Reseña originalmente publicada en catalán en El Rock-Òdrom
Desde la celebrada irrupción de Adventus a finales del año 2020 (aplaudida por los fans del power metal español que no dejaban de frotarse los ojos ante una formación con músicos que habían compartido batallas en Avalanch, WarCry y Sauce), la banda con base de operaciones en Ares (Galicia) parece que no deja de arrastrar cierto gafe que esperamos que acabe lo antes posible.
Dejando a un lado (aunque no creo que nadie que lo haya vivido pueda hacerlo) que la creación del proyecto se consolidó definitivamente “gracias” al confinamiento por la pandemia de Covid-19, el primer trabajo “Morir y renacer” vio la luz a principios de enero de 2021 entre un previsible y lógico alboroto mediático, pero sin embargo el quinteto decide aplazar su puesta de largo en directo de cara a la publicación del segundo álbum.
Hasta aquí todo correcto. Pero coincidiendo con la aparición de este esperado disco en noviembre de 2022, el cantante Víctor García, el batería Alberto Ardines, el guitarrista Fernando Mon y el bajista Luis Melero emiten unilateralmente un comunicado donde dan a entender que Adventus se deshace, quedando colgadas las actuaciones que ya habían sido anunciadas. Tras un par de contra comunicados entre ambas partes (es decir entre Manuel Ramil y el resto de los miembros), se deja claro que la banda sigue adelante de la mano del teclista, compositor y productor, mientras que la razón que se da de la desbandada radica en las diferencias entre uno y otros respecto al funcionamiento y las aspiraciones que el grupo debía tener en el futuro. Un jarro de agua fría.
«Saudade» -título del nuevo plástico que se puede traducir como añoranza o anhelo- nacía muerto, pero como ha confesado Ramil en varias ocasiones, Adventus es su música, sus palabras y su sueño, y ese “insignificante” obstáculo no le iba a hacer desfallecer en su intento. Así, y cargado de moral, se dispone a rearmar la formación: de la guitarra se hace cargo Dani Arcos de Bloodhunter, de la batería Nacho Arriaga de Arwen, del bajo Fernando Mainer de Mägo de Oz y del micrófono se ocupa el argentino bregado en mil y una bandas, Diego Valdez.
El proyecto renace de sus propias cenizas y registran “Lo que trajo el viento”, un elepé publicado en marzo de 2024 donde líricamente se prescinde de la pátina de positivismo que recubría las letras del primer trabajo y se profundiza más en la introspección, la nostalgia y el desasosiego (aspectos que ya se apuntaban en “Saludade” y que en este tercer disco se exploran a conciencia), si bien musicalmente se siguen mostrando idénticas credenciales que en las dos anteriores referencias. En este último aspecto nos referimos a un Heavy/Power Metal melódico y minucioso con canciones donde predominan los medios tiempos en detrimento de los veloces ritmos de doble bombo, con elegantes melodías de teclados (preeminentes en todo momento), guitarras rítmicas contundentes (ambos instrumentos serán los encargados de tejer el colchón sobre el que fluirá la voz de Valdez hasta alcanzar el punto culminante con los hímnicos y coreables puentes y estribillos) y grandes solos, tanto de Manuel Ramil como (y sobre todo) de Dani Arcos.
Parece que el infortunio ha pasado de largo, pero la banda continúa con su mala racha: durante el otoño de 2024 y en plena gira de presentación de “Lo que traigo el viento” se ve obligada a detener su actividad debido a una insuficiencia cardíaca que hace tiempo que acompaña a Manuel y que le obliga a hacer reposo hasta el mes de febrero de este 2025. Adventus quieren demostrar que siguen vivos como nunca y qué mejor forma de mostrarlo a la gente que publicando el último de los siete conciertos de aquella gira antes de que ésta fuera interrumpida: “Directo Piorno Rock” es el testimonio.
¿Pero verdad que hemos ido viendo que con esta agrupación las cosas siempre pueden empeorar? Pues, ni una semana después del 25 de abril, fecha fijada por el lanzamiento de la citada referencia en directo, se confirma la marcha amistosa del vocalista porteño (en la que parece la enésima estocada) debido a la incompatibilidad de compromisos profesionales. Sin embargo, esta vez Ramil ya era conocedor de la noticia con antelación y tenía un as escondido en la manga: El mismo día que anuncia el adiós de Valdez, y en un claro golpe de efecto, presenta a Ramón Lage como nuevo cantante. Con el exmiembro de Avalanch y Delalma en la voz lanzan a principios de junio el sencillo “De mi corazón y otras miserias”, idéntico título con el que aparecerá el cuarto disco de estudio el próximo mes de noviembre.
Pero no avancemos acontecimientos ni queramos correr más que el tiempo y centrémonos ahora en este “Directo Piorno Rock”, que es lo que hoy nos ocupa y que se convierte en el réquiem sonoro de Diego Váldez en Adventus. El álbum, grabado en el festival granadino el 7 de junio de 2024, ha sido publicado en formato digipack a través de Maldito Records (sello discográfico que también se ocupó de los tres lanzamientos previos). Como en los anteriores trabajos, la mezcla, la masterización y la producción ha recaído en manos de Manuel Ramil en sus Tercera Planta Estudios, mientras que de la grabación del audio se ha hecho cargo Carla Fábregas, que también hace las tareas de técnico de sonido del quinteto en concierto y que fielmente ha sabido trasladar a los escenarios la música que Adventus ejecutan en estudio. Como adelantos, aparecieron los sencillos “Lo que trajo el viento”, “Lo siento” y “Más fuerte que el dolor”, que contaron con el soporte audiovisual de la filmación hecha durante la actuación, la cual se acabó compartiendo íntegramente a través de la página de Youtube de la compañía.
En “Directo Piorno Rock” los componentes de la banda “funcionan” con la precisión de las piezas de un reloj, recreando con minuciosa exactitud lo que se escucha en el compacto. Mención especial para Nando Campos, quien se hizo cargo del bajo en las fechas de la gira (como esta del festival andaluz) en las que Fernando Mainer no podía tocar debido a sus compromisos previos con Mägo de Oz y, evidentemente, para Diego Valdez. La calidez de su voz, cercana a la de Jorn Lande o Ronnie Romero y que le permite cantar potente a la vez que melódico, se reduplica en sus interpretaciones en directo. Su registro roto que transmite tanto rabia contenida como dramatismo apasionado hace que este baño de despecho, tristeza y melancolía que recubría las pistas de “Lo que trajo el viento” le vayan como anillo al dedo a su sensibilidad y expresividad. Asimismo, es capaz de cantar los temas de Víctor García sin que su adaptación chirríe, consiguiendo de forma indirecta que la propuesta de Adventus sea más singular y se aleje de las comparaciones con WarCry o Avalanch, bandas en las que Víctor dejó algo más que su personal e inconfundible sello.
Este viraje hacia cuestiones profundas de elevada carga emotiva y sentimental llevan las riendas del repertorio del concierto. No en vano, “Lo que trajo el viento” fue interpretado de arriba abajo, siguiendo el mismo orden que en el CD, en los conciertos hechos en salas (el repertorio en el marco de un festival como el Piorno Rock se veía reducido, omitiéndose “Todavía sigo en pie” y “Caigo en este suelo”), “Saudade” estuvo representado por cuatro piezas que incidían también en la culpa, la soledad y el desamor, mientras que la única que invitaba a luchar y mantener la esperanza era la recuperada de su ópera prima.
La profundidad literaria mencionada busca conmovernos y mostrarnos la complejidad de las relaciones, los sentimientos y las emociones, lo que implica que para disfrutar el proyecto hay que empaparse bien de estos mensajes, ya que si no se va al traste una parte de la idiosincrasia del combo. Este planteamiento nos lleva a la siguiente reflexión: ¿es el Piorno Rock (y por extensión cualquier festival donde no todo el mundo que se acerca al escenario es obligatoriamente seguidor o conocedor de la propuesta de un grupo) el entorno más idóneo para que una banda aún por establecerse como Adventus grabe un trabajo en directo, lejos de la proximidad y el calor que sus fieles pueden darles en un recinto con un aforo más reducido? Visto el resultado final, tal vez no haya sido la mejor decisión: la complicidad del público es casi testimonial aportando sus gritos y aplausos al terminar las canciones o respondiendo tímidamente ante las demandas puntuales de Diego y, si no existiera la filmación de la actuación, bien podríamos creer que se hubieran añadido esas ovaciones al final de las pistas originales en el proceso de postproducción. Pero obviando esta apreciación personal y haciendo justicia a la formación, hay que considerar que los contextos y las temáticas que nos propone son de una elevada intensidad emocional que reclaman mirarnos hacia dentro. En consecuencia, es evidente que sus composiciones nunca llegarán a producir en el público la inmediata y explosiva reacción que puede provocar el riff inicial de “I Want Out” de Helloween, por poner un claro ejemplo, ya que los propósitos de unas y otras son bien diferentes.
Puestos a buscar tres pies al gato, el gran hándicap que encuentro en la mayoría de las pistas es que reinciden en ambientaciones y pasajes musicalmente demasiado cercanos y similares entre ellos, y esta linealidad acaba provocando cierto sopor. Es importante tener un sonido y un estilo propio y distintivo, evidentemente, pero quizás abrirse a otros puntos de vista, puede ofrecer una mayor diversidad compositiva que enriquezca una iniciativa que de por sí ya es muy agradable de escuchar. Pero es el proyecto de Manuel Ramil y si él quiere que suene así, y su público lo bendice, poco o nada podemos añadir…
El álbum se abre con las dudas existenciales de “Si nada es cierto”, una fiel muestra del potencial y el sonido característico de la agrupación, poniendo de manifiesto un marcado ritmo de batería de Nacho Arriaga y los coros de Ramil y Nando Campos apoyando la labor de Valdez.
“Magia” no se desvía para nada del camino marcado por Adventus, pero entre el sempiterno mano a mano inicial entre guitarra y teclado, destaca sobremanera el inmenso trabajo solista de Dani Arcos rematando con su instrumento todas y cada una de las palabras desasosegadas de Diego en torno a los conflictos internos que surgen en una relación cuando las expectativas de ambas partes no coinciden, mientras que a renglón seguido, “Aire” comienza sólo con la voz y las teclas hasta la entrada de toda la banda en una pieza que reflexiona sobre las dos caras de los sentimientos y las vivencias.
El vocalista muestra en “Volver a empezar” un registro agresivo que personifica la lucha interna para encontrar sentido a los errores, aprender de ellos y salir adelante para “volver a empezar”, si bien el desconsolado de “Abrazando a mí dolor” nos presenta un matiz de voz diametralmente opuesto, cantando los versos negados de lágrimas entre las despojadas y desnudas notas de Manuel y que culmina con la llegada del nostálgico estribillo.
“Lo que trajo el viento” esconde un maravilloso crescendo y otra excelente estrofa principal cuya letra gira en torno a la aceptación y la adaptación a los hechos que nos toca vivir, y “Todo da igual” (una oscura sentencia sobre el desánimo, el abatimiento y la desesperación) se sitúa líricamente en las antípodas de la anterior canción que titulaba su tercer elepé.
“Lo siento” es una carta musicada de disculpa en toda regla con un espectacular solo compartido entre Ramil y Arriaga, además de ser la que empieza la parte dedicada a los títulos de “Saudade”. “Fundirme con el viento” tiene unos fabulosos compases iniciales de teclados a los que sigue un fragmento sólo con el bajo, la batería y la voz que acaba fusionándose con una nueva interpretación pletórica del guitarrista. Por su parte, la inequívoca “Llorar no sirve de nada” luce a golpe de una retórica concatenación de palabras, mientras que “Renunciar al sol” es un corte de excelso Power Metal con todo lo que se le debería pedir a un tema de estas características: majestuosidad, velocidad y melodía.
“Más fuerte que el dolor” es el clásico infusionado con épica extraído de su primer disco compacto. Con él finalizan el show con el público entonando el fantástico estribillo preñado de esperanza y optimismo. Ya sabéis: ¡sólo tenemos una vida y hay que aprovecharla!
“Directo Piorno Rock” es una fiel fotografía del truncado buen estado de forma de Adventus durante la presentación de “Lo que trajo el viento”, a la vez que representa el cierre de la etapa musical con Diego Valdez en la voz y el inicio de un nuevo comienzo con Ramon Lage. Y vista la capacidad de resiliencia de Ramil y la extraordinaria clase de Lage, es comprensible que el entusiasmo y las grandes expectativas se hayan apoderado de los seguidores de cara al nuevo advenimiento del conjunto con “De mi corazón y otras miserias”. ¿Será esta última formación con Ramón al frente la que se asentará definitivamente?
Marc Milà Hernández
