Hace unos meses se asomaba a la sección de Maquetas la correspondiente a L’Hermite. Acabábamos aquella reseña comentando que se estaba gestando la creación de un disco completo. Ahora tenemos ese disco entre las manos, y ha llegado la hora de hablar de él.
Para los que no leísteis aquella reseña, os recordaré que este proyecto L’Hermite es un trabajo personal del guitarrista bonaerense Carlos Ferrari, quien con la ayuda de la tecnología actual y ciertas aportaciones “humanas”, da rienda suelta a su pasión guitarrera en forma de temas, en su mayoría instrumentales, en los que demuestra su técnica y su talento a las seis cuerdas. En esta ocasión, Carlos ha invitado a participar en el disco a los bajistas Marcelo Napolitano, César García y Beto Vázquez, que participan en cuatro de los cortes, y comparte solos de guitarra con Ezequiel Marzelli en el tema “Popómbalo”.
Es un disco de guitarrista para guitarristas, o en su defecto para apasionados de las seis cuerdas. Los 11 cortes demuestran la técnica instrumental de Carlos Ferrari, desde un punto de vista bastante tranquilo en la mayoría de los casos, convirtiéndose en una constante demostración del dominio del instrumento, sobre un colchón creado informáticamente a modo de acompañamiento. Las características de este tipo de grabaciones pueden convertirse en monótonas para aquellos oyentes ávidos de “canciones” en el más clásico sentido del término, pero no hay duda de que hay un tipo de público consumidor de este tipo de discos instrumentales.
Influenciado por los grandes guitar-heros como Tony Macalpine o Joe Satriani, no llega a la lucidez compositiva de éstos, pero Carlos consigue crear relajadas atmósferas sobre las que mostrar sus desarrollos instrumentales, salvo en el inicial “El ojo del Vórtice”, más rápida y cañera. El resto mantiene un tempo relajado que dejan mucho espacio a los constantes dibujos de guitarra y los eventuales de bajo. Todos los temas son totalmente instrumentales excepto dos, que incluyen dulces voces femeninas y masculinas (Diana Huarte en “Cerca del abismo” y Rafael Díaz Mallea en “Angel de sal”, respectivamente), que mantienen una línea homogénea con el espíritu del resto del disco.
La relajación con la que ha sido concebida el disco lo hace apropiado para escucharlo tranquilamente, de fondo o disfrutando de cada nota, para aquellos amantes de la guitarra eléctrica. Cualquier intento de escuchar el disco bajo otras premisas desembocará en decepción o aburrimiento, ya que se echa en falta algo de energía en el resultado final.
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Shan Tee
