Si retrocedemos en el tiempo y observamos a los AMORPHIS de mediados de los 90, cuando “The Karelian Isthmus” les dio a conocer en el mercado del Death Metal y el aclamado “Tales From The Thousand Lakes” removió la escena Heavy Death con esas melodías marca de la casa, nos damos cuenta de lo mucho que ha evolucionado la banda. Si bien “Elegy” marcó un punto de inflexión muy acusado con respecto a lo anterior, demostrando una increíble originalidad y una apuesta tanto arriesgada como certera, “Tuonela” adentró al grupo en terrenos cada vez más alejados de lo que fueron sus comienzos, omitiendo ya cualquier “guturalidad” del pasado y centrándose más en la línea melódica de los temas, abordando un sonido netamente hardrockero-atmosférico con algún tinte gótico que desmarcaba a los finlandeses claramente del resto del “rebaño”.
Se puede decir que “Am Universum” sigue la estela de su predecesor, es más, incluso a mi modo de ver ahonda todavía más en ese sonido hard rock melancólico cargado de sugerentes atmósferas, el cual han enriquecido más si cabe incluso con algún que otro instrumento de viento (es más que notable la presencia del saxo), como sucede en el caso de la tranquila “Veil Of Sin”, de la forma más sencilla y sin que suene para nada artificial. Pese a que la tónica general del disco sea la tranquilidad, también encontramos momentos intensos como el de la apertura con “Alone”, el pegadizo “Goddess (Of The Sad Man)” o el evocador “Drifting Memories” (vaya pedazo de tema, esas melodías tardarán en quitársete del coco), aunque tampoco esperéis nuevos “Black Winter Day”, para desdicha de algunos y regocijo de otros los tiros ya no van por ahí… Pero donde se sienten realmente cómodos es en los medios tiempos más relajados, donde las líneas vocales de Pasi Koskinen conjugan a la perfección con las cada vez más melódicas guitarras de Esa Holopainen, hecho corroborable en temas como “Shatters Within” o “Captured State”. Con todo y con eso no se puede decir que se trate de un disco “blando”, sin fuerza, ésta sigue presente, aunque ahora la banda la canalice de manera distinta: los riffs metaleros de la primera etapa han dejado paso a unas guitarras más ácidas y corrosivas, más rockeras en definitiva, como se puede apreciar en temas como “The Night Is Over”, “Crimson Wave” o “Forever More”. El disco se cierra con “Grieve Stricken Heart”, otro tema pegadizo aderezado de constantes teclados que sigue la línea más tranquila del plástico.
Puede que fueras seguidor de la banda en su etapa más death metalera y ahora te produzca risa, rabia o simplemente indiferencia, o también que te hayas enganchado tarde al combo y no conozcas al grupo en su primera etapa. En cualquiera de los casos (y como seguidor del grupo desde sus comienzos) no puedo sino ensalzar la entera trayectoria de estos finlandeses, la cual considero como mínimo original y sincera, y encomiar a la escucha de cualquiera de sus trabajos. Puede que hayan cambiado las formas, pero el contenido sigue intacto.
David Fernández “Bubba”
