“Violent revolution” o cómo hacer thrash metal en pleno siglo XXI sin pestañear. Esta cabecera sería la más apropiada para resumir el nuevo lanzamiento de los germanos Kreator, supervivientes de una década como la de los noventa, por la que han pasado muy desapercibidos para pesar de muchos. Mille Petrozza no se ha rendido jamás y todavía es capaz de estar en el ojo del huracán con actuaciones de quitarse el sombrero como la del Machina (hablo de crónicas ajenas que hablan maravillas de su show) o siendo máxima actualidad por un álbum que mantiene la consistencia del thrash que siempre ha abanderado orgulloso. El frontman y líder de la banda, junto a su compañero Ventor (no inseparable, pero casi), ha encontrado en el guitarrista finlandés Yli-Sirniö un competente hacha con el que formar el muro de ruido compacto e intenso que caracteriza su sonido clásico. A los mandos de la producción está Andy Sneap (quien anda atareado este año con lo nuevo de Benediction, Blaze y la revisión del antiguo material de Testament) y la grabación se ha llevado a cabo a medias entre Alemania y los Backstage Studios en Nottingham.
“Violent revolution” es thrash metal traído de los ochenta en estado puro: esos riffs agresivos que marcan el ritmo a golpe de headbanging, la garganta descarnada de Petrozza, los punteos melódicos que abren un paréntesis en medio de tanta caña y la contundencia de la base rítmica a cargo de una batería atronadora y un bajo más que eficaz. Un dato curioso es la similitud de la portada con la de “Coma of souls” de 1990 (si quitamos el fondo rojo y cambiamos un par de detalles, la cara es prácticamente la misma).
En cierta manera han efectuado un regreso a sus orígenes con temas ágiles de los que se quedan grabados en la cabeza en seguida y han ido al grano con riffs vibrantes y trazos melódicos muy bien pensados. Las doce canciones que completan el álbum se dejan escuchar desde la primera vez. En resumen, se nota mucho trabajo y destreza a la hora de generar estas canciones.
“Reconquering the throne” avisa desde el primer segundo del contenido del compacto y aclara que aquí lo que prima es la potencia y la caña. Una introducción instrumental llamada “The patriarch” da paso al tema que da nombre al álbum. Lo tiene todo: fuerza, sentimiento y las señas de identidad de Kreator. “All of the same blood (Unity)” recuerda a los primeros “Endless pain” y “Pleasure to kill” por esos punteos sucios y una agresividad que sólo se ve interrumpida momentáneamente en su parte central. “Servant in heaven, king in hell” ejemplifica los ritmos de guitarra tan marcados de los que hablaba antes: los cuatro músicos suenan como una máquina que escupe riffs “martilleantes”. “Second awakening” engancha al instante con la batería en primer plano marcando la entrada de la guitarra (vara ritmillo que tiene) y un estribillo fácil de los que gustan rápidamente. “Ghetto war” guarda ciertas reminiscencias de “Renewal” (un disco con personalidad propia que aún no acierto a definir) y podría encajar bien en aquel álbum de no ser por el sonido tan limpio que les ha quedado en este trabajo (“Renewal” sonaba a local de ensayo, directo y ”guarro”). “Replicas of life” es lo más cercano que hay a “Outcast”, con un comienzo muy lento e introspectivo que progresivamente va transformándose en una pieza poderosa que combina muy bien dureza y sensibilidad (el solo tampoco tiene desperdicio). El doble bombo y el ritmo galopante de “Slave machinery” nos devuelve pronto la faceta puramente trallera del grupo. El thrash pulido de “Bitter sweet revenge” trae a la mente “Extreme agressions” y “Coma of souls” por esa velocidad vehemente (otro trallazo de los que corta la respiración) que oculta una pequeña muestra de melodía (con guitarras dobladas que no desaceleran la marcha). “Mind on fire” y “System decay” cierran el álbum con una última sesión de thrash a la vieja usanza y nos dejan exhaustos tras los algo más de 50 minutos de duración del álbum.
Un disco impresionante que viene a demostrar que la carrera de estos alemanes es de las más sólidas del panorama metálico. Desde “Endless pain” se han caracterizado por una calidad indiscutible e incluso de sus trabajos más experimentales, “Renewal”, parte de “Outcast” y “Endorama” (estos dos últimos con claras influencias de grupos como Paradise Lost, Tiamat o Moonspell), han salido bien parados. Si en el heavy metal todo el mundo coincide en que bandas como Judas Priest, Iron Maiden, o Saxon (por citar unos pocos) poseen una trayectoria envidiable de contadísimos álbumes mediocres, deberíamos ir encasillando a Kreator de idéntica manera en el género del thrash. Después de tantos años, no muchos grupos pueden presentar estas credenciales. Apunta otro candidato a disco del año: “Violent revolution”.
J. A. Puerta
