tesituras sensibles que con otro tacto hubiesen estampado A Perfect Circle. A “Faint” se anexa una sección de cuerda que se integra con total espontaneidad a las parrafadas de Shinoda. Éste, por su parte, se erige en la voz cantante, nunca mejor dicho, de “Nobody’s listening”, un tema de hip-hop sin aditivos. Precisamente es este tema el que menos me atrae de la obra (aunque quien guste de ese estilo, no dudo en que le agradará) junto a la instrumental “Session”, que al lado de la cinematográfica “Cure for the itch” se queda en una secuela floja.
Probablemente este plástico no consiga más que entusiasmar a la legión de seguidores que generó “Hybrid theory” ya que las similitudes entre ambos trabajos son acusadas y el efecto sorpresa ya no es tal. Sin embargo, Linkin Park no han bajado la guardia, han apostado fuerte por una línea continuista y casi con toda certeza veremos a “Meteora” peleando merecidamente por copar los puestos más altos de favoritos a finales de año.
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J. A. Puerta
