Primer disco de una formación que celebra su décimo aniversario y que está compuesta por Antonio S. Montemayor (voz, guitarra rítmica), Fernando Martínez (guitarra), David Ramos (bajo) e Iván Serra (batería), bajo la tutela técnica de Manolo Arias, quien ha conseguido un producto que suena compacto y definido.
Practican un heavy metal clásico que podría ser comparable, por poner un ejemplo gráfico, a lo que hacen Tierra Santa, aunque bastante más interesante que el engrudo que se montan los riojanos. Heavy de la vieja escuela hispana, con las mismas virtudes y defectos que los grupos con los que muchos hemos crecido, pero que, me temo, quedan algo rancios en 2005.
Como decía, suena bien. Cada cosa en su sitio, con un sonido envidiable, nada de pastas indigeribles tipo powermetal barroco, y sin perder ni chispa de fuerza. Sin embargo los temas me han parecido algo sosos y faltos de personalidad, muy lineales y previsibles en su desarrollo. En general flojean de la voz y, sobre todo, en los solos, pero con algunos destellos de inspiración que sobresalen entre unas composiciones en general bastante opacas.
Los momentos brillantes están en “Quintaesencia” y “Muerte o salvación”, con diferencia las mejores del disco, junto con las guitarras de “El sueño del infierno” y la melodía de “Espérame”, aunque al final ésta se hace un poco larga. El resto del disco no está a la altura, en particular “Cazador” -horrorosa- que es la que da inicio al CD (un error, a mi juicio).
Se valora el esfuerzo por combinar diferentes ambientes con acústicas o guitarras limpias, cambios de tono, etc. pero el resultado es manifiestamente mejorable en cuanto a composición (letra y música) y ejecución. En mi opinión, creo que es un grupo que apunta buenas ideas pero que debería dejar la senda del hermetismo estilístico e introducir pinceladas menos arquetípicas que dieran algo de color.
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Alvar de Flack
