THE ALMIGHTY “Psycho-Narco” (2001)

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almighty_psychonarco“Psycho-narco” constituye la confirmación del regreso de The Almighty. “The almighty”, publicado un año atrás, no fue ni mucho menos un espejismo y Ricky Warwick parece poco dispuesto a tirar la toalla, a pesar de limitar los tours de la banda a Reino Unido (una pena, todo sea dicho). La primera impresión que me causó el álbum fue francamente mala: una portada vacía y horrorosa que le iba a la zaga al título del disco. Nada más lejos de la realidad. El grupo suena como un bloque, apoyado en primera instancia sobre el carácter de Warwick y el empuje de Stumpy a las baquetas. A continuación están Nick Parsons, quien consagra en este segundo trabajo dentro del seno de Almighty su merecido puesto como alter ego de Ricky a las seis cuerdas, y Gav Gray al bajo, que suple definitivamente a Floyd London (lo suyo fue un “apaño temporal” para la grabación del anterior álbum y la gira correspondiente, así que otro menos de la formación histórica).

Después del álbum homónimo, lleno de piezas que plasmaban las distintas etapas por las que habían pasado, la banda necesitaba definirse en algo concreto que diera sentido a esta nueva andadura. De esta manera, “Psycho-narco” reorienta la música de The Almighty al punk-rock que en el anterior trabajo se intuía en temas como “Barfly”, “White anger comedown” o “Fat chance”. En este disco, el grupo se ha desprendido del contundente sonido heavy que siempre lo ha caracterizado; sólo cabe escuchar las guitarras para suponer que Daniel Rey, productor (y es el enésimo en la historia del cuarteto), tiene algo que ver con lo “garajero” de “Psycho-narco”. Warwick y Parsons, que se reparten la composición de los catorce cortes, tampoco han escatimado en escribir canciones breves, puesto que el disco no pasa de los 45 minutos, y básicas. Por tanto, Almighty vienen más crudos que nunca, en versión punkrockera sin los guiños comerciales de “Just add life”: “8-day depression”, “Do you understand”, “All sussed out”…

Con sólo empezar “Galvanize”, queda claro que esto es rock directo y sin florituras. “427-Freak horsepower” sigue esa misma tónica, con un estribillo en que Warwick canta un “maybe I was wrong but hey man I could have sworn” que puede confundirte con “Ex -files” de Backyard Babies. “Ruse” recrudece el compacto sobremanera, con riff sacado de “Inmigrant song” pero infinitamente más pesado, y dura en forma y fondo: la letra despide acidez política por todos lados (ese “Guns, God, junk, gasoline” es un flashback de “Powertrippin’”) y algunos fragmentos bien podrían encuadrarse en “Crank”. La línea de bajo de Gray está por encima del resto en “Begging”, cuyo ritmo es propio de un film de pistoleros contemporáneos tipo Tarantino. Ese regusto a tema “on the road” me hace pensar que en la garganta de Dave Wyndorf hubiera sido todo un bombazo cual “Powertrip”.

“Witness relocation programme”, con mención expresa a Joey Ramone, es la más cercana al hard rock del grupo en sus comienzos (impresionante el estribillo, “I wanna, I wanna, I wanna testify…”) . Posiblemente “Big idea idiot”, “If I knew what I wanted” y “Blowout kit (for the underdog)” hubieran ocupado mejor ese puesto de homenaje por tener el punto de rock’n’roll vacilón y desenfadado ramoniano. En otra onda, “Soul on a roll” y “Hate the world” ponen una nota de melodía en el disco que las hace accesibles a primera escucha, recordándonos lo poperos que pueden sonar cuando se lo proponen. Lo realmente llamativo es la inclusión de un tema lento como “Waiting for earthquakes”, extrañamente delicada con la voz de Warwick “susurrándote al oído” y donde el cantante de Def Leppard, Joe Elliot, contribuye en unos coros mínimos al final del estribillo (esto no queda en una colaboración puntual, Warwick y Elliott formarán sociedad en un proyecto paralelo a sus bandas). Digo llamativo porque desde “Powertrippin’” no recordaba un medio tiempo de los británicos.

El sector rockanrolero por excelencia está acaparado por “Mondo Balordo”, repleta de ritmos imprevisibles (incluso la melodía inicial es calcada a la de “Wild child” de WASP!) y con Warwick desafiante y altivo en la interpretación, y “Million times nothing”, que pone el colofón al trabajo con caña y desenfado.

No niego que la primera vez que puse “Psychonarco” me dejó desconcertado; no reconocía del todo a la banda de hard rock con devaneos metaleros marcadísimos que me dejó alucinado en 1994. Un par de escuchas más tarde y dejando a un lado el pasado del grupo cambió todo. The Almighty han sabido reconducir su estilo manteniendo los mensajes hirientes y la agresividad de antaño, o lo que es lo mismo, el veneno que desprenden sus canciones. No servirá de reclamo para que aparezcan nuevos seguidores y con toda seguridad pasará por las estanterías de las tiendas en el mayor de los anonimatos. El nuevo Ricky Warwick, rocker como nunca y con algo más de tripa (los años no perdonan), sencillamente disfruta de esto a tope ahora que no tiene presión y las miradas se fijan en otras bandas. Y vaya pedazo de disco se ha sacado de la manga.

J. A. Puerta