El periodismo musical siempre ha sido un oficio de pasiones desbordadas, noches sin dormir y discusiones eternas sobre si “Master of Puppets” es mejor que “Ride the Lightning”. Ahora, en pleno 2025, nos encontramos con un nuevo actor en el escenario: la inteligencia artificial. Y ojo, que no hablamos de un invento futurista, sino de una herramienta que ya se cuela en todas las facetas de nuestra vida diaria. La cuestión es: ¿La IA es un aliado para el periodista musical o un intruso con demasiado protagonismo?
Todos los que nos dedicamos a esto hemos vivido el marrón de enfrentarnos a entrevistas eternas que hay que transcribir palabra por palabra, comunicados de prensa kilométricos que parecen escritos por burócratas del Rock o bases de datos imposibles de manejar. Ahí la IA entra como un telonero que sorprende: rápido, eficaz y sin quejarse. Programas que te transcriben una charla en minutos, asistentes que resumen comunicados sin pestañear y buscadores que encuentran patrones en miles de reseñas. Y claro, uno piensa: “si hubiera tenido esto hace 20 años, me habría ahorrado horas de tortura frente al teclado”.
El problema viene cuando el telonero quiere ser cabeza de cartel. Hoy ya hay algoritmos capaces de redactar una crítica sobre el nuevo disco de Iron Maiden en segundos. ¿Es eso periodismo? Pues no. Una reseña no es un listado de influencias ni un análisis frío de riffs: es la traducción de una experiencia. Es contar cómo un solo te corta la respiración, cómo un verso te araña la memoria o cómo un concierto te devuelve la fe en la música en directo. Y eso no lo produce ninguna base de datos.
Lo más peligroso es la tentación de dejarse llevar. Textos perfectos, bien estructurados, con su introducción, desarrollo y conclusión. ¿El problema? Que suenan todos iguales, como si el Rock se redujera a un tutorial de YouTube. El periodismo musical, el de verdad, siempre ha tenido aristas: frases demasiado largas, opiniones que dividen, metáforas que rozan el delirio. Esa imperfección es lo que le da vida.
No se trata de demonizar. La IA puede ser un aliado brutal si sabemos domarla. Puede ahorrarnos lo mecánico y darnos tiempo para lo que importa: escuchar con atención, preguntar con curiosidad y escribir con pasión. Puede ayudar a que un medio pequeño personalice recomendaciones para sus lectores, o que un aficionado arme un reportaje con datos que antes solo podía recopilar un equipo entero de redacción. Pero ojo: la última palabra, la chispa y el corazón tienen que seguir viniendo de un humano con criterio… y con el culo pelao de tanto concierto.
En definitiva, la inteligencia artificial en el periodismo musical es como un pedal de efectos nuevo. Útil, divertido y hasta inspirador en manos del que sabe. Pero jamás compondrá una canción ni sustituirá el ruido del local de ensayo. Si dejamos que la IA escriba por nosotros, acabaremos con un Rock de laboratorio: correcto, sí, pero muerto por dentro. Y ya sabemos todos que el Rock, igual que el buen periodismo, sin sudor y sin alma… no vale nada.
Santi Fernández “Shan Tee”



