JUDAS PRIEST “Rocka’ Rolla” (1974)

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Tras unos años de cambios constantes en el seno del grupo, Robert Halford (voz), K.K. Downing (guitarra), Glenn Tipton (guitarra), Ian Hill (bajo) y John Hinch (batería) publican este primer LP, marcado por la influencia evidente de grupos vecinos, especialmente con las aportaciones oscuras de sus paisanos Black Sabbath, la psicodelia de Led Zeppelin o las dobles guitarras de Wishbone Ash a medio saturar.

Era un momento de gran creatividad rockera en Gran Bretaña, con aportaciones en forma de disco de Deep Purple, Uriah Heep, UFO, Queen, Rolling Stones etc. o el nacimiento de otras bandas como Bad Company. En ese contexto, Judas Priest tomaron prestados los elementos necesarios de cada uno y los mezclaron convenientemente para fabricar un estilo que no era nuevo pero que resultaba algo más pesado y repetitivo.

Como atractivo especial contaban con la versátil y potente voz de Rob Halford, quien daba muestras de su poderío cada vez que tenía ocasión. Hay que tener en cuenta que la competencia a nivel de cantantes era dura: Paul Rodgers, Ian Gillan, Robert Plant, Freddie Mercury… todos en plenas facultades. “One for the road” dejaba claro desde el principio que no estábamos ante otro Ozzy.

El disco contaba con riffs de guitarra que perfectamente podían proceder de la SG de Toni Iommi, la mencionada “One for the road”, “Winter” (podría haber entrado en el “Paranoid” sin problemas) “Never satisfied” o la paranoia guitarrística llamada “Winter retreat”. Prácticamente todo el disco está envuelto en una especie de ambiente tenebroso (que debía darlo el agua de Birmingham…). Otros temas, sin embargo, tenían más matices al introducir elementos de contraste, como las guitarras limpias y los cambios de ritmo que recordaban al blues rock de unos Wishbone Ash en “Run of the mill” o “Dying to meet you”.

No estábamos, por lo tanto, ante un grupo que entrara como un elefante en una cacharrería, todo lo contrario. Sin tener definida su personalidad ya se adivinaba un cierto protagonismo de la voz, arropada por guitarras potentes que serían con el paso del tiempo el arquetipo del naciente heavy metal, pero dejando entreabierta la posibilidad de sonar para oídos menos entrenados, para los cuales “Rocka’ rolla” era el tema estrella, mucho más accesible que el resto.

No es un disco que haya tenido un especial reconocimiento, aunque ha ganado con el tiempo, una vez fijado definitivamente su sonido y despojados de todo intento de copia de sus paisanos Sabbath. Más de treinta años después puede ponerse en el reproductor de CD sin miedo a sonar hortera, y eso no todo el mundo puede conseguirlo.

Alvar de Flack