MELTEM “Mare Nostrum” (2024)

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Reseña originalmente publicada en catalán en El Rock-Òdrom

El otro día las reservas metálicas de Cataluña se repusieron con “Mare Nostrum”, el primer disco de los barceloneses Meltem. El sencillo “Tretze” resultó suficientemente bueno como para esperar el álbum con ganas y, dicho y hecho, ahora podemos disfrutar de esta obra en su forma completa.

En cuanto al género de este disco, yo lo describiría como una mezcla de estilos que a menudo van de la mano: la música lenta y pesada nos da el Doom Metal, algunos momentos especialmente pesados y furiosos suenan a Sludge, la dominación de las piezas instrumentales con ritmos inusuales y elementos orientales aporta el Post-Rock y la monotonía psicodélica no es sino Stoner (especialmente en “Tretze”). En qué proporciones se han mezclado estos ingredientes, es difícil calcularlo exactamente. El grupo mismo se describe como Psychedelic Doom Rock, lo cual también refleja con bastante exactitud lo que pasa en esta aventura musical.

¿Y dónde tiene lugar la aventura? Primero, hay motivos orientales que se perciben claramente en la música y se ven en los títulos de las canciones, el logotipo estilizado con caligrafía árabe y, sobre todo, la bailarina oriental de sus conciertos. Tal orientalismo no es ninguna novedad: si revisamos cualquier catálogo de Doom Metal, descubriremos que djinns, beduinos y camellos están arraigados en este género casi tan sólidamente como el señor Lucifer en el Black Metal. Aun así, el tema central de los Meltem no es el desierto, sino bien al contrario, el mar: el nombre “meltem” significa “brisa” en turco, y el título “Mare Nostrum” habla por sí mismo. Así pues, esta mezcla del mar y la arena nos retrotrae a imágenes del litoral mediterráneo con murallas, alcázares, sarracenos y cosas así.

El álbum consta de cuatro temas largos: una canción en catalán, una en castellano y dos instrumentales.

“Tretze” es el único sencillo y la única canción en catalán. Las letras hablan de la razia marítima otomana en la Menorca de 1558 (el llamado “S’any de sa desgràcia”). Esta composición es la más pesada y monótona del álbum.

“Cúrcuna” (sic) es una instrumental de dos partes: la primera es acústica y folclórica, y la segunda, pesada.

“Mandrágora” es la canción más compleja, enérgica e impresionante, con letras en castellano al final, que evocan imágenes de un Western o de la España del Quijote.

“Oasis” es una pieza instrumental completamente acústica, buena para la danza del vientre (ya sabemos que los metaleros son una gente con habilidades en todos los aspectos).

“Mare Nostrum” deja una sensación de incompleto: La voz se utiliza solo de paso en dos de las canciones y la abundancia de fragmentos acústicos deja poco espacio para la pesadez y la rapidez. La conceptualidad del álbum es tanto la ventaja como la desventaja, porque es difícil disfrutar de las canciones en orden aleatorio con todos estos preludios e interludios. Por eso, cometí una barbaridad absoluta: borré “Oasis”, corté la primera parte de “Cúrcuma” (o “Cúrcuna”) y algo más, y ahora disfruto de Doom psicodélico purísimo paseando por la costa mediterránea, glorificada en el álbum.

Aún y con esta refunfuñada mía, “Mare Nostrum” es una obra muy interesante y deja una impresión duradera. Muy bien, muy bien.

Oleh Dovhal