ADVENTUS “De mi corazón y otras miserias” (2025)

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Reseña originalmente publicada en catalán en El Rock-Òdrom

La palabra resiliencia es un término utilizado en el campo de la psicología que a principios de siglo se redefinió como la capacidad que tienen determinadas personas para adaptarse positivamente a situaciones traumáticas.

Mientras esta reseña todavía estaba en pañales y extraía las primeras impresiones, todo me llevaba a reafirmar la opinión sobre el paradigma de resiliencia que personifica Manuel Ramil y sus Adventus. Tal y como apuntaba brevemente en la introducción de la recensión de “Directo Piorno Rock”, “De mi corazón y otras miserias”, el cuarto trabajo de estudio de la banda, se empezó a gestar a medio camino entre el devastador diagnóstico de insuficiencia cardíaca de origen genético que recibió Manu en el otoño de 2024 y la incertidumbre que comportaba un tercer cambio de cantante después de la salida amistosa de Diego Valdez una vez publicado el elepé en directo.

Adventus se ha sobrepuesto a ambas adversidades, la personal y la musical, dando forma a un disco que está un escalón por encima de “Lo que trajo el viento”. Por un lado, las circunstancias en torno a dicha enfermedad han calado hasta el tuétano en las letras de las canciones de “De mi corazón y otras miserias”, sirviendo a partes iguales de fuente de inspiración y de motor catártico. Ramil, en un ejercicio sincero y honesto, ha puesto palabras a los diferentes sentimientos que le interpelaban mientras hacía frente a la incertidumbre del diagnóstico, se enfrentaba a un largo período de recuperación y, una vez digerido el susto, aceptaba una forma nueva de ver la realidad y una manera diferente de mirar y entender la vida. Esto hace que nos encontremos ante un álbum muy personal, introspectivo y emocionalmente intenso, donde el contenido de las letras es fundamental para entender la especificidad de un trabajo que toma realmente un sentido completo cuando se conecta con el significado profundo de los textos.

Por otra parte, el cambio en el micrófono representó la llegada de Ramón Lage (la voz más reivindicada en el panorama nacional desde su regreso de la mano de Delalma) que contó con la aprobación unánime del público desde el primer momento del anuncio. Sustituir a Valdez no era poco, y más cuando las características de su voz (potente y rugosa, a la vez que cálida y sensible) iban como anillo al dedo en el viraje hacia los reinos de la introversión que habían tomado las composiciones del grupo. Pero Lage es mucho Lage y la versatilidad y la capacidad de interpretar de su voz no sólo hacen que no se eche en falta la gran labor del vocalista argentino, sino que el carisma del asturiano dota a las canciones de un aura especial que las hace parecer mejores.

Dejando a un lado estos contratiempos satisfactoriamente resueltos, en este nuevo disco Adventus siguen explotando la singularidad, tanto lírica como musical, que les otorga una entidad sobradamente identificable. Así, su Power Metal melódico de amplio espectro se sigue balanceando entre la sensibilidad y la contundencia, entre la elegancia de los teclados de Manu Ramil y la emotividad de Ramón Lage, por un lado, y los rabiosos riffs entrecortados de Dani Arcos y el poder conjunto formado por la batería virtuosa de Nacho Arriaga y el bajo omnipresente de Fernando Mainer, por el otro.

El disco se ha publicado físicamente en formato digipack y vinilo, y se presenta con una sencilla portada de fondo gris donde podemos ver un corazón dibujado sobre las gráficas de un electrocardiograma que (a falta de un diagnóstico más riguroso que el mío) parecen indicar la existencia de una patología coincidente con la de una insuficiencia.

Como ya nos tiene acostumbradas esta banda, la obra se ha grabado en los Tercera Planta Estudios y ha sido producida, mezclada y masterizada por el propio Ramil. Como en las anteriores ocasiones, la labor del gallego es impecable, consiguiendo un sonido aún más profundo e inapelable que el de sus predecesores. Seguramente, el hecho diferencial entre “De mi corazón y otras miserias” y los tres primeros álbumes de estudio radica en que en este las canciones aparecen firmadas por los cinco componentes y no solo por el teclista. Según explicaba este último, si bien presentó las pistas bastante perfiladas al resto de la banda, en esta ocasión cada uno de los músicos aportó sus ideas, convirtiendo la creación en una tarea más coral que ha enriquecido el resultado final. Si bien la esencia de los cortes es inequívoca, la contribución de diferentes puntos de vista ha dotado a los temas de una mayor heterogeneidad, una cualidad de la que iban algo cojos sus lanzamientos previos.

La salida de “De mi corazón y otras miserias” vino precedida de la aparición de tres sencillos desde el mes de junio: “De mi corazón y otras mentiras”, “Muerte en espiral” y “Ser yo”, de los cuales el primero y el tercero dispusieron del apoyo de un videoclip y el segundo estuvo defendido por un vídeo con letra. Como detalle curioso, la filmación de la pieza que titula el álbum cuenta con la presencia de la actriz gallega Maribel Rivera (que ya había colaborado en el single “Aire”) en el papel de paciente y de varios profesionales del personal médico del servicio de cardiología del Complejo Universitario de A Coruña. Sus nombres aparecen listados cuando el vídeo se funde a negro y se acompañan de la reivindicativa afirmación “La sanidad pública salva vidas… Cada día. Cuidémosla”.

Un breve y sentido poema recitado por la voz de Mabel Rivera que pone de manifiesto la dualidad entre la vida y la muerte y hace un guiño al título de su anterior disco compacto, es el prefacio bautizado como “Bienvenido sea”. Sin que nos demos cuenta, los armónicos enlazan con las notas iniciales del bajo omnipresente de Fernando Mainer que acompaña a las primeras frases de “Muerte en espiral”, uno de los mejores temas que encontraremos en “De mi corazón y otras miserias”. Los demoledores riffs de Dani Arcos, los espectaculares patrones de batería de Nacho Arriaga y los sobrecogedores bramidos rotos de Ramón Lage al final de cada fantástico estribillo son los valores de peso que hacen caer definitivamente la balanza hacia el lado ganador.

“En lo peor” es un grito desesperado ante la confusión provocada por el hecho repentino y el incierto desenlace. Una pieza impregnada de una parsimoniosa cadencia, como la de una bestia salvaje que se mantiene al acecho, a la espera de un golpe de suerte del destino, con un vertiginoso mano a mano entre Mainer y Ramil.

Los compases de intensidad creciente e impulsados ​​por el deseo irrefrenable de vivir en “Inspiración” nos conducen hasta el estallido del luminoso estribillo donde un Lage pletórico canta a la gratitud, en una especie de alegoría existencial de aquella tabla de salvación que nos mantiene vivos mientras dura la tormenta, nos permite pisar tierra firme y desde allí atisbar dónde nos ha llevado el azar.

“De mi corazón y otras miserias”, el tema que titula el álbum, fue la acertada pieza elegida como carta de presentación que reúne buena parte de los rasgos esenciales de la formación: músculo creciente a cada nuevo impulso entre pinceladas progresivas que culmina con un melódico estribillo y unos versos previos fabulosos.

“Nada a favor” contiene la anunciada participación de Diego Valdez en un dúo que representa el puente en medio del que concurren los dos cantantes, escenificando el “traspaso de micrófono” de uno a favor del otro. Ambas voces confluyen en una interpretación extremadamente emotiva, guiada por los teclados de Manu y los versos próximos a la poesía existencial. Todavía hay sufrimiento e incertidumbre, pero las nieblas empiezan a disiparse y las sombras a distinguirse.

“Esencia” arranca con un riff y una batería sincopados que alcanzan un ritmo regular cuando se precipitan hacia el estribillo, mientras “¿Cuántas lágrimas?” nos desafía con un pausado compás y con una abrumadora sensibilidad que brota del interludio instrumental.

“Ser yo” celebra el aprender a levantarse después de caer y a resignificar la vida, y lo hace mientras las cuerdas vocales de Ramón exploran nuevamente registros descarnados de los que, en este plástico, saca más partido que nunca.

“En paz” pone el colofón del disco, lanzando un mensaje positivo en medio de tanta oscuridad, y lo hace a través de una preciosa power ballad que abarca conceptos como la fugacidad, la incertidumbre y la circunstancialidad de la existencia, la aceptación de la vida como una serie de desafíos que hay que enfrentar o la urgencia de vivir disfrutando del presente y viviendo cada día como si fuera único.

“De mi corazón y otras miserias” es un trabajo sublime (a la vez que denso y complejo) que confirma a Adventus como una banda con un discurso y un estilo singulares, definiendo ambos aspectos la especificidad de su personalidad dentro del panorama del metal español actual. Una muestra de valentía como esta ya merece todo nuestro respeto.

Marc Milà