Reseña originalmente publicada en catalán en El Rock-Òdrom
Algo había cambiado, ¡sí! Y en relativamente poco tiempo. Recuerdo —y ahora comparo— la primera canción que escuché en la radio de “The World Needs A Hero”, que fue “Disconnect”. Comparándola con la introducción del sencillo “Breadline” del disco anterior, “Risk”, todo era diferente. ¡Sí! Me sorprendió y me gustó.
El punteo introductorio de “Disconnect” nos transporta hacia un nuevo mundo, alejado de la experimentación vivida durante la década anterior. Estábamos a principios de siglo, y creo (y mucha gente también debía creerlo) que o Dave Mustaine daba un golpe sobre la mesa y decía “hasta aquí”, o Megadeth habría acabado convirtiéndose en algo sin demasiado sentido. Estoy seguro de que Megadeth, y más concretamente Dave Mustaine (o lo que es lo mismo, el alma de Megadeth) dijo basta, lo mandó todo a paseo y volvió al mundo, al camino y al objetivo que nos ha traído a todos aquí; a mí, que escribo estas modestas líneas, y a ti, amante del Metal.
Todo volvía a su sitio, y no hablaré más de los noventa porque ya no estábamos a finales del siglo XX, sino en un nuevo siglo y milenio. En mayo de 2001. Recuerdo ir a la tienda de discos cercana a casa y comprarme el TWNAH. La portada ya decía mucho, lo decía todo. Vic Rattlehead salía de las entrañas de Mustaine, como un indicador de que Megadeth volvían a hacer lo que mejor sabían hacer: Metal.
“Disconnect”, con su introducción de guitarra punteada, es poderosa. Habla de apagar la conciencia y dejar el mundo fuera. Es decir, muy potente, con un ritmo que se te queda dentro de la cabeza y te perfora los pensamientos y todo lo que habías escuchado anteriormente de Megadeth (sobre todo en los últimos LPs) para anunciar el retorno al hangar del que quizá (y es difícil, porque todo en esta vida lo es) no tendrían que haber salido nunca. Los solos del nuevo guitarrista Al Pitrelli, el bajo que te golpea del siempre potente David Ellefson y la batería sin filtros y matemática de Jimmy DeGrasso. Pero, sobre todo, lo que notamos es la producción, que es cruda como ella sola. Sin ningún tipo de filtro, sin adornos y preparada para ofrecer una buena dosis de Heavy Metal.
“The World Needs A Hero”, la canción que da nombre al trabajo, al inicio te descoloca, pero esa es la intención. Los coros son muy marca de la casa, y notas por los ritmos y los golpes de batería que todo está muy medido.
Llegamos al sencillo “Moto Psycho”, canción corta, potente y con un videoclip divertido. Ideal para empezar a subir el volumen del todo.
“1000 Times Goodbye” hace un púa contra púa grave y fraseos de guitarra distorsionada, mientras la batería va subiendo y nos va envolviendo. Canción que trata una ruptura sentimental y el desencanto con la vida.
“Burning Bridges” es oscura, triste, y con este quinto tema del disco te das cuenta de que ya no queda nada de la era “Cryptic Writings” y aún menos de “Risk”. Con el doble bombo a partir del tercer minuto y las guitarras solistas de Al Pitrelli y Dave Mustaine jugando a ver quién hace las notas más rebuscadas.
Con “Promises” vuelve la calma: dos almas que en esta vida no pueden amarse, y mientras los sueños del resto de la gente del pueblo se hunden y mueren en el barro, ellos se encontrarán más adelante… en la próxima vida. La tocaron en directo en la sala Razzmatazz aquel 2001 cuando pisaron Barcelona para presentar este nuevo disco.
“Recipe For Hate… Warhouse” es una obra maestra, de esta era, claro. No quiero compararlo con otras épocas ni con pantallas pasadas de discos de estudio como el dorado “Rust In Peace” o “Peace Sells… But Who’s Buying?”. El caso es que este séptimo tema, cada vez que lo escucho, me gusta más y más. Es como una bola de nieve que en una bajada coge más velocidad para acabar perdiendo… ¿el control? ¡No! El señor Dave Mustaine y los suyos lo tienen todo estudiado al detalle.
“Losing My Senses” sigue la línea marcada por “Disconnect”, pero un poco más comercial. Me gustaba la voz de Mustaine en “Cryptic Writings” y en “Risk” también. Pero su voz en “The World Needs A Hero” me gusta aún más; es más directa y sin concesión alguna: en esta vida no podemos volver atrás, ya que vivimos en un presente frenético que nos lanza hacia un futuro incierto.
“Dread And The Fugitive Mind” es ya todo un clásico del grupo, potentísima. Apareció por primera vez en el recopilatorio “Capitol Punishment”, junto con “Kill The King”. Los dos temas nuevos que dejaban entrever qué rumbo tomaba la banda.
Un punto totalmente solemne con “Silent Scorn”, y todos listos para entrar nuevamente en el hangar con “Return To Hangar”, segunda parte del clásico “Hangar 18” de “Rust In Peace”.
Con “When” terminamos este viaje de regreso al hangar. “¡How could you do this to me!” con un Mustaine muy enfadado, cargado de ira, pero con las ideas muy claras y, sobre todo, lo más importante: el rumbo de Megadeth volvía al lugar del que nunca debería haberse alejado.
Rubèn Rodríguez Viñals
