El rock progresivo es cada vez más popular, se ha perdido esa especie de miedo que muchos le tenían a ‘aguantar’ piezas de larga duración en las que es indispensable mantener la concentración para optimizar el resultado de un disco. A la vez, uno se va dando cuenta que los grupos que no hace mucho fueron nuevos discípulos de los grandes dinosaurios de los setenta, se van convirtiendo en clásicos de escucha básica para las nuevas bandas del género. Y, por último, cuando se escuchan discos como este “The circle of madness” y queda el mismo regusto que un batido con los mejores momentos de Marillion, Spock’s Beard y Saga, se llega a la conclusión de que unas veces la evolución consiste en volver a empezar, y otras en empezar por el medio.
Esta es la tercera generación, los nietos que sacan la pinta de los abuelos y a la vez recuerdan al tío. Dejando a un lado a Mendel y sus teorías, se puede decir que Kaos Moon son un grupo que, sin tener nada que ver genealógicamente, han sido capaces de empaparse de la mejor música progresiva de treinta años a esta parte y forjar así su personalidad.
Nacidos de las cenizas de Moon Project y Visible Wind, grupos canadienses de mediados de los ochenta, Kaos Moon está formado por Bernard Oullete (voz, batería y teclados), Norman Lachapelle (bajo), Sylvain Probost y Alain Bertrand (guitarras) y Magella Cormier (batería). Para la grabación del disco también han contado con la colaboración de antiguos miembros de la banda, como Alain Pothier y Benoît Chaput (guitarras). Todos son músicos de amplio historial en Canadá, pero totalmente desconocidos por estos lares, aunque de sobrada calidad instrumental.
Su primer LP se tituló “After the storm” y apareció en 1998. Desconozco su repercusión, aunque es seguro que por aquí fue nula. Ahora, su discográfica Unicorn Records publica en todo el mundo este su segundo disco, del que tengo que decir que me ha dejado absolutamente impresionado, y a estas alturas ya no es cosa fácil. Recuerdo haber sentido algo parecido cuando escuché el “V” de Spock’s Beard, para mí el mejor disco de rock progresivo aparecido en los últimos años, pero llevo unas cuantas escuchas de este “The circle of madness” y seguramente con alguna más compartirán la cabeza de mi ranking particular.
Son 8 temas no excesivamente largos (entre 3 minutos y medio y 7 pico), pero que en su interior dan de sí todo lo que pueda dar cualquier tema extenso de corte clásico: melodías de voz suave, muy agradables de escuchar, con momentos (y digo momentos, nada de partos infinitos) para el lucimiento y arreglos de cada instrumento. No hay guitarras excesivamente potentes, aunque lo suficiente como para mantener al grupo dentro del recinto rockero. Los teclados lo llenan todo, pero quiero destacar la base rítmica que es sobre todo eso, básica, soportando con elegancia los vericuetos (que no tirabuzones) del resto de instrumentos.
Además del saborcillo a grupos más o menos en activo, añaden en “Eternal light avenue” unas gotas de los Camel del “Nude”, en “The wall of silence” otras tantas de los Kansas más clásicos, en “Presidency” teclas propias de Tony Banks (Genesis)… bueno, y en el resto van y vienen detalles de toda una retahíla de nombres importantes que sería imposible de enumerar y describir.
No sé si llegarán a ser tan grandes como todos los nombres que he dicho antes, pero por si acaso habrá que seguirles la pista. Si os gusta el rock progresivo haríais mal en no darles una oportunidad.
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Alvar de Flack
