Editorial Marzo 2025 “Exprimiendo al rockero, nivel Ozzy”

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La pasión y la entrega que los aficionados al Rock tenemos hacia nuestras bandas de cabecera es innegable. Nuestros grupos preferidos, sobre todo aquellos históricos con los que hemos crecido, se han convertido en objetos de pleitesía cuasi-religiosa, en muchos casos incluso con posturas cercanas al fanatismo. La mayoría de estas bandas históricas están dando sus últimos coletazos, por lo que conseguir acudir a uno de sus conciertos es, para muchos de sus seguidores, algo innegociable, sin importar la cantidad de recursos necesaria para conseguirlo. Esta circunstancia es sobradamente conocida por los grupos, managers y promotores, quienes exprimen al máximo sus oportunidades de engrosar sus cuentas bancarias, a sabiendas de que son las últimas opciones de estirar el chicle antes de su inevitable final.

Si bien es cierto que a nadie se le obliga a nada y que cada uno es muy libre de hacer con su dinero lo que crea oportuno, lo que pongo en duda no es la legalidad de estas actuaciones, sino su moralidad (o falta de ella).

Este tipo de actuaciones están dirigidas a los seguidores más apasionados, los más completistas, los coleccionistas y, en el mejor sentido de la palabra, los más fanáticos de estos grupos. Se trata de exprimir sus bolsillos al máximo, en dos líneas de actuación:

  1. Relanzamientos discográficos

Lejos de lanzar nuevos discos, se vuelven a editar los álbumes más clásicos e importante de la trayectoria de estas bandas, con algunos alicientes para que los fans vuelvan a comprar otra vez discos que ya tienen. Estos ganchos suelen ser nuevas masterizaciones, nuevo libreto, un disco adicional con maquetas de la grabación original o tomas en directo, canciones añadidas que en su día fueron desechadas, edición en vinilo de otro color o, en muchos casos, todo a la vez para justificar una edición “de luxe” en una caja que se venderá a un precio exagerado. Siguiendo las mejores técnicas de marketing, habrá muchas opciones donde elegir con diversos importes, dependiendo del interés y capacidad económica del comprador, para poder llegar a todos los interesados..

  1. Conciertos y giras de despedida

Casi todos los grupos clásicos han visto el chollo que significa hacer un concierto o una gira «de despedida». Bajo esta excusa se están llenando constantemente grandes aforos a precios desorbitados, aún a sabiendas de que esa despedida es falsa. Desde Scorpions a Judas Priest, pasando por Barón Rojo o Mr. Big, nos han ido colando estas despedidas desde hace muchos años.

Incluso sin este aliciente de la despedida, muchos grupos grandes e históricos siguen girando por grandes recintos con unos precios que parecieran sólo al alcance de un público con un nivel adquisitivo que se le supondría más a un aficionado a la ópera que al Rock. Todo dicho con el mayor de los respectos, perdonadme el clasismo de esta afirmación. Casos como los de AC/DC, Metallica o Iron Maiden, por poner algunos ejemplos, hacen que la mayoría de su parroquia habitual tenga muchos problemas para costearse una de esas entradas, dejando paso a otro público que acude más por postureo que por un conocimiento real del grupo en cuestión.

Sea como fuere, la realidad es que aún con estos precios, las entradas para estos grandes aforos se agotan en pocas horas, así que desde un punto de vista meramente mercantilista, es la ley de la oferta y la demanda. Y en una sociedad capitalista como la nuestra, los promotores se llenan de razón.

Sin embargo, hay casos extremos en los que deberíamos hacer hincapié. Y uno de ellos me ha molestado especialmente, lo que me ha llevado a tratar este tema en este editorial: El concierto de despedida de Ozzy Osboune con Black Sabbath.

Ozzy es una leyenda, sin ninguna duda. Uno de los personajes clave en la historia de nuestra música. Nunca fue un gran cantante ni especialmente bueno en nada, pero es el carisma personificado. Y eso le hace ser muy querido y respetado por toda la parroquia metalera, a pesar de que lleva toda su vida dando tumbos, tanto en su etapa en Black Sabbath como en solitario.

Ozzy Osbourne es un superviviente. En su mochila lleva un alcoholismo severo desde hace décadas, sufre Parkinson, neumonía y nunca se recuperó del todo de la rotura de vértebras sufrida por un accidente en quad en 2003. A sus 76 años, es un milagro que siga vivo.

Tras varios intentos infructuosos de subirse a un escenario de nuevo, en los que intuyo que la posibilidad nunca fue real, hace pocas semanas se anunció su retirada definitiva de los escenarios en un concierto de despedida con la formación original de Black Sabbath, junto a Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward, algo que no ocurría desde hace 20 años, concretamente el 4 de septiembre de 2005 en el Ozzfest de West Palm Beach, Florida.

Además, para este concierto de despedida se anunció también la participación grandes nombres del metal, quienes harían de este concierto algo único e irrepetible: Metallica, Lamb Of God, Pantera, Slayer, Gojira, Alice In Chains, Mastodon, Halestorm, Anthrax y una banda all-star formada por Billy Corgan (The Smashing Pumpkins), David Draiman (Disturbed), Duff McKagan y Slash (Guns N’ Roses), Frank Bello (Anthrax), Fred Durst (Limp Bizkit, Jake E. Lee (ex Ozzy Osbourne), Jonathan Davis (Korn), K.K. Downing (ex Judas Priest), Lizzy Hale (Halestorm), Mike Bordin (Faith No More), Rudy Sarzo, Sammy Hagar, Scott Ian (Anthrax), Sleep Token II (Sleep Token), Papa V Perpetua (Ghost), Tom Morello (Rage Against The Machine), Wolfgang Van Halen, Zakk Wylde y alguno más que se añadirá de aquí al día del concierto.

El concierto tendrá lugar el 5 de julio de este 2025 en su ciudad natal, Birmingham. Las entradas se pusieron a la venta el pasado 12 de febrero y, como era de prever, volaron en minutos. Dependiendo del lugar elegido en el aforo, sus precios oscilaban entre los 228 € como opción más barata (los asientos más alejados) a los 765 € para los mejor situados. Entre ellas, una amplia gama de posibilidades. También existían varios packs con servicios complementarios a un precio aproximado de 1.000 euros por persona.

Y, repito, todas la entradas se agotaron en minutos.

Como he dicho al principio de este artículo, cada uno hace con su dinero lo que le place y es muy respetable. Sin embargo, lo que ya no es tan respetable es que, pocos días después de agotarse las entradas, el entorno de Ozzy comunicó que nuesto querido cantante no hará un concierto completo, sino que aparecerá únicamente para “un par de colaboraciones” con sus viejos compañeros de Black Sabbath. Es decir, saldrá (o le sacarán) para saludar e intentará cantar algún trozo de “Paranoid”… y poco más.

Yo nunca tuve intención de desplazarme a Birmingham e hipotecar mi casa para comprar una de las entradas de este concierto, pero si lo hubiera hecho me sentiría estafado.

Si tú, querido lector, has caído alguna vez en estas tentaciones (comprar otra vez un disco que ya tenías, pagar por un concierto más de lo que vale) sólo te puedo decir… bienvenido al club. Pero que sepas, al igual que lo sé yo, que somos los que con nuestra participación estamos permitiendo que eso suceda.