JOHN PAUL JONES “The Thunderthief” (2002)

¡ Comparte esta noticia !

johnpauljones_thunderthiefCuando se cita a John Paul Jones, todos tenemos en mente al bajista y teclista de Led Zeppelin. Pero buceando un poco en su currículum, uno da con una información que no deja indiferente y ayuda a comprender la importancia de este personaje polifacético. Nacido en el seno de una familia de artistas, trabajó como músico de sesión para The Rolling Stones, Jeff Beck o The Yardbirds (entre otros muchos) antes de entrar a formar parte de la reformada alineación de estos últimos, que en torno a Jimmy Page se convertirían poco tiempo más tarde en el zeppelin más famoso de la historia. A lo largo de su vida, Jones ha hecho labores de productor para gente como The Mission (“Children”), Butthole Surfers o La Fura dels Baus, metido arreglos en discos de Peter Gabriel o Cinderella (“Heartbreak station”) y girado con Diamanda Galas. Su vida ha estado ligada estrechamente al mundo de la música y, para no dejar a sus incondicionales con la miel en los labios, sacó a la luz en 1999 “Zooma”, su primer álbum en solitario. Ahora, tres años más tarde, regresa con el segundo, grabado al igual que aquel en The Malthouse, el estudio londinense del que es propietario. Como no, también se ha encargado de producirlo y mezclarlo. La grabación recrea entornos variados que cubrirán las expectativas de los nostálgicos y los deseosos de algo nuevo (creativa y técnicamente) por igual.

Hoediddle” condensa la esencia Zeppelin. No podrás abstraerte al hecho de que en tu equipo suena el mismo tipo que coescribió clásicos como “Black dog”, “Your time is gonna come”, “All my love”, “No quarter”, “In my time of dying”, “Whole lotta love” o “Rock and roll”. Más cuando, tras una introducción de feeling bluesero, aparece un riff de guitarra devastador que de haberlo firmado Page en algunos de los ocho álbumes se trataría de una pieza de culto. Puro rock’n’roll, fusionado en cierto momento del tema con sonidos árabes, logrando una simbiosis perfecta. De la misma manera, se aprecia el dominio de Jones a la guitarra y la capacidad que posee para ejecutar las partes más intrincadas con una destreza equiparable a la de su antiguo compañero.

The thunderthief” abre la veda para que John Paul Jones se atreva a cantar, aunque lo que más destaque de ésta sea la base de bajo sobre la que se apoya (el hombre no ha perdido la forma). La voz de John, casi a capella, en “Ice fishing at night” se bate con unos pasajes de piano idílicos. Una canción agradable que en la garganta de Michael Stipe hubiera sido de fábula, algo así como un “Nightswimming” rehecho (recordemos que nuestro hombre colaboró con R.E.M. en la grabación de “Automatic for the people”). El aura de paz que irradia “Down to the river to pray” le debe todo a la acústica folk que la inspira de principio a fin. “Freedom song”, por su parte, está envuelta de ecos orientales. Muy distinta es “Angry angry”, que suena insolente, simplona y descarada al mismo tiempo. Resulta curioso escuchar algo tan punk con una producción limpia y falta de distorsión, pero el cocktail funciona.

Leafy meadows” o “Shybaya bop” ofrecen otras alternativas: la primera es una instrumental de rock clásico con ciertos soplos de modernidad aportados por unos ritmos obsesivos que zigzaguean por todo el corte; la segunda mezcla los sonidos de un sinfín de instrumentos que, a pesar de crear cierto caos, acaban haciéndose compatibles. No olvidemos que en este disco Jones toca el bajo (en distintas versiones según el número de cuerdas), guitarra (eléctrica y acústica), mandolina, piano, órgano y sintetizadores, además de hacer de vocalista.

El uso de sintetizadores en “Daphne” me trae a la mente “In through the out door” y las similitudes que guarda en esta práctica con el Mike Oldfield de años ha (si bien en el sonido y la ejecución de guitarra poco o nada tienen en común).

The thunderthief” es un reto que no muchos músicos con el background de Jones estarían dispuestos a asumir. Si Zeppelin se caracterizaron en su época por no dar jamás nada por sentado y tratar de buscar nuevas formas de reinventarse a si mismos, John Paul Jones debió tener mucho que ver con aquella actitud. Máxime si observamos lo que hacen en la actualidad Plant y Page: revisitando uno sus raíces blues y rememorando los viejos hits de Zeppelin hace algo más de un año otro. Nada reprochable, faltaría más, aunque sí deja en evidencia quien ha optado por estancarse en su madurez y quien ha preferido seguir aprendiendo, experimentando y explotando un potencial que hasta el día de hoy no se ha agotado.

J. A. Puerta