AC/DC “Let There Be Rock” (1977)

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Hay discos que no se escuchan: te atropellan. “Let There Be Rock” es exactamente eso: un camión sin frenos bajando por una cuesta, con Bon Scott asomado por la ventanilla, Angus Young incendiando el asfalto y la sección rítmica marcando el paso como una máquina industrial.

Publicado en 1977, este álbum es el momento en el que AC/DC dejan de ser una banda gamberra con buenos riffs para convertirse en una amenaza seria. Aquí no hay sofisticación, ni falta que hace. Hay electricidad pura, blues pasado por una trituradora y Rock and Roll tocado con una convicción casi criminal.

El arranque con “Go Down” ya deja claro que no vienen a pedir permiso. Pero es “Dog Eat Dog” la que enseña los dientes de verdad: riff seco, mala leche y ese Bon Scott que cantaba como si acabara de salir de una pelea y aún le quedaran ganas de otra. “Let There Be Rock”, el tema, es directamente un manifiesto: AC/DC explicando el nacimiento del Rock como si fuera una revelación bíblica escrita en una pared de bar.

La joya más salvaje quizá sea “Whole Lotta Rosie”, uno de esos himnos que definen a una banda para siempre. Riff monumental, estribillo coreable y una energía que sigue sonando peligrosa casi cincuenta años después. “Bad Boy Boogie” y “Hell Ain’t A Bad Place to Be” completan el retrato: sucios, chulescos, repetitivos en el mejor sentido, porque AC/DC nunca necesitaron cambiar de carretera cuando tenían el motor perfecto.

La producción es áspera, casi primitiva, pero ahí está parte de su encanto. No suena bonito: suena real. Como una banda tocando demasiado alto en una sala demasiado pequeña. Malcolm Young sostiene el edificio entero con una precisión brutal, Angus se desata sin perder el control, y Bon Scott firma una de sus actuaciones más carismáticas.

En la base rítmica, Phil Rudd demuestra una vez más que siempre fue el batería directo, seco y descarnado que necesitaba la banda, mientras que Mark Evans fue despedido poco después de la grabación por discrepancias con Angus Young, siendo sustituido por Cliff Williams para el resto de la carrera del grupo.

“Let There Be Rock” no es el disco más variado de AC/DC, ni pretende serlo. Es una declaración de principios: volumen, sudor, sexo, carretera y riffs como martillazos. Un álbum esencial para entender por qué esta banda no solo sobrevivió al paso del tiempo, sino que lo puso a correr detrás de ellos.

Santi Fernández “Shan Tee”