AC/DC “For those about to Rock” (1981)

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Hay discos que se escuchan. Otros se disparan. “For those about to Rock”, publicado en 1981, pertenece inequívocamente a la segunda categoría.

Después de que “Back in black” convirtiera el dolor por la muerte de Bon Scott en uno de los mayores triunfos de la historia del rock, AC/DC tenía un problema considerable: ¿cómo superar aquello? La respuesta de Angus Young y compañía fue bastante sencilla: no intentar superarlo. Simplemente volvieron a hacer lo que mejor sabían hacer. Guitarras afiladas, ritmos de acero, actitud callejera y canciones construidas para ser tocadas a todo volumen. Y ahí está precisamente la grandeza (y también la limitación) del álbum.

“For those about to Rock” no posee la perfección casi insultante de “Back in black”, pero tampoco pretende hacerlo. Es un disco más pesado, más solemne y, por momentos, más amenazador. Brian Johnson ya no suena como el recién llegado que necesita demostrar que merece ocupar el puesto de Bon Scott. Aquí es el cantante de AC/DC, punto. Su voz se ha convertido en una pieza fundamental del mecanismo.

El comienzo con “For Those About To Rock (We Salute You)” es directamente histórico. La canción avanza como una marcha militar hasta desembocar en esos cañonazos que se convertirían en una de las grandes firmas escénicas de la banda. Puede parecer una fórmula sencilla (porque lo es), pero hay que tener mucho talento para conseguir que tres acordes, un riff y unos cañones sean suficientes para conquistar un estadio.

 “Put The Finger on You” recupera al AC/DC más directo y sexual, mientras “Inject The Venom” ofrece uno de los riffs más contundentes del álbum. Aquí Angus no necesita exhibirse: toca menos de lo que podría, pero cada nota está colocada exactamente donde debe.

Y entonces aparece “Snowballed”, una de esas canciones que quizá no figuren entre los grandes clásicos de la banda pero que demuestran la extraordinaria capacidad de AC/DC para construir Rock & Roll sin artificios. “C.O.D.”, “Breaking The Rules” y “Night Of The Long Knives” mantienen la maquinaria funcionando con una eficacia casi industrial.

El gran momento, sin embargo, llega con “Let’s Get It Up”. Es AC/DC en estado puro: riff sencillo, estribillo inmediato, doble sentido y esa capacidad casi sobrenatural para hacer que una canción aparentemente elemental termine instalada en la cabeza durante horas.

También hay que hablar de “Spellbound”, porque ahí encontramos probablemente al AC/DC más oscuro del disco. La canción tiene una atmósfera diferente, menos festiva y más siniestra, cerrando el álbum con una sensación de amenaza que contrasta con el carácter abiertamente celebratorio de su tema titular.

¿Es “For those about to Rock” un disco perfecto? No.

Hay cierta sensación de que la banda está trabajando dentro de un territorio que ya conoce demasiado bien. La fórmula empieza a mostrar sus costuras y algunas canciones no poseen la pegada de los clásicos absolutos del grupo. Pero precisamente ahí está el error de exigirle a AC/DC que cambie. AC/DC nunca necesitó reinventarse. Necesitó perfeccionar su propia identidad. Y eso es lo que hace aquí.

La producción de Robert John “Mutt” Lange vuelve a ser fundamental. Las guitarras suenan enormes, la batería de Phil Rudd golpea con esa precisión casi mecánica que caracteriza a la banda y el bajo de Cliff Williams mantiene el edificio en pie sin reclamar protagonismo. Todo está al servicio de las canciones.

“For Those about to Rock” fue, además, el último álbum de estudio de AC/DC producido por Lange. Y quizá por eso tiene algo de punto final. Después vendrían cambios, problemas y discos irregulares. Pero aquí todavía encontramos a una banda en la cima, capaz de llenar estadios sin necesidad de efectos especiales: solamente cinco tipos, amplificadores y una colección de riffs capaces de provocar un terremoto.

“For those about to Rock” no es “Back in black”. Y quizá sea injusto compararlo constantemente con él. Es otra cosa: un álbum más áspero, menos perfecto y más físico. Un disco concebido para sonar fuerte, sudar y levantar el puño.

Porque AC/DC nunca quiso salvar el Rock. Quiso tocarlo. Y mientras Angus Young siga haciendo hablar a su Gibson SG, tampoco parece que necesitemos que nadie lo salve.

Como curiosidad, un error de imprenta de la filial española de Atlantic Records provocó que la primera edición del disco apareciera en nuestro país con los colores invertidos, lo que convierte a esa tirada en una preciada edición de coleccionista, muy buscada y cotizada por fans de la banda de todo el mundo.

Santi Fernández “Shan Tee”